Diario de análisis, reflexión y valores    

 

Las mejores series policiales de todos los tiempos . Mucho más que resolver casos

El género policiaco fue el encargado de abrir las puertas del éxito y la excelencia al universo de las series. Twin Peaks representó la prefiguración de lo que, recién comenzado el siglo XXI, daría de sí la temática policial, que cuenta entre sus ejemplos más relevantes con no pocas de las mejores series (indiscutibles) de todos los tiempos: la infravalorada e interesantísima Blue Bloods; la olvidada, pero magnífica The Shield; la omnipotente The Wire; y la cautivadora True Detective I.

Por lo general, el género policial siempre oscila entre la pareja de detectives, un grupo especial de operaciones o la comisaría al completo. Su argumento se centra en la resolución de uno o varios casos por temporada y la intriga es el combustible que mantiene en marcha el motor narrativo.

Los elementos diferenciadores y la verdadera apuesta de valor residen más bien en la manera en que los creadores que contribuyen a este género son capaces de servirse de los convencionalismos. mientras logran encontrar las singularidades necesarias para hacer de sus protagonistas personajes de ficción memorables y de sus casos, estructuras inteligentes para desvelar temas universales, principios y valores que guían la reflexión del espectador.

Blue Bloods (Michell Burgess y Robin Green, 2010)

Traducida al español como Familia de policías, su nombre hace alusión al azul uniformado que corre por la sangre de los integrantes de una familia donde todos tienen relación con la policía o la justicia. Propone interesantísimos paralelismos entre el buen gobierno de una familia y el liderazgo social y en el trabajo, lo que viene a demostrar que el ejercicio del bien no distingue entre lo privado y lo público, ambas son dimensiones que conforman por igual la calidad moral de la persona.

Blue Bloods no tiene una factura técnica excepcional, al estilo de otras series espectaculares de hoy, pero a cambio pone en valor principios base de la persona poco frecuentes entre las mismas: el cumplimiento inexcusable del deber, el compromiso permanente con la justicia, la búsqueda prioritaria del bien común, el honor de servir a los demás, el amor al trabajo bien hecho, la comprensión ante los débiles de moral… Blue Bloods suma un total de siete temporadas, capitaneadas por el jefe de policía de Nueva York y padre de familia Frank Reagan (Tom Selleck), verdadero baluarte moral y bálsamo para las dificultades que irán sucediéndose entre sus hijos. Un enfoque muy humano necesario para el género, de la mano de dos de los guionistas de la célebre Los Soprano.

Twin Peaks (David Lynch, 1990)

Marcó toda una generación de espectadores que ahora van por la cuarentena. El estreno de su tercera temporada en 2017, más de veinticinco años después, no ha hecho más que acrecentar la leyenda, sobre todo en lo relativo a su personaje conductor, el agente del FBI Dale Cooper (Kyle MacLachlan); inocente y atrevido, estrafalario y corriente, simpático e irritable… un ser sobrenatural e impredecible, al igual que el argumento y desarrollo de esta serie de culto que hiló una extravagancia tras otra hasta hacer de su segunda temporada un conjunto ciertamente desmesurado.

Sin embargo, no se puede revocar la genialidad de su primera temporada. El primer episodio, el único dirigido realmente por David Lynch (si bien su impronta perduró más allá de los comienzos), es una obra maestra indiscutible de la pequeña pantalla. En 1990, más de diez años antes del auge declarado de las series, Twin Peaks fue toda una pionera del formato; nos adelanta detalles, hoy manifiestos y casi obvios: la presencia de un director de renombre y actores celebridades de la gran pantalla presentes en un producto televisivo, argumentos intrincados de largo recorrido desmenuzados con tesón, y técnicas y recursos audiovisuales que en nada desmerecen a los actuales; todavía hoy, con todo lo que llevamos visto, logra sorprendernos.

La tercera temporada, un cuarto de siglo después, da continuidad a los delirios de Lynch. Es una serie para los acólitos de las extravagancias de su director, donde todos los temas abordados, la amistad, el amor y la pérdida, están bañados de excentricismo.

The Shield (Shawn Ryan, 2002)

Hoy se habla del Frank Underwood de House of Cards como el malo malísimo de las series; un antihéroe que, en realidad, palidecería frente a la perversidad y vileza innatas de Vic Mackey (Michael Chiklis), protagonista de The Shield. Una serie injustamente olvidada que refundó el género policiaco en 2002, imprimiendo un ritmo trepidante e inusual hasta el momento: una de esas series adictivas que no podrás parar de ver, desde el minuto uno hasta agotar sus siete temporadas.

La acción nos sitúa en el departamento de policía de uno de los distritos más duros de Los Ángeles. Pura adrenalina, frases mordaces y tácticas ingeniosas de las que se desprenden detalles sutiles, pero muy significativos para sacarle jugo a una serie que es mucho más que los fuegos de artificio que aparenta. The Shield aborda la corrupción y su naturaleza individual y colectiva, desde todas las ópticas y niveles. Nadie está libre de pecado en Fargminton.

True Detective I (Nic Pizzolatto, 2014)

Llegamos a una de las joyas de la corona de esta selección, la increíble primera temporada de True Detective. Ocho capítulos soberbios, construidos sobre la base de una inquietante, icónica y poderosa estética aderezada con un guion de naturaleza nihilista donde no sobra ni una coma, porque cada coma tiene significado.

La serie, centrada en la investigación de un siniestro y bizarro asesino en serie llevada a cabo por la pareja de detectives de Lousiana Rust Cohle y Martin Hart, combina el tiempo presente con el flashback, creando un universo absorbente que evoluciona con sus protagonistas hacia una espectacular catarsis final. Interpretada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson, ambos en el papel estelar de sus carreras, True Detective I es la representación absoluta y definitiva del triunfo de la luz sobre la oscuridad.

The Wire (David Simon, 2002)

Para muchos, para la gran mayoría de seriéfilos, The Wire es la mejor serie de la historia. El guion, la narrativa, la construcción y desarrollo de sus personajes, la selección de actores, sus actuaciones, los frentes temáticos cubiertos y hasta su mítica banda sonora introductoria. Todo en The Wire es sobresaliente. Cinco temporadas en las que David Simon engrandece la proeza lograda previamente con The Corner (2000) y, más tarde, continuaría con sobrada excelencia en Treme (2010).

Los ingredientes de esta fórmula de éxito son: una selección de actores donde las celebridades brillan por su ausencia; la elección de escenarios con muy poco glamour; y una crítica social descarnada, sin límites, pero siempre sofisticada y refinada a través de los símbolos.

En The Wire la ciudad de acogida es Baltimore. Un grupo especial de operaciones, pertrechado con herramientas de escucha encubierta, se dedica a investigar e intentar hacer justicia para atajar los problemas que aquejan al municipio: el gueto, sus problemas de violencia y la drogadicción; el puerto, los muelles y el desempleo; la educación en los colegios y la exclusión social; la alcaldía y la corrupción política; el periodismo y su responsabilidad pública. Cada temporada apunta con intención crítica a una realidad social actual, desenmascarando la intensa lucha que viven a diario quienes intentan defender aquello que es bueno y justo para la sociedad contra los planteamientos criminales de quienes solo piensan en su propio bien.

Imagen de portada: Escena de la serie True Detective
Escrito por

Periodista, músico y crítico cultural. Profesor de Comunicación Digital en la USP CEU. Profesor asociado del CEU Institute for Leadership, Ethics and Advanced Development. @ferbovi

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