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De nuevo a vueltas con la violencia de género . La expresión de amor nunca provoca llantos

Hemos asumido casi como sección fija de las noticias la violencia de una mujer a manos de quien un día aseguró quererla. Es peligroso inclinar la balanza de la ley haciendo que unas víctimas lo sean más por su sexo. Debemos empezar por procurar que las mujeres no precisen protección por el hecho de serlo.

No sé; quizá sea que, en este mundo tecnificado, la masiva llegada de información convierte en rutina o minimiza el impacto de lo noticiable. Da igual que la cabecera de las noticias sea un terrible atentado, o una catástrofe ambiental, o la muerte de un ser humano, al final “todo se nos pasa” cuando llegan los deportes y la previsión meteorológica. Sentados frente al televisor o el ordenador personal, pasa lo que llamamos actualidad de modo efímero. Quizá sea por eso que hemos asumido casi como una “sección fija” de las noticias la violencia (o incluso la muerte) de una mujer a manos de quien un día aseguró quererla. Nos espanta, nos escandaliza, abominamos de ello y clamamos por el derecho de la mujer y la condena de los machistas. Pero se nos pasa tan pronto… Y mientras tanto, los juzgados específicos en la aplicación de la Ley de Protección Integral de la Violencia de Género siguen recibiendo denuncias, más o menos fundadas, y más mujeres, que nunca ejercieron su derecho a denunciar, mueren a manos de sus compañeros.

Se nos olvida muy pronto y esa peligrosa rutina quita objetividad al afrontar el problema. Probablemente, han fallado los observatorios; probablemente, se ha equivocado el mismo planteamiento inicial: la protección integral de la violencia de género.

Mujeres y hombres con las mismas oportunidades

La historia está repleta de grandes mujeres sometidas al poder y dictados del varón, por el hecho de ser este el dueño y señor, el conocedor de la teoría y la práctica y el que dicta la moral. Pero hoy en día, la lucha real y entregada de estas nuestras bisabuelas que, en ocasiones, se dejaron la vida en su reivindicación, ha conseguido que las mujeres actuales tengamos en España todos los derechos de un ciudadano, sin consideración de su condición sexual. Las mismas oportunidades en lo académico, donde la teoría y la práctica no distinguen entre varón o mujer; los mismos reconocimientos o éxitos profesionales cuando el esfuerzo personal conlleva un título o un cargo público o privado. Por supuesto que, eventualmente, pueden darse casos de discriminación, que se deben juzgar con contundencia por la injusticia social y laboral que suponen. Incluso, al margen de consideraciones morales personales, la mujer tiene a su disposición unos servicios sanitarios que le permiten planificar su maternidad y su vida sexual. Una de las más viejas reivindicaciones de la defensa de los derechos femeninos.

La violencia de género no cesa

Entonces por qué, si el sustrato social, educativo y sanitario ofrecen a las mujeres de nuestro país la posibilidad de crecer profesional y personalmente, se plantea la necesidad de protección por ser mujeres. Por qué en el juzgado atendemos a víctimas de la llamada violencia de género cada vez más jóvenes. Y cada vez se repiten frases como “me dijo que cambiaría”, “es que lo quiero a pesar de todo”, “me controla porque me quiere”, “solo quiero darle un escarmiento”, etc. Y cuántas veces la propia denunciante espera a la salida del juzgado a su agresor para marcharse juntos. A la hora de redactar estas reflexiones, un futbolista y su novia, que lo había denunciado por lesiones en una elevada discusión en la habitación de un hotel, condenado por violencia contra la mujer, han sido “pillados” juntos de vacaciones idílicas, cuando a ella se le había concedido un alejamiento de su agresor.

Es solo una reflexión humilde y honesta desde la experiencia como médico forense en un juzgado especial de violencia de género. Pero, aunque no sea “políticamente correcto”, debo seguir preguntándome si no será que hemos equivocado el planteamiento. No será que no estamos educando a las niñas en la libertad y madurez de pensamiento y sentimientos; no será que no estamos entrenando a las jóvenes para que no tengan como objetivo personal el tener una pareja a toda costa, abandonando proyectos constructivos (estudios, viajes, etc.) que las hagan crecer como personas al margen de su sexo. No será que a algunos chicos se les ríe la gracia cuando se comportan como un abusón y, sin ser lo que conocemos como machista, serán violentos en otros aspectos de su vida.

Relaciones sentimentales sin fundamentos

Cuando la pareja se establece mal, cuando una relación sentimental carece de fundamentos, no solo fracasa, sino que puede conllevar discusiones más o menos enérgicas. Si, además, se juntan en la relación factores activadores como tóxicos, alcohol, problemas de salud o precariedad económica, podemos estar ante una bomba de relojería. Ante tal problemática abigarrada, multifactorial y dramática, debemos preguntarnos una vez más: qué puede hacer una sentencia judicial, es la aplicación de la Ley de consenso unánime la solución de un conflicto de pareja.

La llamada protección integral no va más allá de simplemente aplicar la ley, sin hacer un verdadero seguimiento de la víctima y del agresor

A lo mejor, hemos perdido la objetividad para afrontar en serio este serio problema. Lo llamamos protección integral, pero no se va más allá de simplemente aplicar la ley, sin hacer un verdadero seguimiento de la víctima y del agresor. Lo llamamos violencia de género, pero nos dispersamos considerando violencia no ya la física o psíquica o sexual (todas ellas terribles) sino las palabras (o “palabros”) o un piropo o un gesto galante. Se identifica violento con machista y se da a entender que, por su “género”, una persona precisa más amparo. Cualquier víctima debe ser amparada y protegida por ser víctima en sus bienes o en su persona, pero probablemente es peligroso inclinar la balanza de la ley haciendo que unas víctimas lo sean más por su sexo.

Se ha ido ampliando la ley considerando agente del delito no solo al varón que haya tenido una relación estable con la víctima, sino a relaciones esporádicas o eventuales. Y, sin embargo, la violencia lesiva o incluso mortal sigue aumentando. Perdón que insista en preguntarme dónde estamos fallando. Porque, además, con mayor frecuencia asistimos a la violencia derivada hacia los hijos. Una situación más que dramática.

Las víctimas de la violencia sexual

Y no digamos la impotencia que causa la sensación de ausencia de prevención del delito.

Solo traslado la experiencia profesional y la alerta personal como mujer y como ciudadano. Hay profesionales en mejor posición de observación para concluir en qué nos estamos equivocando. Seguramente, debemos empezar por procurar que las chicas y las mujeres no precisen protección por el hecho de ser chicas o mujeres.

Nadie puede disponer de la vida de nadie. Nadie es dueño de nadie. Nunca la expresión de amor provoca llantos. Nadie. Ni mujer ni varón.

La violencia de género, en cifras


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Teléfono de atención a la mujer maltratada: 016
Escrito por

Médico forense. Profesora del Grado en Ciencias Criminológicas y de la Seguridad en la USP CEU.

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