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Las claves del mercado de fichajes . Periodo de ilusión y decepción entre los aficionados

El mercado de fichajes es un periodo de ilusión y decepción a la vez entre los aficionados, por las incorporaciones o las marchas de sus ídolos. Escribe para El Debate de Hoy quien protagonizó, en algún caso a su pesar, aquellos episodios: Augusto César Lendoiro, que ocupó la presidencia del Deportivo de La Coruña durante 26 años.

Estamos en tiempo de contrataciones. El de unas acaba de finalizar y llega el de otras; empleo de base y empleo de lujo pasan estas semanas por sus momentos estelares. Porque no deja de ser curioso que exista -aunque pase desapercibido- un claro paralelismo en los momentos más esperados por los demandantes de empleo y de los fichajes futbolísticos.

Sí. El fútbol presenta en sus pasarelas los nuevos modelos para las temporadas de verano e invierno, en las épocas más aguardadas por los gobiernos de turno para reducir la agobiante tasa de paro: el superturístico mes de agosto y la muy comercial celebración de Navidad y Reyes.

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Han sido muchos los españoles que han vivido un tiempo para la ilusión. Se han abierto las ventanas de posibles contrataciones: ojalá unas hayan supuesto muchas altas por tiempo indefinido que permitan renacer la esperanza en tantas maltrechas economías familiares. Otras están incrementando durante todo el mes de enero la ilusión de los seguidores de los equipos que optan a títulos, a clasificarse para Europa o a abandonar los terribles puestos de descenso de categoría.

Es evidente que Papá Noel y los Reyes Magos no solo existen para los más pequeños. En muchas ocasiones constituyen la esperanza de encontrar trabajo o confirmar un fichaje imprescindible para que tu equipo alcance el objetivo. Incluso, a veces es tan grande la dependencia de tu club que -no lo digo yo, lo certifican los estudios de reconocidos especialistas en enfermedades depresivas– los buenos resultados deportivos suponen una magnífica terapia. Esa es la grandeza del fútbol, aunque no todos lo entiendan; es mucho más que un juego. Es un sentimiento profundo. Tu ciudad, tu gente, tu país compitiendo. Ganando o perdiendo. Y eso, o se disfruta mucho, o se sufre demasiado. El equipo “es tuyo”, aunque no tengas ni una acción. Aunque todas pertenezcan a otra persona. Si nadie te puede negar tu condición de coruñés, maño, vallecano, onubense… ¿cómo alguien puede discutir tu condición de “dueño” del deportivismo, “heredero” de Los Magníficos, “creador” del Rayito o “fundador” del Decano?

Por ese sentimiento de millones de españoles, estas son fechas de un enorme seguimiento mediático. La noticia del día podrá ser que miles de españoles están secuestrados por la nieve, y por la incapacidad gestora, en la autopista Madrid-Coruña (¿por qué siempre los gallegos capitaneamos desgracias, como el Nunca Mais del Prestige, los devastadores incendios, los asesinatos aberrantes de chiquillas que atormentan a toda España…?) pero, tras ese impacto, o incluso luchando por ser portada, aparecerá el nombre del crack de turno que está a punto de llegar o salir. Son días de ilusión y decepción, de tristeza y de alegría, de realidades y de bulos… pero, en cualquier caso, de mucho morbo mediático. En estos días, no existe descanso para los clubes, ni para los aficionados. El 31 de enero guardaremos nuestro particular árbol de Navidad y las figuritas del Nacimiento. Pero se abrirá un nuevo escenario futbolístico con la llegada de las estrellas que se incorporan a la “mejor Liga del mundo”, aunque con costes que nos hacen sonrojar a todos: lo que rodea los fichajes de las grandes figuras es una auténtica locura. Nada está bajo control, por mucho que se diga lo contrario. Porque ni siquiera, con ser todo ello imprescindible, llega con el sigilo absoluto, la total dedicación al caso, el disponer de dinero… Es fundamental la intuición, el oportunismo, la decisión urgente del que manda. Todo muy complejo, como complejo es el fútbol.

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¿Cómo puede entenderse, si no fuese así de complicado, que los socios de una empresa pudiesen castigar con la destitución a un gerente que en el transcurso de un año vende un activo multiplicando por cien veces su valor de adquisición, mientras los propietarios de la competencia que lo adquiere a ese precio premia y asciende a su dirigente a la Presidencia de la compañía? Eso solo puede ocurrir en el fútbol, incluso con grandes personajes en el “caso Figo”, con Joan Gaspart y Florentino Pérez como artistas invitados. ¿Por qué? Porque a los aficionados les preocupa mucho más poder disfrutar de las figuras que de una gran rentabilidad económica. En síntesis, porque un club es mucho más que una sociedad anónima. ¡Cómo, por eso, los seguidores deportivistas no íbamos a celebrar la llegada de nuestro primer crack mundial de la historia, el canarinho Bebeto, tras la constitución de la Sociedad Anónima Deportiva (SAD) y su presentación en un estadio abarrotado, después de una semana en Brasil sin que la prensa nos diese esperanza alguna de convencerlo! Bien es cierto que para lograrlo hubo que asegurarle a su esposa Denise que la Playa de Riazor era una pequeña Copacabana y que el clima coruñés tenía un cierto aire al de Río de Janeiro (sic). O cómo los madridistas habrán sufrido cuando, después de ver a Flavio Conceiçao en la portada del Marca vistiendo la camiseta del Real Madrid y dando por cerrado su fichaje por los blancos… solo unas horas más tarde se hacía oficial que el jugador era propiedad del Deportivo, haciéndose realidad aquello de que una negociación futbolística es un juego callado. La filtración le costó al Madrid, un par de años más tarde, 4.000 millones de pesetas de las del año 2000.

Pero no todas son alegrías. Tampoco los hinchas blanquiazules nos hemos librado de la tristeza derivada de malas noticias sobre contrataciones. Posiblemente, el mejor ejemplo ha sido la inesperada marcha de un Balón de Oro, de Rivaldo, al Barça. Todo se fraguó en unas horas y de casualidad. Sin negociación posible. El pago de la cláusula puso fin al sueño de una afición, convirtiéndolo en pesadilla. Aquel Depor que salía a por el título de campeón sufrió para no pasar apuros. Habíamos pasado del dinero en el campo al dinero en el banco… y estuvimos cerca de ser los más ricos del cementerio.

Restan las últimas bazas a jugar, con lo que ello puede suponer, al final de la temporada internacional y nacional. ¿Fichará el Real Madrid un delantero centro que ilusione a los aficionados, hoy decaídos por la marcha actual del equipo y los refuerzos de los grandes rivales? ¿Confirmará Josep María Bartomeu su gran momento en el Barça, después de tantas críticas, haciendo bueno que de nada sirven en el banco los centenares de millones de Neymar si no inviertes mucho más en fichajes como Dembelé, Coutinho…? ¿Podrán competir de tú a tú ese nuevo Atlético de Madrid con los fichajes de Diego Costa y Vitolo, o ese ilusionante Valencia de Marcelino, que seguro será uno de los grandes animadores de este final de mercado invernal?

Las sorpresas que puede deparar este mercado de fichajes

Seguro que asistiremos a todo tipo de curiosos fichajes, bien aprovechando la burla escandalosa del Fair Play Financiero a través de ese fraude de ley que es la opción de compra obligatoria, o bien utilizando la amplia diferencia horaria entre continentes que posibilita que alguien se acueste considerando suyo al jugador y se levante cuando ha firmado por otro club, o el pago de la cláusula de indemnización cuando más duele, en el último instante del plazo.

Salvo batir el récord económico, que marcaron Neymar y los tres patitos millonarios del Paris Saint Germain, todo es posible. Incluso llegar a conocer si el Real Madrid decide abonar la cláusula de Kepa, el secreto mejor guardado del mercado, y que llama la atención que no nos conste que las casas de apuestas hayan hecho ofertas sobre el tema a sus clientes. “¿Sí o no? ¿Qué día… y a qué hora? ¿Tendrá que operarse?” También se sabrá.

La única incógnita por despejar es si llegarán a tiempo las hadas madrinas para utilizar sus varitas mágicas que conviertan las calabazas en carrozas o si, con las campanadas del último día del mes, perderán el hechizo como perdió Cenicienta su zapatito de cristal.

Imagen de portada: Presentación de  Rivaldo (d) como nuevo fichaje, que aparece con Augusto César Lendoiro (i), como nuevo jugador del Deportivo de la Coruña en el estadio de Riazor, ante los aficionados | Agencia EFE
Escrito por

Abogado. Presidente del R.C. Deportivo de la Coruña (1988-2014). También ha desempeñado los cargos políticos de senador, diputado en Cortes, presidente de la Diputación de A Coruña, y secretario general de Deportes de la Xunta de Galicia.

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