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Los mendigos también pagan. No se puede luchar contra los más necesitados

La Comunidad de Madrid pretende que las personas sin techo declaren los ingresos que obtienen. La mendicidad es algo muy serio. Habría que luchar contra las mafias que hacen de ella un negocio y no contra aquellos que no tienen otro recurso.

Es lo que nos faltaba por ver: los mendigos también pagan. Una nueva idea de nuestros brillantes políticos que ya no saben qué hacer para llamar la atención o para aportar más dinero a las arcas de las instituciones por vía de impuestos que, para algunos, serán “imaginativos”, pero que la mayoría creemos que es una ocurrencia sin sentido.

El caso es que la Comunidad de Madrid, según han informado varios medios, dedica tiempo y funcionarios, no sabemos si de carrera o no, a preguntar a “personas sin techo” cuánto ingresan por practicar la mendicidad, cantar en el metro o recoger chatarra.

Los mendigos tendrán que presentar una declaración jurada

Supongo la cara de sorpresa de los mendigos interrogados, muchos de los cuales, según dicen, son solicitantes de la Renta Mínima de Inserción, es decir, que cobran 400 euros al mes, y que ahora van a tener que presentar una declaración jurada de su ingresos obtenidos en la calle.

Lo más seguro es que los mendicantes, cantantes o vendedores ambulantes acaben declarado una cantidad, que no será la verdadera, ante el temor de que se les quite la prestación, cantidad que les será descontada de esos 400 euros. Es decir, el que es pobre lo tiene que demostrar hasta el final, y me imagino al funcionario de turno ante la puerta de un templo, no para entrar en él, sino para anotar las limosnas y hacer que el pobre extienda la mano ante su requerimiento, para comprobar los céntimos de euro que tiene en la misma.

Informe de Cáritas 2018: compromiso para cronificar la esperanza de un futuro mejor

Parece ser que los mendigos tenían un plazo de diez días para cuantificar sus ingresos mensuales. Plazo que ya ha caducado, por lo que no sabemos aún si la Dirección General de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid habrá podido ya sumar las cantidades y aplicar las reducciones correspondientes. Por ejemplo, si un mendigo asegura que trabaja unas 20 horas a la semana, lo que se considera como media jornada laboral, y saca unos 100 euros al mes, la Administración interpretará que ingresa 190 euros, que se le descontarán de los 400 que podría llegar a recibir.

La ley indica que, en el supuesto de que haya ingresos que no se puedan computar, se presentará una declaración jurada de los ingresos obtenidos en el último mes. En ese escrito deben hacer constar el número de horas y de días que dedican a esas actividades.

La mendicidad es una triste realidad social

Es posible que la Administración de Madrid quiera luchar contra aquellos que viven de lo que cobran en “negro”, pero la mendicidad es algo muy serio y habría que luchar para sacar a las personas de esa triste situación, como, por ejemplo, hace Cáritas con sus programas de reinserción laboral.

La Renta Mínima de Inserción (RMI) es una ayuda de último recurso para personas sin hogar y sin ningún ingreso económico ni propiedad. 30.000 familias la perciben en la Comunidad de Madrid. La prestación básica mensual es de 400 euros para una sola persona; 112,67 más si hay un segundo miembro en ese núcleo familiar y 75,11 más para una tercera y las siguientes. Así hasta un importe máximo de 735,90 euros, que es equivalente al Salario Mínimo Interprofesional. El presupuesto de la Comunidad de Madrid para esta prestación en 2018 es de 160,4 millones. Un tercio de las familias que perciben la RMI la cobran desde hace más de cinco años y alrededor del 11,6% lleva una década con ella.

La mendicidad es una triste realidad social, como ya hemos apuntado, y habría que luchar contra las mafias que hacen de ella un negocio, y no contra aquellos que no tienen otro recurso, desgraciadamente, que extender la mano.

Escrito por

Director del Congreso de Católicos y Vida Pública. Periodista. Ha desarrollado su carrera profesional en medios de comunicación como RNE, donde ha sido director de Radio Exterior, así como corresponsal en Italia y el Vaticano durante seis años.

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