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Luis Rubiales, de Espartaco a emperador del fútbol

Llegó a la Federación para acabar con la corrupción que arrastraba la época de su antecesor, Ángel María Villar. Luis Rubiales responde al patrón de dirección que, en el plano político, ha impuesto Pedro Sánchez: el que manda, manda.

El fútbol, esa pasión universal -“lo más importante de lo que no es importante”- que desata alegrías y penas, destroza ilusiones, alienta rencores y provoca tragedias, se ha convertido en la droga por antonomasia, que ocupa un puesto central en muchas vidas. Pero no solo los jugadores, con ser sus principales actores, lo protagonizan. En ese territorio comanche, hecho de carreras por el césped y peleas en los despachos, brillan quienes, con un código propio en el que la política convencional tiene poco que hacer, manejan los hilos del gran tinglado. En España, donde tanta influencia se atribuye a quienes se sientan en los palcos de los estadios, hay un puesto relevante que constituye el epicentro del poder: el de presidente de la Federación Española de Fútbol. El actual jerifalte es un antiguo jugador, con una trayectoria gris sobre la hierba, pero muy activo en las batallas reivindicativas, llamado Luis Rubiales.

Luis Rubiales es el sucesor de un resistente invencible y correoso, al que nadie parecía capaz de arrebatar su sillón al frente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF): Ángel María Villar, un antiguo jugador del Athletic de Bilbao que ganaba elección tras elección y confirmaba aquel célebre dicho de lord Acton de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los jueces tuvieron que intervenir para bajarlo del caballo y, en cuanto se abrió la ventana electoral, un calvo de 41 años, nacido en Las Palmas de Gran Canaria pero al que a los tres meses trasladaron a Motril (Granada), con una larga experiencia en cuadros de poca monta (de 1991 a 2009 jugó en seis equipos españoles y uno escocés, en diversas categorías) se alzó con el preciado puesto.

Caso Villar, tras lustros de ausencia de control y de transparencia en la Federación de Fútbol

Luis Rubiales responde al patrón de dirección que, en el plano político, ha impuesto Pedro Sánchez en la política nacional: el que manda, manda, y al que no le guste cómo lo hace, que reclame al maestro armero (una de las características del maestro armero es, al parecer, una sordera insuperable). La cúspide de esta actitud la alcanzó Luis Rubiales el 13 de junio de este año cuando, en vísperas de empezar el Mundial de Fútbol, en el que la afición nacional tenía depositadas, como siempre, injustificadas esperanzas, cesó al seleccionador nacional, Julen Lopetegui, porque había fichado por el Real Madrid, después de haber sido renovado en el puesto y a espaldas del jefe de la Federación. Lopetegui acababa de hacer un pésimo negocio al no exigir discreción al presidente del Madrid en un fichaje muy vidrioso, que en seguida se volvió contra él.

Apenas llevaba Luis Rubiales un mes en el cargo, pero se mostró resuelto e implacable, a pesar de su fama de madridista. Que después España hiciera el ridículo con Fernando Hierro al frente de la selección es otra historia. Pero Luis Rubiales marcó territorio y confirmó que el antiguo “jornalero con corbata en los despachos”, como lo definió Alfredo Matilla en el diario AS, había venido a mandar sin complejos.

Un rebelde con causa que sabe lo que hace

Y eso ha seguido haciendo después. Porque, una vez que abandonó el fútbol, donde conoció la dureza de las lesiones y las dificultades económicas de los equipos modestos, se apuntó a tribuno de la plebe. En 2010, alcanzó la presidencia de la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles), donde estuvo siete años, y transformó una inoperante agrupación en un aparato de lucha sindical que, con amenaza de huelgas, algo insólito en el fútbol español, puso a los clubes contra las cuerdas y consiguió que algo del dinero creciente de las retransmisiones por televisión fuese a los jugadores. Espartaco contra el Imperio. Como escribió Matilla, “con cinco descensos a sus espaldas y varios problemas de impagos tenía experiencia para ser un rebelde con causa”.

Parecerá autoritario, pero Luis Rubiales -que fue un excelente estudiante, está colegiado como abogado en Madrid y en sus tiempos de poderoso defensa del Levante tenía el respaldo de una peña denominada “Pundonor Rubiales”- sabe lo que se hace. De momento, mandar. Con una divisa que es de José Luis Núñez, el gran expresidente del FC Barcelona, que acaba de morir: “Las minorías no mandan”.

Imagen de portada: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales | Pool Moncloa
Escrito por

Periodista. Expresidente-director general de la Agencia EFE.

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