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La prueba maestra . Los nuevos criterios de calificación para los profesores universitarios

Los cambios de criterio de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), ¿un bloqueo para los profesores universitarios que no pertenecen al cuerpo de profesores titulares de universidades públicas?

En los últimos tiempos, la universidad española anda un tanto soliviantada. En otoño, la ANECA publicó nuevos criterios de méritos y capacidades exigidos para obtener el certificado de acreditación nacional que permite concurrir a los concursos de acceso a los cuerpos de funcionarios de catedráticos y profesores titulares en las universidades públicas.

No es extraño el mosqueo y desánimo de los que estaban en puertas de la acreditación; repentinamente, los criterios cambian. Unas veces se endurecen y son mucho más rígidos y difíciles que los anteriores, muy especialmente para catedrático; otras, se exigen requisitos a los que antes no se daba importancia o dejan de valorarse méritos antes ineludibles.

En teoría, el sistema de acreditación no es más que un filtro previo. La finalidad del procedimiento no es otra que la de garantizar una posterior selección del profesorado funcionario –en el concurso para cubrir cada vacante- eficaz, eficiente, transparente y objetiva.

El acceso a la acreditación como catedrático de universidad ha quedado bloqueado para los profesores universitarios que no pertenezcan al cuerpo de profesores titulares de universidades públicas.

Pero esa selección es posterior. La acreditación no convierte a nadie en titular ni catedrático, sino que permite concursar a las plazas que las universidades públicas convoquen, en concurrencia con otros candidatos acreditados.

En la praxis, el sistema se ha invertido, de tal manera que, una vez acreditado un profesor, se da por sentado que su plaza de funcionario depende de la dotación por parte de su universidad.

Por otro lado, el acceso a la acreditación como catedrático de universidad ha quedado de facto bloqueado para los profesores universitarios que no pertenezcan al cuerpo de profesores titulares de universidades públicas.

El maltrato a la universidad privada en España

Los profesores de universidades públicas con contrato laboral y los profesores de universidades privadas ya no pueden acceder al sistema de acreditación a catedráticos, aunque estén acreditados como profesores titulares por la propia ANECA.

Lo que hay que preguntarse es si esas novedades ayudarán a una mayor excelencia de las universidades públicas o si, por el contrario, nos estarán alentando el peligro de una universidad lugareña, de la que Sosa Wagner previene en El mito de la autonomía universitaria.

El temor es que esas nuevas trabas en la carrera del profesorado reproduzcan lo ocurrido con las pruebas maestras en los momentos de decadencia de los gremios.

La historia de las universidades

Las primeras universidades surgieron en los siglos XI y XII, al amparo de las escuelas monásticas, episcopales y municipales. Pronto, el tamaño y naturaleza de la enseñanza superior desbordó esos espacios.

Surgió entonces la necesidad de organización de las universidades, que lo hicieron a semejanza de las estructuras gremiales de las clases civiles y de su espíritu, como corporación; ya de maestros (París), ya de estudiantes (Bolonia), ya mixtas, de estudiantes y maestros (Salamanca). Pero, en todos los casos, con una estructura gremial.

Como ocurrió con los oficios artesanos constituidos en gremio, la actividad universitaria se reguló por el poder público y se organiza con reglamentos y autoridad propios. Sin embargo, las universidades no son gremios comunes, sino que presentan peculiaridades esenciales, por razón de su actividad, eminentemente intelectual.

La universidad pervivió protegida, primero por la Iglesia, no sin pocas dificultades financieras, hasta llegar a ser mantenida por el erario público (a cambio de dominarla)

Con el examen del gremio para prosperar en el oficio se corresponden las pruebas ante tribunal que, tradicionalmente, exige la carrera académica en distintos grados y categorías: catedráticos –divididos en cátedras de prima y cátedras de vísperas- y bachilleres, en correlación a maestros y oficiales.

La perversión postrera de los gremios, su hermetismo y la incapacidad para competir con los productos manufacturados dieron al traste con el sistema gremial en la producción de bienes.

Es en ese escenario en el que las exigencias de la obra maestra, con la que se accedía al grado de maestro, se endurecen y resultan inalcanzables, salvo para familiares, para los que las exigencias resultan más benignas.

Las universidades privadas impulsan la economía

Lejos de competir con los nuevos modos de producción, maestros y allegados concentran sus esfuerzos en mantener privilegios y restringir cada vez más el acceso a la categoría superior.

La actividad intelectual organizada al modo gremial, la universidad, pervivió, protegida primero por la Iglesia, no sin pocas dificultades financieras, hasta llegar a ser mantenida por el erario público (a cambio de dominarla), lo que, junto a la práctica ausencia de competencia, ha permitido la continuidad de algunos rasgos gremiales.

Ciertos esquemas gremiales han podido sobrevivir gracias a cierto carácter artesanal de la actividad universitaria pura. En el Discurso sobre el fomento de la industria popular, Carlos III se opone a los gremios por considerarlos contrarios al progreso, pero encuentra sin embargo en ellos una cierta utilidad en el caso de la enseñanza, fomento o adelantamiento de los oficios.

Ahora, el mercado global y la sociedad sobre-comunicada demandan un esfuerzo organizativo que sugiere el abandono de algunas de esas fórmulas artesanales; no todas, pero sí de prácticas que encierren a cada universidad en sí misma y la alejen de las exigencias de la sociedad y de la competencia.

Escrito por

Profesor de Derecho del Trabajo en la USP CEU.

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