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Cultura provida en la agenda política: de Donald Trump a Pablo Casado

Según las recientes declaraciones de Donald Trump y Pablo Casado, la lucha entre las posiciones abortistas y la cultura provida marcará la agenda política. La sacralidad de la vida debería tener un trato más reflexivo, crítico y constructivo en la opinión pública.

Estos días en los que los partidos políticos preparan sus programas, deberíamos prestar atención a las iniciativas que presentan para promover una cultura que defienda la sacralidad de la vida. Volverá el protagonismo de la lucha contra las políticas abortistas y la defensa de una cultura provida que vaya desde la fecundación a la muerte natural. Será uno de los temas más importantes de la agenda política, como bien sabemos por declaraciones recientes de Donald Trump y Pablo Casado.

En su tradicional discurso sobre el estado de la unión, el primer martes de febrero, el presidente de los EE.UU. no solo exigió que demócratas y republicanos trabajasen juntos por el país, sino que trabajasen juntos contra lo que llama el crimen del aborto. En su discurso, criticó la ley aprobada por el senado de Nueva York que permite la eliminación del feto incluso instantes antes del parto. También conminó a los congresistas para que legislaran a favor del derecho a la vida.

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Aunque el mensaje iba especialmente dirigido a los senadores demócratas, que mayoritariamente legislaron sobre la eliminación del feto en Nueva York, Trump pidió también a los senadores republicanos que tomaran medidas para prohibir el aborto tardío alegando la sacralidad de la vida y la necesidad de trabajar juntos para construir una cultura que aprecie estas vidas inocentes. Reforzaba el compromiso por la vida que había presentado semanas antes cuando se comprometió a vetar, en calidad de presidente, cualquier proyecto legislativo encaminado a promover el aborto.

Si este tema es importante para el electorado norteamericano, donde Trump no cuenta con el apoyo mayoritario de los católicos, también es importante para el electorado español, que aún espera la sentencia del Tribunal Constitucional que recurrió hace unos años un grupo de parlamentarios del PP. Recordemos que los populares recurrieron la ley del aborto del PSOE que aprobó el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero porque transformaba la ley de supuestos en una ley de plazos. Y recordemos que la vicesecretaria de Estudios y Programas del PP, Andrea Levy, ha tenido que afrontar recientemente el tema y afirmar lo siguiente: “Lo sensato es esperar a ver qué resuelve el Tribunal Constitucional”.

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Andrea Levy tuvo que hacer estas declaraciones a Europa Press porque Pablo Casado propuso en la convención ideológica del pasado 20 de enero derogar la ley de plazos (ahora recurrida) y volver a la ley de supuestos de 1985. Esta responsable popular recordó que no era una idea nueva de Pablo Casado, porque no considera que el aborto sea un derecho de la mujer. Siendo consciente de que en la campaña que lo llevó al triunfo en su partido estas eran sus pretensiones, Pablo Casado sabe que entre los militantes, votantes y simpatizantes populares no hay unanimidad en este tema. Se trata de un asunto controvertido entre las sensibilidades populares.

Ahora bien, mientras esperamos la respuesta del TC, los redactores de los programas del PP tienen un problema importante, porque esta es una cuestión clave, aunque por razones distintas, para los votantes de VOX y de Ciudadanos. Es probable que el votante moderado de centro pida que sus representantes políticos se mojen en el tema y se comprometan con mayor claridad en la defensa de la vida.

Agendas políticas provida

También es probable que los expertos en demoscopia encuentren aquí un filón importante para buscar las contradicciones no solo del PP o de Ciudadanos, sino de muchos votantes católicos del PSOE a los que no les hizo gracia la ley de plazos de Zapatero y, menos aún, la legislación contraria a la vida de Pedro Sánchez en el tema del final de la vida.

En definitiva, la agenda política está llamada a ser algo más que una agenda técnica, administrativa y financiera. La cultura de la vida entra por la ventana aunque se la expulse por la puerta. Si se quiere responder a las exigencias de los ciudadanos más ilustrados y comprometidos, los representantes políticos volverán a ser llamados para tomar posiciones ante la cultura provida. En resumen, mientras esperamos la sentencia del TC:

  1. Vuelven los temas de la bioética a la primera línea de la agenda política para clarificar posiciones éticas en el liderazgo político.
  2. Las leyes que sitúan la salud reproductiva y el aborto entre los nuevos derechos no vienen reclamadas y maduradas por los ciudadanos, sino impuestas por grupos minoritarios.
  3. La sacralidad de la vida y las políticas provida deberían tener un trato más reflexivo, crítico y constructivo en el ámbito de la opinión pública. Los medios de comunicación en general y los periodistas en particular deberían ser conscientes de la instrumentalización política de estos temas y promover reflexiones menos simplificadoras y partidistas.
Imagen de portada: Manifestación por la vida en Washington DC | Flickr.com/perspective (Elvert Barnes)
Escrito por

Profesor de Filosofía Moral y Política en Universidad de Valencia. Director de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Valencia. Vicepresidente del Comité de Ética Asistencial del Hospital Clínico.

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