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Amaños en el deporte . El lucro de las apuestas satura al usuario y la ley no ayuda

Los últimos casos de amaños en el deporte profesional advierten de la realidad de las apuestas. Un lucrativo negocio y un altavoz para determinadas competiciones pero que impregna en exceso a la sociedad, incluidos los menores.

No es de extrañar que cada poco tiempo aparezca en los medios de comunicación una noticia relacionada con amaños en competiciones deportivas relacionados con las apuestas. Es cierto que, en algunos casos, para el deportista que compite en torneos menores, como el circuito Challenger e ITF de tenis, puede ser más rentable en lo económico a corto plazo amañar algún detalle de un partido suyo, sin ni siquiera tener que alterar el resultado definitivo, que ganar el torneo. Estamos ante una pescadilla que se muerde la cola: este tipo de torneos menores tienen en los apostantes a sus grandes consumidores. La dimensión que han alcanzado gracias a las apuestas es mucho mayor que sin ellas; sin embargo, son también la gran amenaza para su credibilidad y su supervivencia.

Pese a que las noticias de amaños son habituales, no afectan al negocio en términos económicos globales. De hecho, es una realidad que las apuestas deportivas, desde el punto de vista económico, funcionan, hasta tal punto que han sido un salvavidas para el juego presencial en España en un momento delicado para el sector. Para muestra, el crecimiento exponencial en el número de salones de juego en la Comunidad de Madrid, que, según datos oficiales de su Administración, ha aumentado en más de un centenar desde 2014, hasta casi alcanzar los 400 salones abiertos.

No se puede obviar tampoco que el éxito económico repercute también positivamente en las Administraciones, que recaudan más impuestos, pero a la hora de analizar y evaluar el impacto global de las apuestas deportivas en nuestro país la variable social debe estar, al menos, a la par que la económica. Y es aquí donde más debemos reflexionar. Nuestros hijos, menores de edad incluidos, reciben a todas horas impactos publicitarios relacionados con el juego. Se emiten anuncios de apuestas deportivas en horarios cuanto menos discutibles. Los narradores de partidos de fútbol entremezclan sus voces con publicidad de diferentes casas de apuestas y los precios en directo que estas ofrecen para el partido en cuestión. ¿Cuántos menores están delante de la televisión o de la radio en ese momento, la mayoría adolescentes que pronto tendrán edad legal para apostar, mientras se normaliza y vincula al éxito a una actividad que, por mucho que tenga el deporte como vehículo, no deja de ser adictiva?

Apuestas deportivas . La nueva moda que se ha convertido en una adicción para los jóvenes

La legislación tampoco ayuda en este sentido. La del juego presencial, que en España es autonómica, es difícil de aceptar desde el punto de vista ético. La madrileña, por seguir con el mismo ejemplo, no recoge ningún tipo de restricción en cuanto al número de locales por habitante o la distancia entre ellos, lo que explica que puedas pasear por un barrio con cuatro puntos de venta en la misma calle. Y donde sí existen estas limitaciones, como por ejemplo en Navarra o la Región de Murcia, estas tienen una doble lectura, porque generalmente son restricciones que exigen los empresarios del juego para proteger sus negocios de la competencia. Eso sí, al menos restringen el número de puntos de venta, recortando la distancia entre responsabilidad social y negocio.

En cuanto a la legislación a nivel digital, de carácter nacional, permite el enriquecimiento de los denominados tipsters, pronosticadores de resultados que campan a sus anchas por Twitter, donde han unido sus fuerzas a las propias casas de apuestas como fuente de captación de clientes, la mayoría tan ingenuos que creen que los tipsters quieren ganar a las casas, cuando realmente en muchas ocasiones cobran de ellas mientras lo hacen también de ellos.

En definitiva, aunque lo mediático sean los casos de amaños en el deporte profesional, el impacto del negocio de las apuestas deportivas más preocupante está en la calle y afecta a los más jóvenes. No se trata de prohibir nada, ni mucho menos, pero sí de que las instituciones no sean cómplices de una actividad que pretende alejarse, como también pretende desde hace tiempo el póker, de lo que realmente es: juego.

Escrito por

Periodista freelance. 8 años de experiencia profesional en el negocio de las apuestas deportivas presencial y digital en España.

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