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Sínodo de los Jóvenes. Se necesitan santos que formen otros santos

El Sínodo de los Jóvenes ha sido un encuentro lleno de esperanza que ha insistido en la misión evangelizadora de las nuevas generaciones. Su documento final aborda temas como la afectividad y la sexualidad, los abusos o el papel de la mujer. 

Los jóvenes necesitan santos que formen otros santos. Esta es una de las frases que recoge el documento final del  Sínodo de los Jóvenes, que finalizó el sábado 27 de octubre con la aprobación del texto con 191 votos a favor y 43 en contra, con lo que se superó en mucho los dos tercios exigidos.

Un documento final que deberá cambiar la pastoral juvenil de la Iglesia, pero a partir de la conversión personal de cada uno de los padres sinodales y “oidores”, como subrayó el papa Francisco en su discurso final: ”Ahora el Espíritu nos da el documento para que trabaje nuestro corazón, somos nosotros los destinatarios de los documentos, no la gente de afuera”.

Un documento que tiene 167 párrafos y que insiste, como no podía ser de otra manera, en el acompañamiento, la acogida y el discernimiento y propone la imagen de una Iglesia sinodal que se abra más a compartir y que convierta a los jóvenes en protagonistas de una misión evangelizadora. “Los jóvenes, intactos, quieren ser escuchados, reconocidos, acompañados y desean que su voz sea considerada interesante y útil en el campo social y eclesial”.  “La Iglesia no siempre ha tenido esta actitud – reconoce el Sínodo-, a menudo los sacerdotes y los obispos, sobrecargados por muchos compromisos, tienen dificultad para encontrar tiempo para el servicio de la escucha”.

El texto nos habla del importante trabajo de las instituciones educativas católicas, que están llamadas ”a afrontar la relación entre la fe y las exigencias del mundo contemporáneo, las diferentes perspectivas antropológicas, los desafíos científicos y técnicos, los cambios en las costumbres sociales y el compromiso por la justicia”. La parroquia también tiene su papel: “Iglesia en el territorio”, que necesita “volver a pensar su vocación misionera, porque a menudo es poco significativa y poco dinámica, especialmente en el ámbito de la catequesis”.

El don de la sexualidad

Y cómo no, y como se esperaba, el documento se detiene sobre el tema del cuerpo, de la afectividad, de la sexualidad. “Ante los avances científicos que plantean cuestiones éticas -nos dice-, fenómenos como la pornografía digital, el turismo sexual, la promiscuidad, el exhibicionismo en línea, el Sínodo recuerda a las familias y a las comunidades cristianas la importancia de hacer descubrir a los jóvenes que la sexualidad es un don. A menudo, la moral sexual de la Iglesia se percibe como “un espacio de juicio y condena”, mientras que los jóvenes buscan “una palabra clara, humana y empática” y “expresan un deseo explícito de confrontación sobre cuestiones relacionadas con la diferencia entre la identidad masculina y la femenina, la reciprocidad entre hombres y mujeres, la homosexualidad”. Los obispos reconocen el esfuerzo de la Iglesia por transmitir en el contexto cultural actual “la belleza de la visión cristiana de la corporeidad y de la sexualidad”. “Es urgente buscar caminos más apropiados, que se traduzcan concretamente en la elaboración de caminos formativos renovados”. “Es necesario proponer a los jóvenes una antropología de afectividad y sexualidad capaz de dar el justo valor a la castidad para el crecimiento de la persona, en todos los estados de vida”. En este sentido, es necesario prestar atención a la formación de agentes pastorales creíbles y maduros desde el punto de vista afectivo-sexual.

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El Sínodo constata también la existencia de “cuestiones relativas al cuerpo, a la afectividad y a la sexualidad que requieren una elaboración antropológica, teológica y pastoral más profunda, que debe llevarse a cabo de la manera más adecuada y en los niveles más adecuados, desde lo local hasta lo universal”. Entre ellas surgen las relacionadas con la diferencia y la armonía entre la identidad masculina y femenina y las inclinaciones sexuales. “Dios ama a cada persona y también a la Iglesia al renovar su compromiso contra toda discriminación y violencia por motivos sexuales”. Igualmente -continúa el documento-, el Sínodo “reafirma la importancia antropológica decisiva de la diferencia y de la reciprocidad entre hombre-mujer y considera reductivo definir la identidad de las personas a partir de su orientación sexual”. Al mismo tiempo, se recomienda “fomentar los caminos de acompañamiento en la fe, ya existentes en muchas comunidades cristianas”, de “personas homosexuales”. En estos caminos, las personas son ayudadas a leer su propia historia. A adherirse libre y responsablemente a su propia llamada bautismal. A reconocer el deseo de pertenecer y contribuir a la vida de la comunidad. A discernir las mejores formas de alcanzarla. De esta manera, ayudamos a cada joven, sin excluir a nadie, a integrar cada vez más la dimensión sexual en su personalidad, creciendo en la calidad de las relaciones y caminando hacia “el don de sí”.

El Sínodo de los Jóvenes no olvida el tema de los abusos

También, cómo no, se aborda la cuestión de los “diferentes tipos de abusos”, como el del poder, los económicos, de conciencia, los sexuales, cometidos por algunos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos. “En las víctimas -se lee en el texto- causan un sufrimiento que puede durar toda la vida y que ningún arrepentimiento puede remediar”. De ahí el llamamiento del Sínodo de los Jóvenes a “un firme compromiso a la adopción de rigurosas medidas de prevención que eviten su repetición, a comenzar por la selección y la formación de aquellos a quienes se les confiarán tareas de responsabilidad y educación”. Por lo tanto, será necesario erradicar aquellas formas -como la corrupción o el clericalismo– en las que se injertan estos tipos de abusos, contrarrestando también la falta de responsabilidad y transparencia con la que se han gestionado muchos casos. Al mismo tiempo, el Sínodo expresa su gratitud a todos aquellos que “tienen el valor de denunciar inmediatamente el mal”, porque ayudan a la Iglesia “a tomar conciencia de lo que ha ocurrido y de la necesidad de reaccionar con decisión”. “La misericordia, de hecho, exige justicia”. “No deben olvidarse, sin embargo, los numerosos laicos, sacerdotes, consagrados y obispos que se dedican cada día, con honestidad, al servicio de los jóvenes, quienes pueden ofrecer realmente una ayuda preciosa para una reforma de envergadura histórica en este ámbito”.

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El documento del Sínodo de los Jóvenes nos habla también de la “familia como Iglesia doméstica”, de la “promoción de la justicia contra la cultura del descarte”, del “problema de la emigración”, de la “misión” y del “acompañamiento”, de ”la necesidad de la sinodalidad”, ya que se invita “a las Conferencias Episcopales y a las Iglesias particulares a continuar este camino, participando en procesos de discernimiento comunitario que también incluyen a aquellos que no son obispos en las deliberaciones”. Asimismo, nos transmite la importante labor de la mujer, ya que subraya que “muchas mujeres desempeñan un papel insustituible en las comunidades cristianas, aunque en muchos lugares es difícil darles espacio en los procesos de toma de decisiones, incluso cuando no requieren responsabilidades ministeriales específicas.

En definitiva, un gran Sínodo de los Jóvenes con un importante documento que les llena de esperanza.

Imagen de portada: El papa Francisco junto a los participantes en el Sínodo de los Jóvenes | synod2018.va
Escrito por

Director del Congreso de Católicos y Vida Pública. Periodista. Ha desarrollado su carrera profesional en medios de comunicación como RNE, donde ha sido director de Radio Exterior, así como corresponsal en Italia y el Vaticano durante seis años.

Ultimo comentario
  • Tenemos redefinir el papel de los jovenes en una sociedad liquida como la actual.
    Los jovenes que formemos hoy seran los adultos del mañana y estan llamados a realizar un cambio contracultural.
    Ramon Fernandez Centro ACdP de Zaragoza.

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