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La respuesta frente al genocidio del Daesh . Defender con hechos la libertad religiosa

La comunidad internacional no duda en calificar de genocidio los crímenes de Daesh contra minorías en Oriente Medio. Sin embargo, no concreta una respuesta firme y unida que defienda la libertad religiosa.

La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio entiende por tal cualquiera de los actos mencionados a continuación, cometidos con la intención sistemática de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso:

  1. Matanza de miembros del grupo.
  2. Atentado grave contra la integridad física o mental de los miembros del grupo.
  3. Sometimiento intencionado del grupo a condiciones de existencia que puedan acarrear su destrucción física total o parcial.
  4. Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo.
  5. Traslado forzoso de niños del grupo a otro.

El histórico más reciente de condenas al Daesh (nombre por el que se conoce al autodenominado Estado Islámico) comienza el 3 de febrero de 2016, momento en que el Parlamento Europeo se convirtió en el primer organismo legislativo en reconocer las matanzas y la persecución de las minorías religiosas de Oriente Medio como genocidio. El 14 de marzo, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos votó el reconocimiento del genocidio por 383 votos a favor y ninguno en contra.

Ante estos crímenes, se hace cada vez más necesario encontrar una definición clara y funcional de la libertad religiosa y sus consecuencias para el gobierno, los legisladores, los jueces y los agentes sociales

La declaración ante los parlamentarios británicos de una adolescente yazidí (minoría religiosa de Oriente Medio) violada por miembros del grupo yihadista, un día antes del debate para admitir una proposición que reconociera el genocidio del Daesh contra los yazidíes, los cristianos y otras minorías, fue el detonante de una condena unánime en el Reino Unido. La proposición se aprobó con 278 votos a favor y ninguno en contra. El 20 de abril de 2016, el Reino Unido reconoció por unanimidad los crímenes cometidos por el Daesh como genocidio. Un mes más tarde, una Comisión de Investigación de las Naciones Unidas sobre Siria llegó a la conclusión de que el Daesh “ha cometido el crimen de genocidio, además de muchos otros crímenes contra la humanidad y de guerra contra los yazidíes”.

Tras la condena internacional… la respuesta

¿Y ahora qué? Ante estos crímenes, se hace cada vez más necesario encontrar una definición clara y funcional de la libertad religiosa y sus consecuencias para el gobierno, los legisladores, los jueces y los agentes sociales.

Desde el punto de vista del derecho internacional, la redacción e interpretación del derecho a la libertad religiosa es incompleta y algo ambigua. Solamente cuenta con un instrumento jurídico para hacerse operativo a nivel internacional y no es vinculante –no obliga a todos los Estados por igual–. Naciones Unidas posee ciertos mecanismos (informes de expertos imparciales, el nombramiento de un observador permanente para un país, la movilización a la “acción urgente” y el fomento del diálogo entre los Estados) orientados a apoyar la resolución de conflictos sobre libertad religiosa.

La persecución a los cristianos en todo el mundo

Hay una diferencia desproporcionada, y también descarada, entre el tipo de medidas y estrategias aportadas por la comunidad internacional en la ONU y la envergadura de los conflictos. El tiempo pasa y cada vez se acumulan más muertes inocentes en la cuenta del garante internacional. Ante los avances diplomáticos, científicos y económicos existentes en otros campos, es difícil defender que esa postura no es deliberada o criminalmente negligente. No es prioridad…

Es necesario recuperar un debate acerca del papel de la religión en la vida de las personas, en el desarrollo de la sociedad, en el progreso de las civilizaciones y en su presencia en la vida cultural de los pueblos. Decir que la libertad religiosa es un derecho fundamental no significa solamente que se encuentra incluido en el cuerpo dogmático de una Constitución; se refiere, más bien, a que afecta a la libertad más nuclear del ser humano: la de buscar la Verdad, el Bien y la Belleza y adherirse libremente a Ella, por algunos de los caminos que el Creador ha dejado a la criatura.

Y se refiere, sin duda, al derecho que hace posible la convivencia, la paz, la cultura y el desarrollo humano; un derecho fundamental, porque emana desde las conciencias, en sintonía y respeto hacia ellas, haciendo elevar la mirada y superar los antagonismos al encontrar el mayor motivo de unión en una comunidad humana: la búsqueda sincera y auténtica de la Verdad y la tensión espiritual hacia un bien cada vez mayor, inclusivo del bien de todos, comprometido con el bien común.

Foto de portada: Miembros de Daesh junto a varios de sus prisioneros en un vídeo difundido en Internet.
Escrito por

Doctora en Filosofía del Derecho. Diploma en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora Adjunta en la Facultad de Derecho de la USP CEU y Secretaria General del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala.

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