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30 años de la “Mulieris dignitatem”. San Juan Pablo II escribe a la mujer

En 2018 se han cumplido 30 años de la publicación de la carta Mulieris dignitatem. El tema fundamental de este texto de san Juan Pablo II es la dignidad de la mujer, tan de actualidad hoy día.

En 1988, san Juan Pablo II comenzaba así la carta Mulieris dignitatem: “La dignidad y la vocación de la mujer ha sido objeto de constante reflexión y ha asumido en estos últimos años una importancia muy particular”. Si esto era así hace tres décadas, en 2018 constatamos que sigue siéndolo; de un modo diferente, pues ha pasado ya una generación de hombres y mujeres, pero continúa teniendo especial relevancia, pues si cabe, hoy más que ayer, está cuestionada la vocación femenina. La carta aborda muchos temas, como la necesidad de ayuda recíproca entre hombre y mujer, la dominación del varón, la maternidad, los derechos de la mujer o el valor de lo femenino en la iglesia y en la sociedad.

También el Concilio Vaticano II abordó el tema de la vocación y el papel de la mujer, destacando la mutación tan profunda a la que la sociedad había llegado, reconociendo sin embargo cómo la mujer puede ayudar enormemente a que la humanidad no decaiga. Para mutación profunda la de hoy, pues en nuestros días se niega precisamente la diferencia entre varón y mujer. No conocemos negación tan radical como la que propone la actual “ideología de género”. Ya el papa Wojtyla anunció con cautela algo del genio específico de la mujer, pero diferenciándolo siempre de la vocación del varón. Ahora bien, la igualdad ontológica entre hombre y mujer no cancela la diversidad.

La carta Mulieris Dignitatem nos recuerda que en el origen hubo una relación de armonía y unidad entre hombre y mujer. Precisamente, aquella originaria relación que tenían sí correspondía a la altura de la dignidad humana. Y, sin embargo, reconoce, desgraciadamente hay una ruptura y una amenaza constante que mina esa unión. De un modo claro y valiente, se afirma: “En lugar de la entrega sincera, entró la voluntad de dominio; en vez de entregarse el hombre, intenta dominar a la mujer; en lugar de comunión, se tiende a una opresión que destruye la estabilidad de la relación”.

La mujer, que originariamente tendría que haber sido “co-sujeto” del hombre, es reducida en ocasiones por él a objeto de placer y explotación. “La mujer no puede convertirse en objeto de dominio y posesión masculina”. Esta tendencia a romper el orden se deja sentir en la relación recíproca entre hombre y mujer, pero también en los diversos campos de la convivencia social: “Situaciones en las que la mujer se encuentra en desventaja o discriminada por el hecho de ser mujer”.

Los riesgos de un feminismo radicalizado

Pero a pesar de lo dicho sería un error, alertaba el papa Wojtyla hace tres décadas, que la mujer, para liberarse del dominio injusto del hombre, se apropiara o imitara algunas de las características más propiamente masculinas en contra de su propia originalidad femenina. Por este camino, aseguraba: “La mujer no llegará a realizarse, y sin embargo podría deformar y perder su riqueza esencial”. La igualdad de la que habla un feminismo radicalizado es reductiva y pierde la riqueza de la diferencia.

La igualdad a la que se refería Juan Pablo II proviene de una igualdad ontológica y radical por estar hechos ambos a imagen y semejanza de Dios. Superar esta herencia dañina es tarea de ambos: hombre-mujer y durante todas y cada una de las generaciones, pues cada generación puede conllevar una forma de daño diferente al de la anterior o la siguiente. El hombre, cuando ofende a la dignidad y a la vocación de la mujer, actúa también contra su propia dignidad y su propia vocación; de este modo, no será feliz -recuerda la carta-, pues el que ofende se desfigura y se daña a sí mismo.

Mulieris Dignitatem, que ha cumplido 30 años este año 2018, denomina a la mujer “guardiana del ser humano”. Necesitamos que resurja con más fuerza y autenticidad el verdadero genio femenino, aportando su enorme sensibilidad por el ser humano en la vida familiar, social y laboral. La humanidad ha quedado confiada de un modo especial a la mujer, dado que su misión particular está en el orden del amor.

Escrito por

Doctora en Derecho por la USP CEU. Profesora Adjunta de Teoría del Derecho. Secretaría Académica del Instituto de Estudios de la Familia.

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