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El “glamour” del Vaticano al servicio de los más pobres

ROMA (ITALIA) | El papa Francisco ha insistido en que los cristianos no deben quedarse de brazos cruzados ante los más necesitados. La Jornada Mundial de los Pobres quiere mostrar respeto y reconocer la dignidad de las personas sin techo.

La renovación de la Iglesia que quiere el papa Francisco pasa por un plato de lasaña. Un plato preparado por cocineros de un hotel de cinco estrellas que sirven a personas sin techo de Roma. Y todo en un entorno de calidad, con manteles elegantes y dentro del Aula Pablo VI del Vaticano. Un privilegio que ya quisieran muchos poderosos de la tierra, pero puesto al servicio de quienes no tienen nada en la Jornada Mundial de los Pobres, celebrada este mes de noviembre.

Este encuentro, que se organizó por primera vez en 2017, pretende ofrecer un modelo de actitud a toda la Iglesia. Más allá de organizar una comida y atención sanitaria gratuita, con una carpa medicalizada atendida por profesionales, quiere mostrar respeto a los más pobres. El objetivo de Francisco es, en primer lugar, reconocer la dignidad de cada persona, al margen de que tenga o no un trabajo, una casa o cualquier bien material. Y por eso los recibe como a príncipes, los saluda y los abraza uno a uno. Comparte la comida con personas de las que normalmente nos apartamos.

La caridad cristiana no debe reducirse a la limosna

Francisco ha recalcado, en muchas ocasiones, que la caridad cristiana no puede concentrarse en la limosna, que de por sí es importante. Considera esencial el modo en que uno trata a la persona que recibe nuestra ayuda. Por eso recomienda “mirar a los ojos y apretar la mano” de esa persona necesitada. Un comportamiento radicalmente opuesto de quien arroja la moneda y se aleja cuanto antes del pobre.

La cercanía con las personas necesitadas es algo que, según el papa Francisco, nos renueva y nos acerca a Cristo. Por eso, en la homilía de esta última Jornada Mundial de los Pobres, el Papa aseguraba que “ante la dignidad humana pisoteada, a menudo permanecemos con los brazos cruzados o con los brazos caídos, impotentes ante la fuerza oscura del mal. Pero el cristiano no puede estar con los brazos cruzados, indiferente, ni con los brazos caídos, fatalista: ¡no!”

Desde este punto de partida, desde el encuentro directo con quienes no pueden devolvernos la atención y la generosidad es desde donde el papa Francisco plantea la renovación de la Iglesia. Más que una renovación estructural es una transformación personal, que debe llevar a no estar apegados a las riquezas ni a los cargos.

La jerarquía eclesiástica española, unánime en su condena de los abusos

A juicio del papa Francisco, “este es el comienzo de la fe: vaciarnos de la orgullosa convicción de creernos buenos, capaces, autónomos y reconocer que necesitamos la salvación. La fe crece en este clima, un clima al que nos adaptamos estando con quienes no se suben al pedestal”.

En esta visión encaja también su estrategia frente a los abusos. En más de una ocasión, ha vinculado los abusos sexuales dentro de la Iglesia a las estructuras de poder, a personas que se sienten por encima de los demás, en vez de estar a su servicio, volcados en la atención a los más pobres.

Este segundo encuentro de la Jornada Mundial de los Pobres, con más de mil personas sin techo y voluntarios de parroquias de Roma, se plantea como un modelo a seguir en todo el mundo. El objetivo es que en cada diócesis, en cada parroquia y en cualquier comunidad, los pobres sean vistos como un tesoro de la Iglesia, al que hay que tratar con respeto y dignidad. No en vano, el propio Cristo “nos pide que lo reconozcamos en el que tiene hambre y sed, en el extranjero y despojado de su dignidad, en el enfermo y el encarcelado”.

Imagen de portada: El papa Francisco, junto a los participantes en la Jornada Mundial de los Pobres | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. CEO de RomeReportsTV en Italia.

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