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Francisco Cambó y Ángel Herrera, en el centenario del Jubileo de Covadonga

El centenario del Jubileo de Covadonga sirve para reivindicar la figura de Francisco Cambó, promotor de lo que sería el Banco de España y considerado durante algún tiempo como “el hombre de Estado” que el país necesitaba.

Termina la celebración del Jubileo a Covadonga. Y las autoridades eclesiásticas tendrán que hacer un balance del mismo que a muchos ha dejado un regusto agridulce. Queda para la posteridad, no obstante y entre otras cosas, la importante visita de los Reyes a dicho enclave tan singular de la historia de España, al recordar una triple efeméride: el 1300º aniversario de la victoria de don Pelayo contra el islam, el centenario de la creación del parque natural y la coronación de la Virgen del mismo nombre.

El economista catalán Ignacio Buqueras i Bach, hoy presidente de la Asociación para la Difusión y Promoción del Patrimonio Mundial de España, ha aprovechado también esta efeméride para publicar un libro necesario, dedicado a Francisco Cambó. Igualmente, se celebró uno de los prestigiosos cursos de verano de La Granja, que preside el profesor Juan Velarde en Asturias, junto -entre otros- a monseñor Rouco Varela, el exrector de la Universidad CEU San Pablo Rafael Sánchez Saus y el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino, responsable de las sesiones, en una de las cuales tuvimos ocasión de intervenir.

Francisco Cambó, hombre de Estado

Y es que hacía cien años, en septiembre de 1918, Francisco Cambó, entonces ministro de Fomento -también lo sería de Hacienda en 1921- acompañaba a los Reyes a celebrar el 1.200º aniversario antes citado, inaugurar aquel parque -el primero en España de tal naturaleza- y acompañar la coronación de la Virgen. El presidente de la Lliga Regionalista Catalana aprovechó su vibrante discurso de aquel día para llamar a una “nueva reconquista”, “no en extensión sino en profundidad”. “No luchando contra moros, sino contra todos los  defectos y vicios nacionales”. Debía ser el programa de la nueva España fundada en el trabajo, la cultura y la energía. Si Pelayo echó de nuestro suelo a los musulmanes -venía a decir-, nosotros también acabaremos con las mercancías extranjeras protegiendo las nuestras.

Aquella intervención tuvo gran repercusión. Parecía que llegaba “el hombre de Estado”. Fiable, solvente intelectualmente, creyente, daba ilusión y, además, “era catalán”. A Cambó se le recuerda por su atención a las infraestructuras y, especialmente, los ferrocarriles.

También por su Ley de Ordenación Bancaria de 1921, por la cual el Banco de España empezó a funcionar como banco central y eficaz instrumento de política monetaria al margen de los bancos privados. Y especialmente por su conocido “arancel Cambó” de 1922, que vino a consolidar el modelo proteccionista español, el más duro de Europa tras el ruso, pactado a varias bandas; entre los intereses del textil catalán, la minero-siderurgia vasco-asturiana y la producción cerealera castellano-levantina.

Antonio Maura. La crisis de la Restauración y el fin del turnismo

El Rey tenía gran simpatía por Cambó, quien, en 1930, finalizado el directorio de Primo de Rivera, es llamado para dirigir un Gobierno. Allí están Antonio Maura, el duque de Alba y el almirante Aznar, entre otros. Y allí les desvela su grave cáncer de garganta, que debe tratarse y que le impide asumir ese reto. Luego reconocería el gran dolor de esa decisión, pues creía estar preparado para asumir la presidencia del Gobierno.

El 11 de marzo 1931 publica un artículo en el que, ante la agitación política del momento, advierte “una vez más, que la República no puede significar para España otra cosa que el caos, la anarquía y el comunismo”. Cambó creía que el régimen parlamentario y los partidos en que se funda debían estar “en relación con el grado de cultura de cada país”. Por ello, pensaba que debía adaptarse “la función parlamentaria al grado de educación cívica del pueblo”. En su exilio, propuso como elemento de estabilidad la instauración de un régimen presidencialista, análogo al de Estados Unidos, donde el presidente es elegido por todos los votantes para un número determinado de años, lo que otorga un alto grado de previsibilidad política y económica.

Tras la guerra, quedó con sus grandes aficiones. En el Parlamento republicano había defendido el proyecto de Ley de Protección del Patrimonio Artístico: “El Museo del Prado -dijo entonces- formado por las colecciones de nuestros reyes… es uno de los más ricos del mundo, pero es uno de los más incompletos”. Como gran coleccionista y hombre de Estado, siempre quiso contribuir a llenar esos huecos, incluso fue comprando para su colección personal obras de arte con ese criterio, para completarlo, y en el Prado están sus mejores obras. En su momento se acordó dedicar a Cambó una importante calle en Madrid, que quedó sin concretarse.

Francisco Cambó y Ángel Herrera

Muy elocuente es lo que Cambó escribe sobre su entrevista con Ángel Herrera el 14 de abril de 1940, en Montreux, Mariland: “Ángel Herrera almorzó conmigo. Hemos hablado de España y hemos hablado del mundo. ¡De la España y del mundo de hoy!” La conversación, naturalmente, no ha sido demasiado alegre. Al despedirnos, me ha anunciado que era la última vez que lo veía vestido de paisano: por dispensa especial de Roma, en pocas semanas será subdiácono, diácono y presbítero; cuando nos volvamos a ver, será sacerdote. Y al decirme esto, su fisonomía, habitualmente poco expresiva, se iluminaba de un inmenso gozo.

Tengo que confesar que me ha dado envidia. Consagrarse íntegramente a Dios en este tiempo de vuelco, trastorno de las cosas humanas… ¿qué mayor ideal para un creyente? Yo veo el reposo y la serenidad que me dan los estudios históricos y arqueológicos al alejar mi pensamiento y mi vista de todas las miserias y de todos los horrores de los tiempos presentes. ¡Cuánto más profundo y más consolador tiene que ser entregarse por completo a Dios, que quiere decir la eternidad, el ayer más remoto, y el mañana más lejano, deslizándose por encima de las miserias humanas! ¡Curioso destino el de este hombre!

50º aniversario de la muerte de Ángel Herrera Oria, un periodista que falleció siendo cardenal

Dotado de enormes cualidades para la acción (talento, dinamismo, dotes de seducción, tenacidad, abnegación, conocimiento de los hombres…). Las consagró todas a crear en España unas derechas tolerantes, cultivadas, sinceramente católicas y caritativamente humanas y generosas. Él trabajaba para la convivencia en el mutuo respeto de todos los españoles. Era comprensivo ante todos los problemas y, especialmente, los regionales y sociales. La Guerra Civil significó el fracaso total de su obra. Por fortuna para él, antes de que se produjera el cataclismo había ya emprendido la carrera del sacerdocio para consagrarse íntegramente a Dios. Decididamente, la suerte de Herrera es envidiable. Y nadie, nadie, puede envidiarle tanto como yo”.

Hoy, felizmente, tenemos una economía abierta al exterior. Sin necesidad de los proteccionismos pasados, somos los segundos exportadores de la Unión Europea, tras Alemania. Tenemos una tasa de cobertura del entorno del 80% (73,4% en 2009). Y llevamos cuatro años seguidos de superávit en la balanza por cuenta corriente, 2014-2017, pendiente los datos de 2018. Aunque ahora el nuevo Gobierno Sánchez ralentiza obras de infraestructura; reduce a la mitad el plan extraordinario de inversión en carreteras; anuncia en su presupuesto unos pagos por intereses de la deuda al récord de 31.449 millones de euros para 2019. Mientras prima el gasto improductivo clientelar, precisamente donde germinan “los defectos y vicios nacionales”. Aquellos que justamente denunciaba Cambó en Covadonga hace cien años.

Imagen de portada: Fotografía de Francisco Cambó
Escrito por

Catedrático de Economía Aplicada. Grupo de Investigación MAPFRE-CEU San Pablo. Miembro del Consejo Editorial de El Economista y UNISCI Journal.

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