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La insolidaria eutanasia que propone el PSOE . Nunca puede ser digna una muerte provocada

El PSOE quiere despenalizar la eutanasia con una proposición de ley que promueve un corredor de la muerte. El magisterio de la Iglesia la considera una grave violación de la Ley de Dios en cuanto eliminación moralmente inaceptable de una persona humana.

“La proposición de ley del PSOE sobre la eutanasia es todo un monumento a la insolidaridad y al descarte humano, que promueve un falso derecho (fake right) y un corredor de la muerte voluntario. ¡No hay derecho!” Así de contundente es el tuit publicado por el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española  (CEE) en referencia a la proposición de ley del PSOE sobre la eutanasia.

“La ley es todo un monumento al descarte humano”, ha afirmado José María Gil Tamayo, que no es la primera vez que se pronuncia en Twitter sobre la importancia de defender la vida. Ya el pasado 9 de abril, con motivo de la Jornada por la Vida, el portavoz de la CEE se refirió a un mensaje publicado por la agencia de noticias del Vaticano, Vatican News, en el que, citando al obispo de Bilbao, Mario Iceta, que es también presidente de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española, recordaba que “toda vida es preciosa, por encima de cualquier condicionamiento”.

El PSOE quiere despenalizar la eutanasia

Con esta iniciativa, la formación socialista quiere despenalizar la eutanasia a través de la modificación del artículo 143.4 del Código Penal. Además, recoge la objeción de conciencia para los profesionales sanitarios y plantea que la regulación de este derecho quede recogida como una prestación más en la Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud.

Para que a una persona se le pueda practicar la eutanasia, se han de cumplir dos supuestos, según la ley que propone el PSOE: que el paciente sufra “una enfermedad grave e incurable” o “una discapacidad grave crónica”, las cuales puedan suponerle unos sufrimientos físicos o psíquicos “insoportables” o que les encamine a una invalidez “generalizada” y a una pérdida de la autonomía personal.

Cumplido alguno de estos supuestos, el paciente, que deber ser mayor de edad, con nacionalidad española o residencia legal en España y, siendo “capaz y consciente”, deberá solicitar la ayuda para morir a un profesional médico. Además, esta solicitud debe repetirse “al menos en una ocasión con una separación de quince días naturales” y que no sea resultado “de una presión externa”.

La “cultura de la muerte”

Una nueva barbaridad de aquellos que no respetan la vida, desde el momento de la concepción hasta la muerte. Una “cultura de la muerte” que ha sido criticada repetidamente por el magisterio de la Iglesia. Así, san Juan Pablo II nos dijo: “De acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana’”. Precisamente, san Juan Pablo II nos dio a todos una lección con las graves enfermedades que padeció hasta su muerte y con su aceptación del sufrimiento como parte de la vida.

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Personalmente, creo que nunca puede ser digna una muerte provocada, ni puede ser digno provocarla. La muerte digna es aquella en la que se trata al paciente como persona, al margen de sus condiciones vitales, rodeado del cariño de los demás y poniendo a su disposición los cuidados paliativos pertinentes. La eutanasia nunca puede ser considerada un acto médico, porque no persigue ni la curación ni la reducción del dolor. Es un acto antimédico que persigue la muerte.

El Testamento Vital de la CEE

A este respecto, la Conferencia Episcopal Española publicó en su día un Testamento Vital que recojo textualmente.

A mi familia, a mi médico, a mi sacerdote, a mi notario:

Si me llega el momento en que no pueda expresar mi voluntad acerca de los tratamientos médicos que se me vayan a aplicar, deseo y pido que esta declaración sea considerada como expresión formal de mi voluntad, asumida de forma consciente, responsable y libre, y que sea respetada como si se tratara de un testamento.

Considero que la vida en este mundo es un don y una bendición de Dios, pero no es el valor supremo y absoluto. Sé que la muerte es inevitable y pone fin a mi existencia terrena, pero creo que me abre el camino a la vida que no se acaba, junto a Dios.

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Por ello, yo, el que suscribe, pido que si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados; que no se me aplique la eutanasia (ningún acto u omisión que por su naturaleza y en su intención me cause la muerte) y que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos.

Pido igualmente ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. Deseo poder prepararme para este acontecimiento en paz, con la compañía de mis seres queridos y el consuelo de mi fe cristiana, también por medio de los sacramentos.

Suscribo esta declaración después de una madura reflexión. Y pido que los que tengáis que cuidarme respetéis mi voluntad. Designo para velar por el cumplimiento de esta voluntad, cuando yo mismo no pueda hacerlo, a……………………..

Faculto a esta misma persona para que, en este supuesto, pueda tomar en mi nombre las decisiones pertinentes. Para atenuaros cualquier posible sentimiento de culpa, he redactado y firmo esta declaración.

Nombre y apellidos:

Firma:

Lugar y fecha:

Un testamento que llevo siempre en mi cartera y del que doy cuenta a los facultativos cada vez que tengo un ingreso hospitalario. Por si acaso…

Escrito por

Director del Congreso de Católicos y Vida Pública. Periodista. Ha desarrollado su carrera profesional en medios de comunicación como RNE, donde ha sido director de Radio Exterior, así como corresponsal en Italia y el Vaticano durante seis años.

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