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Elvira Lindo y su crítica a la Semana Santa . El pecado está en cercenar la libertad del prójimo

Lo reprochable no es la opinión de Elvira Lindo, sino el arrogante individualismo con que justifica la cerrazón ante la evidencia. La excepcionalidad que se atribuye para negarse a ver el trasfondo y mostrarlo como causa de un extrañamiento ficticio. La tradición católica es constitutiva de un patrimonio cultural que, guste o no, forma parte de ese mundo local y popularmente compartido.

Recelosa, porque el año pasado las redes sociales respondieron a un artículo en que criticó la abrumadora exhibición de procesiones de Semana Santa, se pregunta este año Elvira Lindo en El País dónde estuvo entonces el pecado por opinar que son excesivas. Tiene razón. No hay pecado alguno en expresar una opinión, sea esta cuál sea, menos si se hace con delicadeza, aunque sea tan reticente como la de Elvira Lindo. Pero también su opinión queda, como cualquier otra, expuesta al comentario. Este año insiste en la misma suerte poniéndose el parche antes de la herida que pueda ocasionarle el furioso y anónimo vocerío de las redes.

Solo un matiz. Elvira Lindo pudo preterir el arrebato desmedido de quienes la replicaron por desdeñar las procesiones. Pero el mismo respeto que pide para su opinión, podría aplicarlo a respetar lo que no menos libremente llevan cultivando sus conciudadanos desde hace años, es decir, siglos. No son hoy más de los que fueran ayer. Su opinión sería respetuosa si no pusiera implícitamente en duda que los ciudadanos son libres de hacer lo que desean hacer. ¿Qué receta omite que sirva para amainar esta exhibición de tronos? Esta preterición la une en la práctica a cruzadas que pretenden suprimir lo que sus compatriotas libremente pretenden cultivar: mantener tradiciones y ritos seculares. Puede que lo hagan por mero afán popular o ya sea porque la atracción al espectáculo sea movida por un culto sincero o por mantener la catolicidad de nuestro Reino. El caso es que una gran mayoría de los vecindarios y parroquias diseminados por esta curtida piel de toro reviven siglos de historia que nacen de creencias profundas que merecen respeto. Incluso el de Elvira Lindo.

Sería una mezquindad confundir a unos con otros faltando en público al conjunto porque a alguien le desagradan las lapidaciones verbales de los desaforados. Otra cosa es la complacencia con el desafuero de las redes

A mí no me gusta el fútbol, me molesta la concentración de muchedumbres sabatinas o dominicales que periódicamente dificultan el tráfico urbano, impiden el aparcamiento y, no excepcionalmente, acaban en trifulcas pendencieras de gravosas consecuencias. Nada me atrae de esas semanales concentraciones masivas y me parecen perniciosos los excesos que se comenten por las broncas que se desatan. Sé de antemano que quien la exponga desdeñosamente será zaherido en las redes sociales. Ni el arraigo histórico, la maestría estética o los sentimientos ancestrales respaldan el espectáculo. Pero, ¿añadir veladamente un argumento a quienes desean suprimir o rebajar esa afición tumultuosa, a veces pendenciera? Es libremente asumida. Los destemplados no merecen respeto, lo merece la mayoría que no lo son mientras no impidan la libertad de opinar lo contrario. Sería una mezquindad confundir a unos con otros faltando en público al conjunto porque a alguien le desagradan las lapidaciones verbales de los desaforados. Otra cosa es la complacencia con el desafuero de las redes. Pero la confusión del significado global, disolviéndolo en la faceta agresiva, es una forma esquiva de subirse a la procesión de la intransigencia que va sumando individuos que alardean de profesar un extrañamiento retórico… ni que el catolicismo obedeciera a la consigna de despreciar a quienes no lo comparten.

Eso es lo que no tiene en cuenta Elvira Lindo. Más urgente que exponer su opinión es ponderar la libertad de la gente por mantener un culto secular, un fervor, una tradición, una costumbre local. ¿Qué motivo se puede invocar, que no sea un disimulado resentimiento contra siglos de arraigo de estas devociones populares? Solo molestan al que busca molestarse. Efectivamente, habrá quienes se exalten al replicar una opinión contraria. Pero ofenderse públicamente, en la época de las redes sociales, porque haya descomedidos que vituperen el comentario es coger el rábano por las hojas. Esa es la fuerza que mueve la red, por muchos cándidos que saludaran su nacimiento con la ilusa esperanza de que contribuiría a la formación de un ágora apaciguadora. Zaherir a alguien por expresar una opinión contra el fervor católico es hoy menos expuesto que zaherir al catolicismo por mostrar sus símbolos. Y en cuanto a insultos, contumelias y ofensas gratuitas, mucho menos insidioso. La diferencia es que lo primero es menos peligroso que lo segundo. Y que el alardeo por la ofensa es inconsecuente con lo que el sentimiento religioso significa.

La misa en Televisión Española • Una ventana a la Palabra que algunos pretenden cerrar

El  espíritu crítico puede centrarse en separar el trigo de la paja, lo que es auténtico fervor del entusiasmo anecdótico, la veneración perdurable del vocerío trivial. Sin duda. Lo reprochable no es la opinión de Elvira Lindo, sino el arrogante individualismo con que justifica la cerrazón ante la evidencia. La excepcionalidad que se atribuye para negarse a ver el trasfondo y mostrarlo como causa de un extrañamiento ficticio. La tradición católica es constitutiva de un patrimonio cultural que, guste o no, forma parte de ese mundo local y popularmente compartido. Como nadie está obligado a participar en el cultivo de esa tradición, hay que exacerbar mucho la individualidad propia para mostrarse como una excepción maltratada por un entorno que le disgusta, no porque la rechace a ella, sino porque ella disimuladamente lo combate. Es un artilugio altanero para disfrazar como persecución forzada la autoexclusión beligerante. De algún modo hay que encubrir que sus comentarios se suman al afán laicista por imponer su punto de vista como criterio excluyente, contrariando si hace falta la propia historia, o como expresión de una ecuanimidad que solo da por válida la respuesta propia, como si manifestar públicamente una creencia fuera una prerrogativa reservada en exclusiva a quienes nada tienen que creer.

Foto de portada: José Casado
Escrito por

Periodista y escritor. Profesor emérito de la USP CEU.

Ultimo comentario
  • AUNQUE LA COMPARACIÓN NO ES BUENA:
    ¿Dónde está el pecado en decir que parecen excesivos los eventos DEPORTIVOS DURANTE LAS OLIMPIADAS?

    ALGO MEJOR ES ESTA: ¿Dónde está el pecado en decir que parecen excesivos los BELENES EN NAVIDAD?

    ESTA TAMPOCO ES BUENA: ¿Dónde está el pecado en decir que parecen excesivos los eventos MUSICALES O TEATRALES EN LA FERIA DE MI PUEBLO?

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