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‘El precio a pagar’, un testimonio de conversión y valor en un país arrasado por la violencia

En El precio a pagar, Joseph Fadelle, iraquí de familia reconocida, narra su conversión al cristianismo en un contexto marcado por la violencia y el integrismo religioso.

¿Por qué escogemos una novela y no otra cuando nos vamos de vacaciones? No lo sé. Supongo que muchas variables cruzan nuestra mente mientras ponemos una (o varias) en la maleta, mientras dejamos otras “para más adelante”. En mi caso, las decisiones de este año han sido más bien prosaicas: una escapada a la playa marcaba unos límites que no debía saltarme si de verdad quería disfrutar de ese pequeño momento de “desconexión”. Este año, mis elegidas debían ser cortas (para acabarlas en ese período) y muy entretenidas (últimamente elijo historias que realmente dejen algo de poso en el corazón, que estén narradas con brío y no sean muy previsibles). No me importa que no sean “las de este año”, me confieso abiertamente por detrás del ritmo de producción literaria nacional e internacional. De vez en cuando, comparto con un amigo títulos, y ése suele ser mi “filtro” final, pues coincidimos en las condiciones anteriores y sus sugerencias han dado en la diana, verano tras verano.

el precio a pagar

JOSEPH FADELLE | EL PRECIO A PAGAR | RIALP | 2010 | 208 PP | 15,20 €

Dicho esto, cuando compré por internet esta historia no sabía todavía que me acompañaría en el viaje. Al ojearla, ví que se trataba de una narración autobiográfica en forma de calendario salteando meses y años en función de un recorrido por algunas ciudades y pueblos de Irak.

Irak… nunca ha sido un país que atrajese demasiado mi atención, al menos en un período de descanso estival. Ha sido tras la novela, cuando he querido aprender más del lugar en el que transcurre la historia del autor, Fadelle, un príncipe heredero Moussaoui (descendientes de Mahoma) que narra su encuentro con la fe cristiana con una sencillez que desarma. Se trata de una historia real, en la que algunos nombres han sido alterados por razones de seguridad del autor y su familia, que viven en París desde 2001. El contexto es profundamente islámico, pero en un contexto moderno, es decir, la religiosidad no pasa de ser el contexto, el frágil, interminable y asfixiante envoltorio en que se viven las cuestiones políticas, sociales y familiares. La familia paterna del protagonista goza de paz, de medios, y poder en una sociedad cada vez más frágil y pobre. Son descendientes directos de Mahoma y esto supone una suerte de privilegio semejante a la nobleza, un prestigio y una responsabilidad social enmarcada por el ascendiente religioso.

Cristianos perseguidos en Irak

Al acabar de leer este relato autobiográfico -para el que no se necesita especial preparación ni familiaridad con la religión islámica, pues el autor explica con sencillez las referencias específicas- he querido compartirlo aquí, por si encuentra el interés y la atención que este testimonio merece. Sin embargo, me ha parecido que puede resultar útil a quien desee leerlo refrescar dos cuestiones: la identidad de Irak, lo que fue y lo que es; y las preguntas que antes o después esta historia suscita. Dejaré las preguntas para el final.

Informalmente, las huellas de Irak pueden encontrarse en la memoria infantil de numerosos historiadores, periodistas, actores, filólogos, académicos y escritores de la actualidad, que recuerdan los cuentos de Las mil y una noches, transcurridos principalmente en Bagdad, ciudad misteriosa y encantada, que cautivó su imaginación e inspiró a quienes se adentraron en sus historias y leyendas.

Violencia en la cuna de la Humanidad

El país está hoy depauperado, prácticamente devastado. Comparando fotografías de sus principales ciudades a inicios o mitad del siglo XX, con fotografías de reportajes actuales, ciudades como Bagdad, Erbil, Sulaymaniyah, Karbala, Dahuk, Mosul, Nadjaf, Bassora, que ofrecían singulares atracciones, capaces de satisfacer al intelectual más exigente y al aventurero más entregado, han quedado hoy sepultadas bajo ruinas causadas por las bombas. La población local se ha visto diezmada e indefensa a la barbarie. Las guerras han tomado asiento en la cuna de la Humanidad.

Sí, cuna de la Humanidad. Mirando mapas y fotografías se comprende que, originariamente, Irak podía muy bien haber sido escenario del Génesis: unas tierras verdes, frescas y fértiles entre el Tigris y el Eúfrates. Los restos arqueológicos de las civilizaciones más antiguas se encuentran en esas zonas. Quizá, si hoy podemos hablar de distintas etapas prehistóricas, si hoy podemos hablar de nuestras raíces y de las distintas formas de vida, en la paz y en la guerra, es gracias a las excavaciones en el monte Bradost que reflejan la vida humana en el Neolítico, o las efectuadas en la zona de Mesopotamia, que muestran vestigios de sumerios y acadios. Posteriormente, el país ha sido capaz de sacar partido a una posición estratégica privilegiada como centro neurálgico de comunicación de las rutas orientales (es país limítrofe con Siria, Líbano, Jordania, Arabia Saudí, Irán y Turquía).

Irak ha sido siempre reconocido como uno de los países árabes más prósperos y cultos, siendo conocido su enorme acervo poético, pictórico y escultórico, superior al de los demás países árabes y de relevancia mundial. Modernamente, el país ha sabido aprovechar la riqueza del petróleo, posicionándose entre las potencias de mayor peso económico en el mundo. Tras su independencia del Reino Unido en 1932, el gobierno iraquí pasó primero por el modelo monárquico hasta 1958, para después establecer el republicano; el país fue largamente controlado (1968-2003) por el partido socialista árabe Ba’ath, hasta que la invasión de Estados Unidos y sus aliados puso fin al dominio de Sadam Hussein. Las primeras elecciones parlamentarias concurriendo distintos partidos políticos se celebraron en 2005. En 2010 Irak pasó a ser el séptimo país con mayor inestabilidad política del mundo. Hoy, como todos tristemente conocemos, la vida política de Irak está surcada de graves conflictos: en ella actúan elementos insurgentes que continúan o promueven la guerra civil de Siria, el grupo religioso islámico radical Wahhabi, los militantes del ISIS, así como las disputas sobre la soberanía del Kurdistán iraquí. La historia del rico Moussaoui transcurre durante las dos últimas décadas bajo el dominio de Sadam Hussein: su familia es poderosa y tiene influencia en la vida política del país, pero no se mezcla con el gobierno por no compartir sus métodos ni su participación en diversos conflictos políticos.

El autor desnuda sus pensamientos y sentimientos desde el inicio, para después pasar a narrar su experiencia de una fe renegada, discutida y aceptada, clandestina, puesta a prueba, torturada y fugitiva. A lo largo de las páginas, destacan la abrumadora sencillez del relato, que el protagonista evita adornar, y su impecable inocencia, puesta a prueba durante muchos años de búsqueda y espera. Sorprende también la respuesta heroica de unos y otros, al hacer lo más ordinario (hablar con un compañero de cuartel, leer el Corán, prestar un móvil, los juegos entre niños exiliados, la celebración del cumpleaños de una hija, la espera en el aeropuerto,…) o lo más extraordinario (sufrir cárcel y tortura, ocultar la Biblia dentro de un colchón y coserlo, sobornar a un funcionario público, o bautizarse).

La experiencia de Antonio Pampliega

La novela deja muchos interrogantes abiertos. Se narran dos experiencias –dos reacciones- del Islam frente al cristianismo, y un camino de conversión del Islam a la fe cristiana que se repite: ¿es el Islam más débil ahora? ¿Se ocultan estas conversiones por miedo a las represalias? ¿Son más frecuentes de lo que conocemos? Probablemente estemos ante unos nuevos mártires del siglo XXI, los cristianos que viven en condiciones críticas o que mueren a manos del Islam en esas tierras; al menos, se trata de una nueva especie de confesores de la fe. Allí donde la fe cristiana es más despreciada, amenazada y violada, allí surge esta nueva raza de confesores. Paradojas de la Cruz, escándalo de los gentiles.

Personalmente, la historia del Moussaoui también ha dejado su huella en mí. No he podido asistir a Misa después -como a ninguno que la lea le resultará indiferente- sin recordar algunas de sus frases lacónicas, o algunas etapas de su exilio. Lo he acabado en los primeros días de vacaciones, es difícil sustraerse a su lectura. Ha superado mis expectativas: ha dejado mucho más de lo que esperaba en el corazón, me ha hecho valorar el descanso veraniego desde otra perspectiva y me ha animado a no perder de vista lo importante, desde un ejemplo auténtico, una historia real, una experiencia. El autor comparte este giro inesperado de su existencia con la humildad de quien rehúsa valorar o etiquetar su vida, el grado de heroicidad de sus acciones, porque valora mucho más la dirección que lo conduce, su fe recién encontrada.

Imagen de portada: Detalle de la portada de El precio a pagar | Rialp
Escrito por

Doctora en Filosofía del Derecho. Diploma en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora Adjunta en la Facultad de Derecho de la USP CEU y Secretaria General del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala.

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