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Las críticas oportunistas e interesadas al papa Francisco . No hay peor fuego que el amigo

Las críticas al papa Francisco, por parte del exalto cargo del Vaticano Carlo Maria Viganò, han sido utilizadas por aquellos que ven en el Pontífice el tapón a sus aspiraciones. Las Conferencias Episcopales, sin embargo, defienden la labor de Francisco. 

No hay peor fuego que el amigo. Y esto es lo que está sucediendo con las críticas al papa Francisco: el fuego amigo que nace en algunas estancias vaticanas y se propaga por el mundo eclesial con ayuda de aquellos que ven a Francisco como su enemigo personal. Peor, diría yo: como enemigo de la Iglesia.

Carlo Maria Viganò, exnuncio de Su Santidad en Washington, ha sido la voz que han utilizado para estas nuevas críticas al papa Francisco sobre el desgraciado caso de la pederastia en Estados Unidos. Viganò, hombre de la Curia ahora escondida, es hijo de una acaudalada familia italiana, fue ordenado sacerdote en 1968 y pasó, gracias a influencias familiares, a la carrera diplomática vaticana, para ser nombrado, en 1992, nuncio en Nigeria y pasar, seis años más tarde, a secretario de la Gobernación del Estado Vaticano; pero sus enfrentamientos con el entonces todopoderoso secretario de Estado, Tarcisio Bertone, hicieron que fuera destinado a Washington, lo que estropeó en cierta manera su carrera en el Vaticano, pues aspiraba, nada más y nada menos, que a sentarse en el mismo puesto de Bertone.

Desde la capital norteamericana, siguió moviendo los hilos de la Iglesia estadounidense y conoció de primera mano los casos de abusadores, pero nunca dijo nada ni denunció a cargo alguno. Su enfado con el Pontífice, y que puede ser el motivo principal de las críticas al papa Francisco, llegó cuando, al cumplir los 75 años, este aceptó su renuncia en el cargo y así vio frustradas todas sus aspiraciones, incluso la del cardenalato, y a solicitar la renuncia del Papa por haber encubierto los abusos sexuales del excardenal Theodore Edgar McCarrick . Un tema muy duro, sobre todo cuando el propio Viganò sabía de las andanzas del purpurado.

Ahora, Viganò, con sus críticas al papa Francisco, ha sido utilizado por aquellos cardenales que ven en Francisco el tapón a sus aspiraciones y son capaces de querer hundir a un Papa con tal de seguir manejando los hilos curiales, en definitiva, a la Santa Sede.

Menos mal que las Conferencias Episcopales han salido al paso de estas críticas al papa Francisco, como, por ejemplo, la norteamericana y la española. Así, el presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, el cardenal Daniel Di Nardo, ha hecho público un comunicado en el que responde a la programada carta-denuncia de Viganò, y anuncia que presentará en breve al Papa su propuesta de una visita apostólica de la Iglesia de Estados Unidos, similar a la que Francisco ordenó para frenar los abusos en Chile. Sobre la carta de Viganò, apunta que “las preguntas planteadas merecen respuestas que sean concluyentes y basadas en pruebas”. “Sin esas respuestas, las personas inocentes pueden estar contaminadas por acusaciones falsas y los culpables pueden volver a repetir los pecados del pasado”.

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Además de Di Nardo, varios cardenales estadounidenses han desmentido tajantemente el contenido del “Yo acuso” de Viganò. Uno de los principales afectados es el cardenal de Washington, Donald Wuerl, de quien el exnuncio asegura que informó en persona de las sanciones que Benedicto XVI habría impuesto sobre McCarrick y de las que nadie tiene constancia. En un comunicado, la Archidiócesis de Washington desmiente con rotundidad a Viganò, afirmando que este “nunca proporcionó al cardenal Wuerl ninguna información sobre el alegado documento del dimitido papa Benedicto XVI acerca de unas directivas de Roma sobre el arzobispo McCarrick”.

Por otro lado, la Iglesia latinoamericana, reunida el primer fin de semana de septiembre en Medellín para celebrar los 50 años de un congreso que proclamó la Teología de la Liberación en el continente, mostró su apoyo al Papa “por su servicio abnegado a la Iglesia y por su testimonio”, lamentando que Bergoglio está siendo atacado “de una manera vergonzosa”.

“El pontificado de Francisco está cargado de espinas y sacrificios fortalecido con el bálsamo de la gracia”, destacó el cardenal de Bogotá y presidente de CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), Rubén Salazar, quien denunció que los ultracatólicos “si en el pasado atacaban a la institución, hoy atacan a la persona”.

Y desde Medellín, Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), ha dirigido una carta de afecto, cercanía y apoyo al Papa. En la carta, el presidente de la CEE, en nombre de los obispos españoles, le transmite “la expresión de nuestro afecto, cercanía y apoyo”. “Damos gracias a Dios por su incansable trabajo pastoral y por su dedicación al ministerio que el Señor le ha confiado”. Asimismo, Blázquez recuerda cómo “anunciar el Evangelio con fidelidad y libertad, denunciar con valentía lo que Dios reprueba, pedir humildemente perdón por los pecados y equivocaciones de los miembros de la Iglesia, clérigos y laicos, se manifiesta en ocasiones en forma de cruz muy pesada para Vd. unido en comunión con Jesucristo el Buen Pastor”.

En este sentido, el presidente de la CEE afirma en la carta al papa Francisco: “Santo Padre, no está solo; la Iglesia pide por Vd. como en otro tiempo por Pedro. Pedimos al Señor que continúe sosteniendo a Vd. en las luchas diarias por el Evangelio, que le otorgue su paz y la capacidad para decir a los cansados una palabra de aliento”. La carta finaliza con el deseo de una provechosa visita a Dublín, con motivo del Encuentro Mundial de las Familias, que se celebró del 21 al 26 de agosto en la capital irlandesa.

Imagen de portada: El papa Francisco camina en la plaza del Vaticano | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Ha desarrollado su carrera profesional en medios de comunicación como RNE, donde ha sido director de Radio Exterior, así como corresponsal en Italia y el Vaticano durante seis años.

Ultimo comentario
  • Enhorabuena. Muy acertado su artículo.

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