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“Si un miembro sufre, todos sufren con él” . Francisco condena los abusos en Pensilvania

Francisco ha condenado los abusos en Pensilvania desvelados recientemente. El Papa se enfrenta de forma valiente a un problema que causa “dolor y vergüenza” en la Iglesia, lamenta las omisiones pasadas y habla de solidaridad presente y futura. 

“Si un miembro sufre, todos sufren con él”. Con estas palabras de san Pablo, el papa Francisco inicia su ejemplar carta al pueblo de Dios para condenar los abusos en Pensilvania. Palabras duras, nunca hechas por un pontífice y que nos hablan del dolor de una Iglesia que no ha sabido estar a la altura en el delicado y espinoso tema de los abusos sexuales por parte de personas consagradas.

“Un crimen -nos dice el Papa- que genera hondas heridas de dolor e impotencia en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes. Mirando hacia el pasado, nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y los adultos en situación de vulnerabilidad“.

Francisco ha hecho lo que tenía que hacer: condenar si paliativos los casos de abusos en Pensilvania, a pesar de que a destacados miembros de la Curia este tipo de condenas escuezan, porque han sido muchos años colocándose parches en los ojos para no ver lo que era evidente, porque como dice el Papa:”el dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo, que llega al alma y que durante mucho tiempo fue ignorado, callado o silenciado. Pero su grito fue más fuerte que todas las medidas que lo intentaron silenciar o incluso, que pretendieron resolverlo con decisiones que aumentaron la gravedad cayendo en la complicidad. Clamor que el Señor escuchó demostrándonos de qué parte quiere estar”.

La situación es tan delicada que todos los católicos deberíamos estar a la altura y condenar sin paliativos este tipo de vejaciones, como son los abusos en Pensilvania, que seguro se ha dado en otros muchos lugares y en donde obispos o responsables ocasionales de diócesis, como los tres monos, cerraron ojos, oídos y bocas. Francisco es muy claro al respecto: “Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura, en un ámbito donde los conflictos, las tensiones y especialmente las víctimas de todo tipo de abuso puedan encontrar una mano tendida que las proteja y las rescate de su dolor”.

Todos, repito, nos debemos sentir involucrados en esta situación de “dolor y vergüenza”, porque es imposible sentirnos miembros activos del cuerpo de la Iglesia sin ser partícipes de estas condenas y de denunciar a quienes cometen actos, como el de los abusos en Pensilvania, que no solo tienen que llenar de lágrimas nuestros ojos -lágrimas que se pueden secar fácilmente- sino inundar nuestras almas de amor hacia los que han sufrido los abusos,”porque si un miembro sufre, todos sufren con él.

Gracias de nuevo, Francisco, por haber sido valiente ante una situación gravísima y vergonzante.

Imagen de portada: El papa Francisco durante una audiencia en el Vaticano | Agencia EFE
Escrito por

Director del Congreso Católicos y Vida Pública. Periodista. Ha desarrollado su carrera profesional en medios de comunicación como RNE, donde ha sido director de Radio Exterior, así como corresponsal en Italia y el Vaticano durante seis años.

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