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VOX: la representación de una España cansada ante la situación política actual

VOX tiene un modelo de Estado con resonancias históricas franquistas, pero no es fascista. Es un Estado social y, por tanto, comparte elementos con la social-democracia, el socialismo y el nacional-socialismo.

La eclosión de VOX en Vistalegre ha sacado a la superficie algo que ya se venía gestando en las redes sociales, los mentideros de la política moderna: hay un malestar ante el monopolio del discurso exaltado. Llamar ‘fascista’ indiscriminadamente a todos los demás es una estrategia peligrosa e injusta que no hace más que favorecer la aparición de una respuesta proporcional.

Un programa define a un partido que, en este caso, podría resumirse en: justicia para las víctimas del terrorismo y dureza contra los delitos de Estado (Carles Puigdemont, artículo 155, etc.); centralización administrativa y desmantelamiento del sistema autonómico, una menor presión fiscal y solidaridad fiscal, y la inmigración ilegal.

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No obstante, mucho más que un programa, en política nos definen los amigos y los enemigos. ¿Cuál es el enemigo de Vox? Ortega Lara lo dijo en Vistalegre: “Somos la resistencia frente a esa estrategia planificada para liquidar nuestra nación”. VOX representa a mucha gente cansada y desconcertada ante una situación política, nacional y global, que nos tiene, por lo demás, a todos un tanto perplejos. Aduce razones muy justificadas, algunas históricas, como la unidad de España, o la más reciente, centralidad de la Administración llevada a cabo en la época de Franco. Critica el desmantelamiento que supuso el Estado autonómico y las desigualdades territoriales, y defiende un Estado eficaz en la tutela de los más débiles, ya sean niños, ancianos, mujeres o no nacidos. Todo estos logros sociales, y algunos más, como las mutualidades, la Seguridad Social y la educación universal, son propios de las políticas franquistas que, guste o no, nada tienen que ver con el fascismo y mucho con el Estado de bienestar y fiscal.

En esto el discurso de VOX resuena al mal llamado “nacional-catolicismo” remozado sin el “catolicismo”. Se parece mucho a aquello, pero solo con el “nacional”. No nos equivoquemos, porque lo que surgió en España tras la Guerra Civil, al margen de ideologías y luchas viscerales, en lo que a las formas políticas se refiere, fue un Estado muy a la europea: centralizado, fiscal, garantista y con una burocracia organizada.

Es cierto que introducía una tradición extraña a nuestra cultura política, mucho más orgánica, regionalista y centralizada, y también lo es que una corrección imprudente llevada a cabo durante el régimen de 1978 ha producido excesos e irregularidades indeseadas señaladas a menudo en el ideario de VOX: 17 parlamentos, expolio, corrupción, oligarquías regionales y corrupción. Es cierto, por tanto, que VOX tiene un modelo de Estado y que ese modelo tiene resonancias históricas franquistas, pero no es fascista, es un Estado social y, por tanto, comparte elementos con la social-democracia, con el socialismo y con el nacional-socialismo, todos con una matriz común nacida tras la Primera Guerra Mundial.

VOX se equivoca en el enemigo

Sin embargo, aunque estas críticas definen las líneas generales del programa, VOX, como otros partidos emergentes, yerra el tiro en cuanto al enemigo, y esto es lo que genera perplejidad y le hace rozar el populismo (solo veremos hasta qué punto es populista cuando tenga el poder suficiente para ponerse en juego). No hay una estrategia planificada para acabar ni con Occidente, ni con Europa, ni con España, esto es un análisis historicista demasiado sencillo como para ser verdad.

Occidente está inmerso en un cambio de época, en un proceso de descomposición y transformación de gran magnitud. Se percibe en el miedo, en la angustia y en la incertidumbre general. Los indicadores culturales sobre la calidad de vida, como el índice de soledad, de media en torno al 25% en todos los países europeos, las tasas de suicidio, la crisis demográfica y la despoblación indican que en Occidente hemos perdido las ganas de vivir, al menos culturalmente hablando. Todo ello indica que, en efecto, algo está pasando, que hay una descomposición cultural y que la tensión política solo puede aumentar. En el contexto global, el brexit, Matteo Salvini, Donald Trump, Vladimir Putin, Corea, el Islam, nacionalismos, Siria, las Iglesias (católica y ortodoxa, principalmente), oligarquías europeas, crisis de la social-democracia, etc. indican que la herrumbre nos está afectando a todos y que lo que es un problema global no puede quedar reducido a un problema nacional.

Es de lamentar, es cierto, pero la “España viva” no ha despertado, pero sí está molesta y nadie tiene la exclusividad para reconducir ese malestar. “España viva” sería un pueblo unido, alegre, con ganas de construir, abierta al mundo, sin una línea infranqueable entre el amigo y el enemigo, y con capacidad de incorporar las oportunidades que brinda la historia. Santiago Abascal decía que “España se levanta, España despierta (…) frente a los cobardes y los traidores”. Puede ser rentable electoralmente señalar al enemigo, como hacen todos, porque el enemigo une, pero más cierto aun es que las grandes culturas universales, entre ellas la española, no se levantaron contra nadie, sino que tenían dentro el principio vital que las alimentó.

Imagen de portada: Escenario del último mitin de la formación de Santiago Abascal en Madrid | Flickr.com/Vox
Escrito por

Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas. Profesor de Filosofía del Derecho y Política. Autor de los libros "Génesis de Estado Minotauro" y "La monarquía constitucional. Los orígenes del Estado Liberal según Chateaubriand"

Ultimos comentarios
  • Antes de asegurar que no hay una estrategia planificada para acabar con occidente, le recomiendo que observe con detenimiento lo que hace la ONU y otros organismos internacionales. ¿ha leído las conclusiones de las cumbres más polémicas? ¿sabe por qué el Vaticano no las firma o las firma con reservas?
    Pregúntesé por qué los paises que se niegan a aceptar el aborto o la ideología de género tiene más problemas para conseguir ayuda del FMI o tienen problemas en la Unión Europea.
    Preguntese por qué Soros Fue uno de los primeros extranjeros en visitar al actual presidente de España.

  • VOX, no es el problema. Es la reaccion de un sector cansado de un sistema social, educativo creado por los gobiernos de izquierda, que el centroderecha con mayoria absoluta, no tuvo narices de derogar, ademas de la chapucera y blandita aplicacion del art. 155.

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