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Turismofobia: la izquierda radical fija su mirada en lo que provoca bienestar y progreso

El sector turístico lamenta que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, haya tardado en exceso en responder y no anuncie ninguna medida inmediata. 

El pasado día 1 de agosto,  la alcaldesa de Barcelona anunció que no tomaría ninguna medida contra la turismofobia que ha provocado ataques violentos a autobuses, bicicletas y hoteles en la capital catalana. Lo de anunciar es un decir, pues Ada Colau no interrumpió sus vacaciones para asistir al pleno en el que se analizaron estos sucesos, y tuvo que ser el concejal de Turismo Agustí Colom el que tuvo que dar explicaciones y sobre todo anunciar que Colau había estado en todo momento pendiente de la crisis y que su presencia había sido a través de las redes sociales. ¡Que cosas! Evidentemente la oposición no se calló y responsabilizó directamente a la alcaldesa de fomentar con sus políticas municipales un odio a los visitantes que ahora está dando sus frutos. No les faltaba razón. Pero sigamos con el orden del día municipal, que da muchas luces sobre lo que está aconteciendo.

El equipo de gobierno del Ayuntamiento, con Colom a la cabeza, repasó el asalto sufrido el pasado 27 de julio cuando cuatro encapuchados atacaron un autobús turístico. Recordó que, al día siguiente del sabotaje se había presentado una denuncia –como si la hubiera hecho el consistorio y no el conductor del autobús- y defendió la actuación municipal, recopilando información y presentándola a la Guardia Urbana y a los Mossos. Incluso tuvo palabras enérgicas: “Fue un ataque inadmisible y sin precedentes que no pude volverse a producir en Barcelona”. Pero aquel inadmisible y sin precedentes se quedó en nada al anunciar que no tomarían nuevas medidas –salvo la recopilación, claro- sobre otros sabotajes promovidos por la izquierda independentista. De hecho, al día de hoy, el consistorio sigue sin presentar ninguna denuncia. Y aquí llegamos al nudo de esta puesta en escena.

Además de Ada Colau, estuvieron ausentes las tres concejalas de la CUP. Los antisistema, verdaderos inspiradores de estos y otros ataques que llevaron a cabo sus grupos Arran y Endavant –no hay ninguna duda de su responsabilidad al haberse autoinculpado ellos mismos- anunciaron que no acudiría al pleno. ¿Razones? En un asombroso comunicado la propia CUP calificaba el pleno de “teatro oportunista” y añadía que la comisión no iba a servir para crear “un debate que vaya a la raíz de los modelos turísticos que defienden los diferentes partidos políticos, ni los diferentes agentes sociales de la ciudad, sino que será, sobre todo, un debate criminalizador de las acciones de autodefensa que los barrios de la ciudad están llevando a cabo”.

No me sorprende que la CUP califique un pleno municipal de teatro oportunista; tampoco que hablen de modelos turísticos de los partidos políticos como si en sus programas electorales hubiese figurado alguna vez algún modelo; tampoco que ponga a los partidos en igualdad de condiciones que los agentes sociales. A saber que entienden ellos por agentes… Pero que llamen “acciones de autodefensa” a atacar con cuchillos, gases y pintura, es algo más que una provocación. Y no digamos nada de atribuir esas acciones a los barrios de la ciudad y no a unos supuestos delincuentes sobre los que tarde o temprano deberá actuar la justicia.

Pero, como en toda obra de teatro siempre hay actores secundarios –por el papel que les corresponde o que les gustaría tener en el drama- la ausente Colau entro en escena con un cameo tuitero para pedir a Cristina Cifuentes, que “no utilice un caso aislado para distorsionar la imagen de Barcelona”. Todo porque la presidenta madrileña había reclamado –también en su cuenta de Twitter-, contundencia contra estas acciones turismofóbicas. Acciones en plural: nada de hecho aislado. Pero vamos al desenlace.

A algunos les puede sorprender que la izquierda radical y antisistema haya elegido un sector estratégico como el turístico para sus acciones. No es tan raro. Siempre han puesto su punto de mira en aquello que implicaba progreso y bienestar, fuera el Ave, autopistas, o tuviera un supuesto tufillo español, como los toros o la cultura más internacional. Lo que me ha llamado más la atención es que ese sector buenista de la derecha o del centro hayan aprovechado estas acciones radicales para plantear su debate sobre el modelo turístico alegando que la masificación es mala para todos.

España tiene petróleo, se llama turismo y la izquierda radical no lo quiere

He estado este verano veinte días de vacaciones en San Sebastián. La ciudad está magnífica: limpia –igualita que la pocilga de Madrid- y, sobre todo tranquila. Restaurantes, bares, hoteles, tiendas, museos, casas rurales… todos están felices con la invasión de güiris que llevan un par de años dejándose su pasta en la ciudad y alrededores. Incluso han vuelto los toros a la ciudad. Pues bien, si esa derecha bienpensante y equidistante quiere analizar el modelo turístico de futuro, debería saber que en el gasto medio por turista lleva aumentando en España de manera llamativa en los tres últimos años. Por eso, hablar de turismo de calidad no es ya un proyecto sino una realidad que funciona y está dando sus frutos. Esa es la realidad.

La misma realidad por cierto que hace pensar que si estas actividades delictivas sobre el turismo han tenido hasta ahora tan poca respuesta, solo es porque las fuerzas nacionalistas y de izquierdas siguen pensando que estos nuevos chicos de la gasolina que diría Arzalluz quizá puedan cumplir una misión como fuerza de choque en acontecimientos y próximos sucesos que, evidentemente, nada tiene que ver con el turismo.

Imagen de portada: Pintada en contra del turismo situada en los búnkers del Turó de la Rovira​ en Barcelona | Agencia EFE
Escrito por

Profesor de Periodismo Especializado en la USP CEU. Director de la revista "Ars". Contertulio en el programa "La Linterna" de la Cadena Cope.

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