Diario de análisis, reflexión y valores   

 

Tabarnia no es una quimera, sino un argumento para “ciudadanos libres e iguales”

La respuesta al desafío independentista de Cataluña tiene nombre y apellidos: Tabarnia. Una propuesta en redes sociales sobre la constitución de una nueva comunidad autónoma fruto de la fusión entre la mayor parte de las provincias de Tarragona y Barcelona, allí donde el voto a los partidos constitucionalistas es claramente mayoritario. Aplica a la permanencia en España una dosis de la misma medicina recetada para los que pretenden separarse de ella.

Nos tomamos en serio “Tabarnia” desde que el 27 de octubre se adoptó la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) en Cataluña con 70 diputados a favor, 10 votos en contra y 3 abstenciones. ¿Qué  mayoría basta para escindirse de un Estado soberano? Ahora germinan agravios de parte de los catalanes que se resisten al fait accompli de un brexit ilegal. ¿Qué esperaban de la ficción independentista? Tabarnia esgrime contra el secesionismo los mismos argumentos del independentismo contra España. También en el Valle de Arán aflora un similar desentimiento secesionista.

Pese al 155, muchos dirigentes apoyan el plan separatista sin renunciar a sus planteamientos

El relato tabarnés puede o no ser más verosímil que las ensoñaciones historicistas y económicas del victimismo separatista. Lo relevante es que aplica a la permanencia en España una dosis de la misma medicina recetada para desgajarse de ella.

Según el cuento, basta una mayoría parlamentaria con respaldo refrendado un día 1 de octubre, sin censo, sin listas, sin urnas, sin interventores, sin garantías procedimentales, ni legales… para construir una república de “ciudadanos libres e iguales”. ¿Qué podrían aducir los promotores de ese engendro para que Tabarnia no haga suya su ficción?

Si el experimento del 1 al 27 de octubre fuese “democrático”, la nueva República nacida de esos polvos no estaría legitimada para impedir “que se apliquen los mismos métodos para que los partidarios de la unidad constitucional pudieran reintegrarse en el Estado del que ellos pretenden ‘democráticamente’ separarse”. Métodos que dejan “en evidencia las falacias del independentismo”. Lo escribí días antes de las elecciones: una revocación unilateral de esa declaración sería tan democrática como una declaración unilateral de independencia.

Que alguien rescate a Puigdemont de ese videojuego en el que cree ser un superhéroe

Esta posibilidad demuestra que una independencia arrancada ilegalmente ni siquiera ofrece garantías de estabilidad. Si los constitucionalistas ganaran unas elecciones en una república catalana, la misma regla de tres que sirvió para desgajarla serviría para integrarla. La Cataluña republicana no podría desautorizar a Tabarnia por recurrir a su mismo procedimiento.

Más ilusorio que proclamar la DUI es que la proclamación pretenda tener crédito. Podrá decirse que Tabarnia es por ahora una ”broma”, una boutade. Bien. Ni más broma ni más boutade que presentar a la DUI como una manifestación democrática.

Si a los ayuntamientos que decidieran agruparse para escindirse de la non nata República no se les reconocen competencias, esa circunstancia no diferiría de la del Parlamento catalán atribuyéndose competencias reservadas al Estado para convocar un referéndum ilegal. La razón por la que Cataluña no puede proponer tal consulta es la misma que impide a los ayuntamientos y provincias proponer referendos que excedan sus competencias.

Alcaldes electos forman una corporación democrática de concejales dentro de sus atribuciones. Si la república catalana va a constituirse tras un referéndum sin garantías procedimentales, la misma argumentación ha de valer para que una asociación de corporaciones, tan democráticamente constituidas como el Parlament, declare la independencia de Tabarnia. Provincias y ayuntamientos no podrán hacerlo por el mismo motivo que tampoco puede hacerlo la fantasiosa república.

Una espiral que llega a Andalucía

Algo no funciona sensatamente cuando se vincula la democracia a las oscilaciones de ánimo de una población. No es solo Tabarnia. Similares falacias históricas y argumentos victimistas mueven ahora a andalucistas imaginativos para unificar una república andaluza con Ceuta y Melilla. Remontan su herencia al siglo XV. No entienden que la soberanía de “ciudadanos libres e iguales” no se supedita a tradiciones históricas ni culturales. Dice Gellner que el “nacionalismo que toma culturas preexistentes y las convierte en naciones, que las inventa o las elimina” es un mito. Aunque siempre se puede encontrar en la historia el sustrato que impulsó a un pueblo a adoptar una Constitución para proclamar su soberanía, la Constitución no deja de ser una emanación de la autonomía de las personas que se constituyen como Estado. Personas “libres e iguales” antes de adoptar una resolución que los reconozca como tales. Las reglas para segregarse del Estado constituido por voluntad de personas soberanas no pueden ser menos exigentes que las que aplicaron los constituyentes para decidir libremente constituirse en ciudadanos de un Estado soberano.

Los ciudadanos ejercen su autonomía personal al constituirse en Estado, “pueblo soberano”, cualesquiera que sean las razones históricas, religiosas, lingüísticas o culturales que sirvan de soporte a su voluntad asociativa. Al autodeterminarse conjuntamente, refrendan una regla de obligado cumplimiento para asegurar la convivencia pacífica y dirimir sus conflictos de interés.

La autonomía para constituirse emana de la persona

Nunca Cataluña y Andalucía fueron “pueblo soberano”. Ni las ansias del sentimentalismo independentista ni las apelaciones a una historia precedente sirven para transformar un “pueblo”, “nación” o “país” -sin dudar de que Cataluña o Andalucía lo sean- en un pueblo, nación o país “soberanos”. Es la asunción ex novo de la soberanía, no la historia o la cultura precedente, lo que hace de una comunidad de payeses, vecinos y paisanos, o de una población urbana como la tabarnesa, una constitución de “ciudadanos libres e iguales”.

España alcanza la soberanía por vez primera como régimen constitucional de “ciudadanos libres e iguales” con la Constitución de 1812, y renueva esa soberanía en 1978. Esa circunstancia no se ha dado nunca aisladamente ni en Andalucía ni en Cataluña.

La autonomía para constituirse emana de la persona, no de la religión, la lengua, las tradiciones o las costumbres. Veinte mil lenguas en el mundo no germinan en actos constituyentes de soberanía. Infinidad de pueblos, de etnias y culturas no son soberanos. Ni lo necesitan, mientras el reconocimiento de las personas como “ciudadanos libres e iguales” esté garantizado por una Constitución. Para la catolicidad cristiana, la autonomía de cada persona es constitutiva, no hay que demostrarla. Mientras que la identidad colectiva del grupo, la etnia o la comunidad son adjetivas, la persona es sustantivamente moral.

Recuerda Zygmunt Bauman, en su póstuma Retrotopía, que, cuando se planteó el problema de cómo mantener la integridad del imperio austrohúngaro, Otto Bauer propuso distinguir entre “autonomía cultural” y “autonomía política”. Dentro del marco de protección compuesto por “ciudadanos libres e iguales”que debería ser el imperio, la autonomía cultural quedaba garantizada por el “principio de personalidad”: cada ciudadano decide cómo integrarse en sus raíces étnicas, cómo vivir sus tradiciones populares, cómo expresar sus creencias religiosas. Lo hace en el denso entorno familiar, en el vecindario comunal o en las relaciones asociativas, bajo la garantía de un Estado que proteja y asegure el cultivo de esta diversidad del patrimonio cultural, lingüístico y religioso. Es decir, la Constitución del 78, cuando los españoles decidieron constituirse en un Estado aconfesional de “ciudadanos libres e iguales”.

Imagen de portada: Bandera de Tabarnia
Escrito por

Periodista y escritor. Profesor emérito de la USP CEU.

Ultimo comentario
  • Si Tabarnia logra confundir a los separatistas y enloquecerlos un poco más, está bien pero la unidad de España la tenemos que defender con toda la fuerza del estado español que no es poca si necesitamos usar al extraordinario ejército que tenemos.

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons