Diario de análisis, reflexión y valores   

 

Paradojas andaluzas: el cruel destino de Susana Díaz

En las elecciones andaluzas se ha impuesto la marca. Susana Díaz, abanderada de la oposición a Pedro Sánchez, ha sido víctima del sanchismo. Su destino es cruel: abstenerse para autentificar otra derrota. Si transige, entregará el partido a su adversario.

El 8 de octubre de 2018, Susana Díaz decidió adelantar las elecciones andaluzas. Dicen algunos que conocen bien a la presidenta en funciones de la Junta que tiene el defecto de titubear demasiado. Tardó en presentar su candidatura a liderar el PSOE y dejó tiempo y recorrido a su rival, Pedro Sánchez, para ahormar la suya en torno a un doble propósito: liderar Podemos desde el partido hegemónico de la izquierda, convenientemente corregido y adaptado a sí mismo. Cuando Díaz decidió competir, era tarde. Sánchez había iniciado la ruta contra los poderosos en su modesto Peugeot. Sobre el adelanto andaluz también dudó. Lo justo para convocar en un momento delicado, fronterizo: no al calor del “efecto moción” propiciado por su eterno rival. A pesar de sus palabras y colores, siempre ha estado más cerca de Mariano Rajoy que de Sánchez.

Anunció elecciones cuando el halo triunfalista de Sánchez decaía y su Gobierno se chamuscaba entre el affaire Delgado (Dolores), el contrato de las armas saudíes, la entonces reciente dimisión de la ministra Carmen Montón o la heterodoxa declaración de impuestos de Pedro Duque. En lugar de disolver el Parlamento andaluz para aprovechar el tirón, acabó haciéndolo para controlar los daños. Mucho más cuando, a los tres días de anunciar la fecha, Sánchez escenificó su “coalición” con Pablo Iglesias igualando sobre el papel el “logo” del Gobierno de España con el de Unidos Podemos. Y todavía más cuando supo que tendría que asumir el desgaste que suponía que sus electores viesen a Iglesias negociar el plan presupuestario del Gobierno en una sala de visitas de prisión con los presuntos cabecillas de rebelión, sedición y malversación.

La gran paradoja de la caída de Susana Díaz

A finales del año 2015, recién celebradas las elecciones en las que el PSOE obtuvo sus peores números -aunque mejores que en 2016-, Sánchez propuso a los “barones”, en un agitado comité federal, una alianza contra el PP para poder gobernar. Susana Díaz le puso dos límites que lo maniataron: no con Podemos y en ningún caso con los nacionalistas. En 2018, Sánchez llegó a Moncloa con el apoyo de ambos y Díaz tenía que zafarse de ese baldón en su territorio. Es la gran paradoja de la caída de Susana Díaz: ella, adalid contra la deriva de su partido, abanderada de la oposición al sanchismo, ha sido la primera víctima del sanchismo en el poder. Sánchez la ha derrotado por segunda vez.

Los perdedores ocultos de las elecciones andaluzas

Mientras Sánchez se acercaba a Iglesias, Díaz pretendía alejarse de Teresa Rodríguez -líder anticapitalista de la franquicia de Podemos en Andalucía-, que también se distanciaba de Iglesias imponiendo su propia marca –Adelante Andalucía-, pero asumiendo a la vez la estrategia de Iglesias de concurrir con IU. La izquierda se encerró en su laberinto, del que quiso salir demonizando a la derecha.

La irrupción de Vox

He aquí la segunda de las paradojas de las elecciones andaluzas: a Susana Díaz y a Teresa Rodríguez les convenía una campaña en clave regional; sin embargo, no pararon de hablar de Vox. Consideraban al partido de Santiago Abascal una fuerza residual, pero le dieron alas. Creyeron que restarían al PP y Cs los apoyos necesarios para sumar juntos. Vox creció como la espuma en la última semana de campaña. En ese momento, Juan Moreno Bonilla y Juan Marín ya habían manifestado que, si los números daban, desalojarían a Susana Díaz del Palacio de San Telmo. A la presidenta solo le quedaba el asidero de su bestia negra en la región: Rodríguez. Puede que la diputada gaditana haya respirado aliviada: la sorprendente irrupción de Vox le permite no renunciar a sus principios y mantener inmaculada -aunque irrelevante- a Adelante Andalucía.

Elecciones andaluzas. Las banderas de España se traducen en votos

En 2016, Pedro Sánchez, inasequible al desaliento, comunicó al Rey, ante el desistimiento de Rajoy, que tenía los apoyos para gobernar. Fracasó su triple alianza con Cs y Podemos. En marzo, en la sesión de investidura, sugirió al Grupo Popular que se abstuviese para no bloquear el pacto de Gobierno que había firmado con Cs. Ahora insta a Díaz, con la boca pequeña, a no renunciar. Meses más tarde, tras la repetición de las elecciones, Susana Díaz propuso la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy para desbloquear la formación de Gobierno y asegurar que gobernase la lista más votada. Entregó a Sánchez la baza del “noesnoísmo”. De aquel sentido de Estado del PSOE que languidece solo se acuerdan sus críticos. Cruel destino el de Díaz: abstenerse otra vez para autentificar otra derrota. Esta vez no puede hacerlo. Se trata de sí misma, de la lista más votada, de su territorio y de su oposición… a Sánchez. Si transigiese, entregaría definitivamente el partido a su adversario.

Cayeron los líderes y se resistieron los partidos

La tercera gran paradoja es que, como las expectativas del PP se reducían a quedar segundo, su caída no parece tal ante el desplome del PSOE. Pablo Casado se vio obligado a multiplicarse en la campaña andaluza para sostener a un candidato que no era de su cuerda y en quien no confiaba demasiado. Por extraño que resultase, ligó parte de su suerte a la de Moreno Bonilla y a la voluntad de cambio de una autonomía que nunca la había demostrado. He aquí la cuarta paradoja: en tiempos convulsos y de crisis de los partidos, cayeron los líderes y resistieron los partidos. Cs y PP tenían los cabeza de cartel más cuestionados, así que sus dirigentes nacionales se volcaron durante la campaña. El candidato de Vox era un completo desconocido. Se impuso la marca. Susana Díaz y Teresa Rodríguez no querían ver ni en pintura a sus respectivos secretarios generales. La primera, porque cree que Sánchez lidera un partido que ya no es el PSOE; la segunda, porque ella encabeza una plataforma que no es Podemos. Ambas personalizaron la campaña sin éxito. Una y otra, afligidas y pasmadas, se lamen las heridas. Sánchez e Iglesias se sacuden los hombros; artífices de la derrota, pasaron de puntillas por allí. Sostienen que no hay pruebas comprometedoras de que esto vaya con ellos.

Imagen de portada: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y la presidenta de la Junta de Andalucía en funciones, Susana Díaz, durante un acto de su partido | Flickr/PSOE
Escrito por

Máster en Periodismo por la USP CEU-El Mundo. Profesor de la UC3M y autor de "Presidentes de Estados Unidos" (ed. La Esfera de los Libros). Articulista de El Mundo y colaborador de 'Buenos Días Madrid', en Onda Madrid

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons