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Soberanistas con ayuda de Podemos acosan a la justicia como nunca en nuestra democracia

Estos políticos que hoy vierten sus críticas sobre las autoridades judiciales y sus sentencias son los mismos que optaban por el silencio cuando se encarcelaba a presos de otro signo ideológico. 

Durante los últimos años he conocido de cerca a muchos contertulios, hoy llamados tertulianos. Se trata, sin duda, de una especie protegida dentro de la profesión periodística a la que aspiran muchos comunicadores pero que, por motivos de espacio, está reservada para unos pocos. Bueno, ya no tan pocos. El tertuliano era aquel profesional que estaba dispuesto a hablar de todo sin decir muchas tonterías. Pero, como el tiempo hace de las suyas, el prudente silencio que en otro tiempo se valoraba hoy ha dado paso al espectáculo. Salvo honrosas excepciones, como en La Linterna de Juan Pablo Colmenarejo, se lleva el gato al agua el que monta el lío, el que más grita e incluso el que llega a insultar al que no opina como él. ¡Qué les voy a contar! soberanistas

Todo esto viene a cuento de lo visto y oído en los últimos días. Durante ellos, hemos visto cómo licenciados en Ciencias de la Información –en el mejor de los casos- se convertían de la noche a la mañana en exégetas de autos y sentencias de jueces o fiscales. Yo, que de esto sé poco, tengo un magistrado del Supremo al que llamo cada vez que intuyo que tendremos que hablar de alguna de estas cosas. El valor de este jurista es que se hace entender con facilidad, cosa nada fácil en ocasiones, y que utiliza argumentos fácilmente comprensibles, incluso por la profesión tertuliana. soberanistas

Por eso, cuando he visto y oído la sarta de memeces que se han dicho sobre la juez Carmen Lamela, el fiscal general del Estado o cualquier petición de la Fiscalía, me quedo perplejo. Y es que una cosa es opinar sobre las intenciones de los políticos o analizar sus decisiones y otra muy distinta opinar sobre algo que, en el mejor de los casos, se desconoce. Siempre he pensado que la solución para este despropósito era invitar a jueces y fiscales –los hay de todas las ideologías, por cierto- y que fueran ellos los que explicaran las cosas, pero la razón de por qué no se les invita me la dio un presentador de televisión este fin de semana: “Es que son muy aburridos”. La afirmación, además de injusta, me pareció bastante grosera. Pero claro, no hay más que ver lo que ocurre en su programa para darse cuenta de que prefiere que sea Bárbara Rey la que comente la posible extradición de Carles Puigdemont, siempre que aderece sus explicaciones con los problemas personales que ella tuvo con la justicia, a que venga un juez y aclare las cosas a los presentes. soberanistas

La juez Lamela investiga los pasos de Trapero y los Jordis en su hoja de ruta independentista

Por eso, no tengan ninguna duda: los independentistas catalanes quieren politizar la justicia. Y lo quieren hacer para justificarse ellos mismos. No en vano habían diseñado una república en la que el poder político no solo nombraba a los jueces, sino que también decidía si se perdonaban los delitos a los independentistas, o a los que se habían llevado el 3%. soberanistas

Asistimos en el entorno soberanista y sus empotrados –Podemos, Cataluña Sí que es Pot, la CUP y lo que venga- a un acoso a la justicia nunca visto con anterioridad en nuestra democracia. Me dirán que ETA mataba a jueces y fiscales, y lo recordamos todos con dolor. Pero si alguien asesina a una persona no es porque quiera combatir sus palabras y argumentos. Aquello era simple odio. Pero aquí la estrategia es distinta. Estamos asistiendo a una posverdad particular, lenguaje incluido. El hecho de que existan, según ellos, presos políticos -¿quién no recuerda el Presoak kalera (presos a la calle)?-, justicia politizada o sentencias manipuladas supone trasladar a la judicatura una presión intolerable que ni siquiera la cercanía de las elecciones autonómicas justifica. Pero que estos argumentos sean comprados por una parte de la prensa, me parece mucho menos justificable.

Soberanistas que saben más de conveniencia que de justicia

Y dos precisiones más. La primera: esos políticos que critican hoy a jueces y sus sentencias son los mismos que callaban cuando se encarcelaba a políticos de otros partidos, se les sometía durante más de cuatro años a presión preventiva sin fianza, o cuando se llevaba a comisaría, esposados y rodeados de cámaras de televisión, a concejales que eran liberados al día siguiente. Son los políticos que critican hoy los escraches que les hacen, pero que aplaudían o se sumaban a los que sus compis hacían. No saben de justicia. Saben de conveniencia.

Y la segunda. Alimentar a la opinión pública con dudas o críticas permanentes al poder judicial no es bueno. Todos tenemos experiencias –tristes experiencias, a veces- de lo mal que puede llegar a funcionar el tercer poder. Pero no tengan ninguna duda: se vive mucho peor en la selva o en el Lejano Oeste, aquellos lugares donde solo impera la ley del más fuerte. Hemos aprendido con esta crisis catalana que es la Ley la que hace posible nuestra convivencia, la que garantiza nuestro presente y nuestro futuro. Y tengo la impresión de que es precisamente por esto por lo que se la quieren cargar.

Imagen de portada: El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias (d), junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el portavoz de En Comú Podem, Xavier Domènech (i), durante el acto de Catalunya en Comú con motivo de la Diada del 11 de septiembre | Agencia EFE
Escrito por

Profesor de Periodismo Especializado en la USP CEU. Director de la revista "Ars". Contertulio en el programa "La Linterna" de la Cadena Cope.

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