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Santiago Abascal, sin caballo, frente al CIS y los Goya

Santiago Abascal y su partido siguen estando en el centro del debate político. La irrupción de VOX se enfrenta a factores como el CIS o el “vacío” de los Goya.

William Shakespeare, que tanto enseña, resumió el gran dilema al que nos enfrentamos todos en su categórico “ser o no ser”. Lo último de VOX ha sido “no ser”: no estar presente en la gala de los Premios Goya, esa ceremonia a lo Hollywood organizada por la pomposamente denominada Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, donde se agrupa lo que se conoce como el mundo del cine.

Esta vez, las distinciones -unas esculturas de la cabeza de Goya, que tiene que ver con el invento de los hermanos Lumière lo que la velocidad con el tocino- se entregaban en Sevilla, capital de la irrupción triunfal de VOX, el partido de Santiago Abascal, en un Parlamento regional, tras las elecciones que han arrebatado el poder al PSOE en Andalucía y han echado a Susana Díaz de la presidencia de la Junta.

Pues bien: haciendo el juego a los que quieren que VOX sea un “partido leproso”, en torno al que hay que establecer un cordón sanitario, los “académicos” del cine, que valoran las invitaciones a su gala como si fueran lingotes, y se dan el gusto de convocar a los políticos para que sufran sus bromas a veces groseras, han ignorado al partido de Santiago Abascal. “No está representado en el Congreso de los Diputados”, ha sido el pretexto. Abascal ha salido a la palestra para recordar que la gente huye del cine español, y que los buenos son Clint Eastwood y Mel Gibson, dos cineastas norteamericanos de perfil conservador.

El escrache preventivo de la izquierda contra VOX

Pero, al margen de las preferencias fílmicas del mandamás de VOX, lo que está pasando con el último partido que ha saltado al ruedo ibérico, y cuyas expectativas electorales no parecen malas a juzgar por lo ocurrido en las autonómicas de Andalucía (en las que el CIS de Tezanos le pronosticó un solo escaño y obtuvo una docena), es que resulta el complemento obligado para una coalición con el PP y Ciudadanos. No solo cambia el mapa electoral, sino que, con VOX de aliado, el centro derecha puede gobernar, como en Andalucía. Para evitarlo, si no se puede negar su existencia, se les denigra. Pedro Almodóvar, el hechicero de la tribu, dijo en la gala de los Goya que lo mejor era no hablar de un partido de tres letras, cuyo nombre él ni siquiera pronunciaba, algo que recomendaba hacer a todo el mundo.

Por ello, Santiago Abascal no puede renunciar a su presencia en la vida española para difundir, con total naturalidad, su mensaje político. No es un fanático agresivo que quiere resucitar el fascismo. Coincide con Donald Trump, no con Marine Le Pen, como ha explicado uno de los ideólogos de su partido, Rafael Bardají.

VOX no ha llegado por arte de magia: es, aunque no quiera reconocerlo, una escisión del Partido Popular. Se parece al PP de antes de Mariano Rajoy. Pregona lo que el PP no se atrevió a hacer. De ahí que mucha gente de su antiguo partido, empezando por Pablo Casado, lo vea como colaborador necesario si se quiere derrotar a la izquierda en las próximas elecciones generales. Andalucía ha señalado el camino y hay que ser ciego para no verlo. No lo verá Tezanos, por supuesto, y hará lo imposible para que parezca que no existe, siguiendo la recomendación de Almodóvar.

La política es ceder y debatir

Santiago Abascal, defensor de la caza y los toros, ha aparecido en algunos vídeos de propaganda montado a caballo. El caballo es símbolo de poder y, en Andalucía, emblema de señoritos, como recordaban las viñetas de Chumy Chúmez. Ahora, tras su éxito, está acaparando focos, programas informativos y redes sociales.

Sus mítines ya no son una reunión de cuatro amigos: este tranquilo exmilitante del PP, curtido en la resistencia a ETA, ha conseguido levantar una formación política llamada a ser bisagra. Pero después de lanzar algunos soflamas, de amagar y no dar, de permitir que su secretario general, lleno de ocurrencias (y que se ha batido el cobre contra el procés) haga algunas declaraciones extravagantes, ha firmado un pacto de gobierno con el Partido Popular que anticipa futuros escenarios. Se ha bajado del caballo.

Porque, si subido a un caballo no se puede gobernar (ni los turcos, consumados jinetes, eran capaces de eso), tampoco es una postura recomendable para hacer oposición. Una de las estrellas emergentes del Partido Popular, Isabel Díaz Ayuso, designada por Casado candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, que dice cosas como que Sánchez es un okupa de La Moncloa, ha recordado a Abascal la regla de oro del consenso: “La política no es tan folklórica como la plantea VOX: hay que ceder y debatir”. Y hasta un ministro socialista, el de Cultura, José Guirao, acaba de afirmar en un desayuno de Europa Press: “Con el consenso todo es más sencillo”.

El presidente argentino Juan Domingo Perón, padre del peronismo (doctrina no tan alejada de nuestros escenarios), usaba muchas metáforas hípicas. Argentina es un mundo de caballos. Mirando hacia Andalucía, hoy utilizaría esto que dijo más de una vez: “Hay que desensillar hasta que aclare”.

Se avecina niebla intensa e incertidumbre creciente. Quizá lo más prudente sea desensillar. Al final, siempre aclara.

Imagen de portada: Ilustración de Santiago Abascal a partir de su video previo a las elecciones andaluzas. | VOX
Escrito por

Periodista. Expresidente-director general de la Agencia EFE.

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