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Nicolás Maduro juega con fuego . La UE pasa a la acción y prohíbe el envío de armas al país

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, está jugando con fuego. A los problemas internos se le suman las sanciones externas y, para colmo, la propia oposición se divide dando pistas de lo que podrían ser los próximos pasos en materia electoral.

La reciente tanda de sanciones de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá a Venezuela refleja que Nicolás Maduro no está jugando limpio desde hace tiempo. Persigue, encarcela y juega con los políticos a su antojo, ‘dándole piso’ a que las democracias occidentales estén alerta ante los desmanes de las políticas que, por extremas en materia de manejo económico, hambrean al pueblo y lo alejan de la salud.

Ya no basta con destacar las largas colas para conseguir los alimentos que provienen de tierras lejanas, sino que la inflación chavista alcanza frioleras cifras que, de tantos ceros, no es posible entender cuánto cuestan los diferentes rubros en el país latinoamericano.

Lo peor viene cuando se sabe, desde hace mucho, que los países productores de armas, esos que han hecho la vista gorda frente a los atropellos del chavismo desde sus inicios en 1999 contra el pueblo opositor, han apertrechado a los militares y milicias chavistas hasta convertirlos en peligrosos ejércitos armados contra los civiles, dejando claras huellas de su acción bélica en los rostros y cuerpos de los venezolanos que, en su legítimo derecho de protesta, han alzado pancartas en contra de esas políticas que han acabado con el aparato productivo o, en el peor de los casos, han acabado con la vida de algún manifestante con esas mismas armas que ha ido coleccionado el régimen chavista desde que tomaron el poder.

¿Qué es lo que está en juego? ¿Qué dicen la UE y Estados Unidos? ¿Por qué estas sanciones ahora?

La Unión Europea acaba de aprobar un embargo de armas que pueden ser usadas para reprimir al pueblo. Estas sanciones diplomáticas se traducen en que los 28 países miembros no podrán enviar armas al régimen venezolano, así como tampoco dispositivos de vigilancia electrónica.

Además, se busca crear una lista negra de afectos al régimen y a esos excesos represores que, por añadidura, tendrán vetada la entrada a los países de la Unión Europea. Esta medida hará que esas personas afectas al régimen de Nicolás Maduro vean limitado su campo de acción en materia migratoria.

Evidentemente, este tipo de medidas no afecta directamente al pueblo. Al contrario, mantiene los cauces de diálogo que ha emprendido el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero y, por demás, alivia las posibilidades represivas en un futuro inmediato, al no poseer los órganos de seguridad del Estado venezolano las municiones para emprenderla contra la ciudadanía.

Las medidas aprobadas por la UE no reconocen tampoco a la Asamblea Nacional Constituyente, porque vulneran el orden institucional venezolano, así como también denuncian que en las elecciones regionales del pasado 15 de octubre hubo irregularidades.

Por otra parte, la satisfacción de Estados Unidos y Canadá es inmensa. Al sumarse la Unión Europea a estas sanciones, ya son varias economías fuertes las que acometen medidas sancionatorias contra el Gobierno de Caracas.

Ahora bien, se plantea que estas medidas de control de armas tienen un rango de acción bastante limitado porque tanto China como Rusia, principales acreedores de Nicolás Maduro, siguen vendiendo armas al Gobierno del Palacio de Miraflores.

A la represión se suma la hiperinflación

El pueblo está entre la espada y la pared. Con una economía hiperinflacionaria, el Fondo Monetario Internacional estima que la inflación venezolana alcanzará el 1.133% este año 2017, lo que deja en ridículas proporciones los ceros de las calculadoras y, por supuesto, el manejo de la economía familiar.

Si se mira al salario mínimo, recientemente aumentado por el Gobierno el pasado 1 de noviembre a BsF 456.507,oo, y se le agregan los tres ceros que se le habían quitado en 2007, el salario mínimo alcanza la friolera de Bs 456.507.000,oo. Con esa cantidad de dinero, en 1992 se habrían podido comprar 76 pisos o apartamentos de 60 metros cuadrados. Ahora, si traducimos esa cantidad de bolívares del salario mínimo a la divisa europea, son 7,48 euros mensuales. La pregunta inmediatamente es: ¿qué se puede comprar con siete euros y medio al mes? Nada, sencillamente nada. Un ejemplo es el coste de la carne. Un kilo de carne alcanza la cuarta parte del salario, con un precio de BsF. 100.000 (y subiendo). Esas cifras son inmanejables en la economía doméstica. Que un salario mínimo no sea capaz de satisfacer las necesidades alimentarias básicas es, por decirlo en dos palabras, pasar hambre.

División en la oposición 

El otro problema es que la presión social que se sostuvo desde abril hasta inicios de septiembre se agotó. La gente se frustró, la misma oposición empezó de demostrar fisuras que terminaron en fracturas importantes, hasta tal punto que, al quedar libre el opositor Yon Goikoechea, manifestó que se separaba de su partido político, Voluntad Popular, el mismo de Leopoldo López. Este partido político expresó que no se presentaría a las elecciones municipales por la misma razón que se alejó el entusiasmo que mantuvo la calle caliente: la desconfianza en el órgano electoral.

Las voces al respecto de acudir o no a las elecciones son diversas desde las pasadas elecciones a gobernadores. Con fuertes limitaciones por parte del Gobierno y la complacencia de los demás poderes del Estado, las opciones de avanzar en materia de poder se desvanecen mucho más si la propia oposición no se presenta a las elecciones.

Se incrementan las presiones externas

Nicolás Maduro juega con fuego al seguir con sus políticas represivas, no poder controlar la inflación y, a la vez, no poder mantener la estabilidad social. La presión que tuvo dentro pasa a esas medidas extranjeras, dentro de las que las impuestas por los Estados Unidos son las más duras: la no compra de crudo venezolano. Estas acciones de la Administración Trump afectan directamente a la filial de Petróleos de Venezuela (PDVSA) en Estados Unidos, Citgo.

Con tres refinerías ubicadas en los estados de Illinois, Texas y Louisiana, Citgo necesita casi 800 mil barriles diarios de petróleo que, por no provenir de Venezuela, debe comprar a quienes se lo suministren, con el agravante de no tener crédito con los productores de petróleo crudo y, en consecuencia, no poder enviar a las oficinas de PDVSA en Caracas las divisas necesarias para mantener el aparato digestivo del Gobierno: las dádivas compradoras de conciencia.

A Nicolás Maduro se le complican las cosas. Ha conseguido un refinanciamiento de su deuda con Rusia y China pero, no contento con ello, acusa al presidente de la Asamblea Nacional de ser el responsable del embargo que ha impulsado el presidente norteamericano.

Total, que Nicolás Maduro juega con fuego. Si hace poco tenía presiones internas por las manifestaciones, estas se han virado, se han agudizado porque, sin duda, las necesidades de ayuda humanitaria del pueblo venezolano son patentes tanto en hambre como en salud.

Escrito por

Consultor de Comunicación y profesor de la UCJC. Exdirector de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.

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