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La difícil reconciliación nacional cuando se predica el odio cainita

El Gobierno ha preparado un vídeo para conmemorar el 40º aniversario de la Constitución, el mayor fruto de la reconciliación nacional. Sin embargo, con la guerra acabada y la Transición como hito histórico, la sombra de Caín planea de nuevo sobre España.

En medio del guirigay en que se ha convertido la vida española, alguien ha tenido la feliz idea de recordar que hace 40 años nos dimos una Constitución que culminaba el esfuerzo político desplegado en busca de una salida a la larga dictadura de Franco y que quizá sería bueno hablar de ello. O sea, recordar, como se merece, la conquista de un texto legal refrendado por el conjunto de la nación, que remataba constitucionalmente lo que hemos convenido en llamar la Transición. Como tantas veces se ha reconocido, no era fácil pasar de una dictadura a una democracia, pero, frente a muchas dificultades, la Historia ha ido avanzando en la buena dirección. Lo dicen los protagonistas del vídeo que ha preparado el Gobierno para conmemorar los 40 años de la Constitución, dos combatientes enfrentados hace 80 años en la Batalla del Ebro y que ahora se han reunido para dejarse retratar como dos ancianos cordiales y amigos: todo ha cambiado mucho y 40 años es ya bastante tiempo. Viva estampa de la reconciliación nacional.

Los felices supervivientes de aquella terrible batalla, una de las más encarnizadas de la guerra, se llaman Germán Visus y José Mir. Fueron movilizados al comienzo de la contienda, pasaron las de Caín en el frente, y han vivido para contarlo. Tienen 102 y 98 años, respectivamente, nada menos. Aunque no les gusta recordar la guerra, hablan con naturalidad del ayer, de sus hijos y de su vida actual. Sin embargo, el mensaje de este vídeo, que recuerda que la guerra es pasado y que sus heridas están cicatrizadas, no casa bien con el clima que algunos intentan crear en torno a la llamada, impropiamente, memoria histórica. La Historia es una cosa y la memoria, otra: el dato frente a lo subjetivo. Es seguro que los dos jubilados del vídeo tienen un recuerdo distinto, lleno de emociones propias, de la batalla que decidió el destino final de la guerra de España.

Una Diada tomada por el independentismo y que no alivia su fractura interna

Los más de cien días del Gobierno mágico, por inesperado y lleno de trucos, de Pedro Sánchez, han venido acompañados, como las tormentas del final del verano, de fuerte aparato eléctrico. Sánchez se ha quedado con el abanico que exhibía Soraya Sáenz de Santamaría en los mítines cuando competía con Pablo Casado por la herencia de Mariano Rajoy al frente del PP: lo ha desplegado para que se vea bien que lo abarca todo. ¡Hasta el destino del Valle de los Caídos y de la tumba de Franco! Algunas varillas del abanico pueden, como algunos ministros, romperse y tener que ser sustituidas, pero tenemos recambios. El tópico abanico de posibilidades lo abarca todo. También una reconciliación nacional desde el desquite y supuestas cuentas pendientes. Déjenme gobernar hasta el año 2030 y España será otra.

El espíritu cainita envenena nuestros sueños

Este es el problema. Cuando la guerra está archivada y la Transición figuraba, legítimamente, como una de las efemérides modernas más dignas de nuestra Historia, en la convivencia nacional actual ha reaparecido lo que Antonio Machado llamó “la sombra de Caín”. Es decir, el odio fratricida, la imposibilidad de entendimiento, lo que Francisco de Goya tituló Duelo a garrotazos: un cuadro estremecedor que se puede contemplar en el Museo de Prado (que celebrará el próximo mes de noviembre su bicentenario) y que resume, desde los tiempos convulsos del gran artista aragonés, que retrató de modo insuperable las tragedias y alegrías de su tiempo, lo peor de los españoles. Lo más alejado de la reconciliación nacional.

Duelo a garrotazos elevó a símbolo ese espíritu cainita que ha envenenado tantas veces nuestros sueños: dos hombres, hundidos en el barro, se golpean con saña, sin aparente posibilidad, dada la proximidad de sus figuras y la ferocidad de sus actitudes, de paz, de entendimiento, de acuerdo, de reconciliación nacional.

Un Gobierno a trompicones. 100 días de bandazos para Pedro Sánchez

¿Tenemos que seguir contemplándonos en ese espejo de Goya? Ojalá esta virulencia actual sea pasajera, como el viento que sopla todos los años sobre la Diada de Cataluña. Pero el exministro y excomisario europeo Joaquín Almunia, en la presentación en un desayuno de una de las estrellas del Gobierno de Sánchez, Nadia Calviño, titular de Economía, se sintió obligado a decir: “Estamos en un momento en España en el que parece que hay que pedir perdón por conseguir un acuerdo”.

Como doña Nadia no quiso reconocer que hay un “frenazo” en la economía (recuérdese que Pedro Solbes jamás habló de crisis) y amenazó con subir los impuestos, debo confesar que la frase de Almunia me pareció la mejor del desayuno.

Imagen de portada: Duelo a garrotazos, obra de Francisco de Goya realizada entre 1820 y 1823 | Museo del Prado
Escrito por

Periodista. Expresidente-director general de la Agencia EFE.

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