Diario de análisis, reflexión y valores    

 

Junqueras y los dos Jordis nunca quisieron la ‘vía Forcadell’ porque el desafío continúa vivo

El juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena ha decido mantener en prisión al exvicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras,  a los Jordis, y al exconseller de Interior, Joaquim Forn. El motivo de dicha decisión viene motivado por su negativa a  acogerse a la llamada ‘vía Forcadell’: comprometerse a no continuar por la deriva secesionista. Por otra parte, el magistrado ha decretado libertad bajo fianza de 100.000 euros para los exconsellers Raul Romeva, Carles Mundó, Dolors Bassa, Meritxel Borrás, Jordi Turull y Josep Rull.

Oriol Junqueras, el exconsejero Joaquím Forn -mando directo del mayor de los Mossos, Josep Lluis Trapero– y los dos JordisJordi Sánchez y Jordi Cuixart– siguen en prisión. Siguen por no haber querido acogerse a la conocida ya como ‘vía Forcadell’: ese mecanismo por el que, pese a existir nulas dudas de un comportamiento delictivo de sedición y rebelión, la expresidenta del Parlamento catalán ha podido librarse de la prisión preventiva por comprometerse verbalmente a no continuar en la reiteración delictiva.

Junqueras y el resto de los que continuarán en prisión lo van a hacer por decisión propia. Porque tensaron la cuerda de su declaración ante el juez Pablo Llarena, de forma que nunca se les pudiese acusar de haber abandonado la causa separatista. Y ello, pese a saber que había una predisposición a dejarlos salir de la cárcel si mentían y afirmaban acatar la legalidad sin fisuras. Pero lo cierto es que les preocupa más que no se les pueda tachar de traidores al separatismo que el propio hecho de seguir en prisión. Porque, en el fondo, dan por hecho -y probablemente acierten- que, de una forma u otra, su paso por la cárcel no será demasiado largo.

Y ese es el verdadero problema. Que tras un golpe de Estado siguen teniendo más entusiasmo por seguir firmes en su desafío constitucional que miedo a la justicia y al Estado de derecho.

Por eso osaron negarse a contestar a buena parte de las preguntas ante el Tribunal Supremo. Incluidas las del propio fiscal. Por eso acudieron ante el juez Llarena con unas declaraciones pactadas entre sus abogados y afirmaron que acataban el 155 pero que, en ningún caso, renuncian a su fin separatista. Y por eso Junqueras y los dos Jordis respondieron que “sí” renunciaban a la declaración unilateral de independencia pero con fuertes matizaciones. Porque su plan sigue y, por ello, no podían dejar constancia de que acataban la Constitución Española. Porque, uno, no la acatan y, dos, exclusivamente se encuentran, como afirmaron, en “un cambio de estrategia”, donde deben prevalecer las “negociaciones, los pactos y los acuerdos”. Porque, según su versión, “inician una nueva etapa” en la que tan solo están dispuestos a disimular afirmando que su acatamiento de la legalidad lo es “dentro de los márgenes de interpretación de la Constitución”.

Por todo ello, la Fiscalía no ha dudado en afirmar que todos se encuentran dentro de “una organización delictiva” que mantiene una “hoja de ruta” común y coordinada. Porque lo son. Una organización delictiva que no se ha disuelto y sigue operativa en demasiados aspectos.

La documentación entregada por la Guardia Civil al Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona relata con gran detalle el papel en el golpe, por ejemplo, de Marta Rovira. Lo relata hasta el punto de dejar claro que fue la gran coordinadora de los avances en el desarrollo de lo que ellos denominaban “estructuras de país”. En materia de sistemas informáticos, de material electoral, de seguimiento del desarrollo de la Hacienda separatista, de control de los locales y urnas para el referéndum ilegal o de cualquier otro detalle. Porque todos los responsables sectoriales del golpe tenían orden de ser supervisados por Marta Rovira, tal y como ha detallada la Guardia Civil. Y esa misma Marta Rovira es la que hoy lidera la campaña electoral separatista por parte de ERC. Con plena continuidad de mensaje. Con plena convicción en sus fines ilícitos. Porque ellos siguen en el golpe.

Los altos cargos de confianza de la Generalitat que no fueron cesados tras el 155 permanecen en sus cargos y, pese a las críticas al Gobierno, reciben su salario mensual del Estado. Se trata de dirigentes de confianza de Carles Puigdemont y de los exconsellers, cuyos sueldos, en muchos casos, superan al de cualquier miembro del Gabinete de Mariano Rajoy. E incluso el del propio presidente del Gobierno. En esa situación se encuentra Oriol Amorós, que se mantiene como secretario de Igualdad, Migraciones y Ciudadanía, y que no oculta su condición política ni su rechazo al Gobierno, incluso en charlas con afiliados. Llegó a presentarse como candidato de ERC a las primarias en el Ayuntamiento de Barcelona y en 2015 fue elegido diputado con la candidatura de Junts pel Sí, aunque renunció al escaño para ocupar el cargo actual en el que cobra 85.769,10 euros anuales. En esa misma tesitura se encuentra Víctor Cullell, que sigue cobrando, como secretario del Govern, 110.407,82 euros al año. Cullell, entre sus disimuladas labores, se encargó de impulsar la Secretaría para el Desarrollo del Autogobierno y ocupó el puesto de jefe del Gabinete de Relaciones Institucionales con Artur Mas. Tampoco se ha cesado o ha dimitido Ferran Falcó, secretario general de Territorio y Sostenibilidad, y mano derecha del exconseller Rull, en prisión preventiva. Falcó ha admitido haber visitado a Rull en la cárcel para informarle de la situación en el exterior. Y tampoco se ha encontrado causa para sacar del cargo a Georgina Oliva, exdiputada de ERC en el Congreso de los Diputados, que sigue ocupándose de la Dirección de Atención a la Infancia y Adolescencia en plena ola de adoctrinamiento, ni a Patricia Gomá, secretaria de Relaciones con la Administración de Justicia, pese a haber afirmado recientemente en Twitter que “la justicia belga pone en evidencia a la española”. Porque lo cierto es que la esencia del separatismo y el golpe no ha finalizado. Ni ha terminado de salir del Govern.

Oriol Junqueras y los Jordis, de momento en prisión

Y, solo por poner otro ejemplo, los últimos informes elaborados por fundaciones privadas sobre el acceso a la educación en castellano en Cataluña, de nuevo, revelan que el número de centros escolares donde un niño es capaz de escapar al adoctrinamiento lingüístico y, en muchas ocasiones, político -sin recurrir a centros privados trilingües- es igual a cero. Porque, una vez más, esa estructura liberticida sigue viva. Y esa estructura es absolutamente necesaria para el separatismo.

Por todo ello, Junqueras y los Jordis siguen en prisión. Porque en el fondo lo han preferido. Porque, con un Partido Socialista que no deja de insinuar que quiere abrir cauces de negociación, será muy complicado que el paso por la cárcel de los golpistas sea excesivamente extenso. Y porque, con un separatismo vivo en las calles, los líderes de este desafío constitucional siguen pensando que tienen posibilidades de éxito. Por eso no quieren relajar el discurso. Porque, o se corta de raíz su ataque a España y a la legalidad, o volverán a la carga.

 Imagen de portada: El juez Pablo Llarena ha determinado que Oriol Junqueras y ‘Los Jordis’ permanezcan en prisión | Agencia EFE
Escrito por

Periodista.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons