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Presupuestos tóxicos: el Estado no pertenece al político que lo administra

El uso particular y partidista de los presupuestos generales del Estado, la ley que debe resolver los problemas de la ciudadanía, es de una impostura moral muy grave. El proyecto de Pedro Sánchez responde a la necesidad política de mantenerse en La Moncloa.

Aquellos que no reconocen su verdadera historia están condenados a repetir los mismos errores. Es lo que está ocurriendo en España con los presupuestos generales del Estado que pretende aprobar, a toda costa, el Gobierno de Pedro Sánchez, a pesar de las múltiples advertencias de todo tipo de instituciones sobre sus graves errores.

La memoria da un vuelco a los años 2009 y 2010, cuando el presidente del Gobierno socialista de entonces, José Luis Rodríguez Zapatero, ignoraba olímpicamente todos los avisos procedentes también de numerosas instituciones y organismos nacionales e internacionales, públicos y privados, sobre la grave crisis mundial y la necesidad de adecuar los gastos y los presupuestos para afrontarla. El famoso Plan E fue prueba evidente de la enorme irresponsabilidad de un dirigente político ensimismado en sus ensoñaciones sobre “la tierra no pertenece a nadie, salvo al viento”.

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Pero no se aplicó el cuento de que el Estado no pertenece al político que lo administra temporalmente, sino al conjunto de todos los ciudadanos y al bien común. El resultado fue nefasto para el conjunto de los españoles, con un déficit que se situó en más del 11%, más de seis millones de parados, llamada de atención de Barack Obama para que, por fin, Zapatero adoptara medidas traumáticas y unas elecciones con victoria por mayoría absoluta del PP de Mariano Rajoy.

Las reformas que se adoptaron dieron sus buenos frutos, pero en algunos sectores se quedaron a medias y ahora se están pagando las consecuencias. La primera anomalía que arrastramos es el incumplimiento de la ley que recoge una fecha concreta para la presentación de los presupuestos generales del Estado y su tramitación parlamentaria correspondiente. Esos plazos se llevan incumpliendo en los últimos ejercicios sin una consecuencia legal y política concreta.

Es cierto que las circunstancias políticas se han retorcido sobremanera, pero no justifican, en absoluto, que se utilicen los apoyos necesarios para lograr otros objetivos que son claramente imposibles. El actual proyecto de presupuestos se enmarca en una situación política kafkiana, porque son utilizados descaradamente por Pedro Sánchez para intentar mantenerse en el poder hasta el año 2020, gracias a una interpretación mucho más que interesada de las razones que esgrimió para presentar la moción de censura que logró derribar al Gobierno de Mariano Rajoy.

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La consideración que merece el uso particular y partidista de la ley más relevante de un Ejecutivo, que debe marcar sus líneas políticas de actuación de cara a la resolución de los problemas de los ciudadanos, es de una impostura moral y política muy grave. Hay que recordar que los apoyos que necesita el Gobierno socialista de Sánchez radican en los partidos independentistas catalanes, cuyos dirigentes no disimulan sus exigencias antidemocráticas de chantaje sobre la puesta en libertad de los políticos responsables del intento de golpe de Estado en Cataluña y el archivo del proceso judicial, junto con el derecho de autodeterminación, entre otras exigencias.

Los apoyos están también en el partido proetarra Bildu, en los nacionalistas del PNV, que siempre pone un precio más alto a sus votos, y en las condiciones populistas de Podemos, en proceso de grave crisis interna por sus incoherencias, mientras su líder, Pablo Iglesias, tiene unas ambiciones desmedidas y un comportamiento que es muy discutido, sobre todo entre sus seguidores. Pero, después de analizar brevemente el contexto político de los presupuestos Sánchez, que suponen claramente un secuestro de la dignidad política más elemental en lo que respecta a la defensa de la unidad de España y del sistema democrático del 78, lo que se presenta como un escándalo de proporciones colosales, que diría un gallego, son los graves errores que se pueden considerar técnico-contables.

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Los datos sobre la previsión de ingresos basados en una recaudación fantasiosa y el control de la desviación presupuestaria que coloca el déficit varios escalones más altos de los previstos son aspectos inaceptables. La lista de quienes han advertido de los graves errores del proyecto presupuestario se ha incrementado en las últimas horas con instituciones tan relevantes como el Banco de España, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal o Funcas, que se unen a responsables de la OCDE y de la Comisión Europea. Este filtro es el más trascendente.

Los comisarios responsables de las áreas correspondientes, Valdis Dombrovskis y Pierre Moscovici, han dirigido una carta a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y a la de Economía, Nadia Calviño, en la que mantienen los riesgos de no cumplimiento tanto del ajuste de déficit como de las reglas del Pacto de Estabilidad que rigen el euro, y cuestionan la capacidad recaudatoria de los nuevos impuestos diseñados por Moncloa.

Los presupuestos como uso político y personal

Otra crítica muy relevante es la de vincular las pensiones al IPC. Por supuesto que las ministras han salido al quite para rebatir estas opiniones y garantizar la bondad de sus previsiones en todos los ámbitos presupuestarios. Se produce la misma situación que ocurrió con Rodríguez Zapatero. Oídos sordos a todas las señales de alarma que no solo suenan, sino que truenan para advertir de los riesgos de unos presupuestos bastante irreales y que solo responden a la necesidad política de Pedro Sánchez de mantenerse en el Palacio de La Moncloa todo el tiempo posible.

Incluso, ha llegado a desautorizar a su ministra de Hacienda, que había reconocido que si el Gobierno no lograba aprobar los presupuestos, Pedro Sánchez convocaría elecciones generales en 2019, se supone que en otoño, aunque es posible un superdomingo el 26 de mayo, a pesar de que los barones regionales del PSOE se muestran claramente en contra de esta opción, que les podría perjudicar gravemente.

De momento, Pedro Sánchez mantiene su agenda de viajes internacionales y comparecencias en foros de postín para ir cuajando un currículum y unas relaciones internacionales lo suficientemente buenas para responder a lo que puede ser su ambición más cercana si sus expectativas políticas en España no culminan como desea y ansía. Lo que no es admisible, bajo ningún punto de vista, es el uso político y personal de los presupuestos generales del Estado, que deben servir para la vertebración nacional, el cumplimiento de objetivos generales y la creación de las condiciones que impulsen el crecimiento económico y la creación de empleo, entre otros.

Imagen de portada: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pasea por el Palacio de La Moncloa | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Director de la revista 'Atalayar, entre dos orillas', Colaborador en tertulias de TVE, Telemadrid, COPE y RNE.

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