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Pilar Barreiro, la senadora que vuelve a casa tras pagar la pena del telediario

La senadora popular Pilar Barreiro pasó al grupo mixto por las sospechas de corrupción contra ella. Los medios de comunicación deben compaginar la defensa de la verdad con la presunción de inocencia, que brilla por su ausencia en la opinión pública.

Siete meses ha durado su exilio. La senadora Pilar Barreiro Álvarez dejó su puesto en el grupo popular para instalarse en el grupo mixto. Era una exigencia de Ciudadanos para apoyar los presupuestos de Mariano Rajoy que, misterios de la política, pueden acabar siendo los de Pedro Sánchez. Pilar Barreiro, exalcaldesa de Cartagena, se marchó al grupo mixto y asumió resignada lo que el portavoz popular en el Senado ha resumido ahora con una frase rotunda: “Se fue por la imposición de un grupo que no tiene ningún respeto por la presunción de inocencia“.

Pilar Barreiro, que cumple 63 años este mes de noviembre, no es una política cualquiera. Primera mujer en conquistar la alcaldía de Cartagena, con mayoría absoluta que revalidó en cinco ocasiones (1995, 1999, 2003, 2007 y 2011), fue elegida diputada en 2008 (con el 61,8 de los votos) y volvió a repetir en 2011. Cuatro años más tarde, pasó a representar en el Senado a su región la que había sido una alcaldesa de resonante presencia en la vida española.

Pilar Barreiro pagó la pena del telediario

Pero a los alcaldes resonantes (y esta mujer activa y sonriente, que viste blusas de flores y enseña orgullosa a los visitantes de Cartagena el impresionante Teatro Romano, de cuya fundación es vicepresidenta, lo ha sido en grado sumo) se les buscan las vueltas en estos tiempos de redes sociales y acusaciones permanentes de corrupción. Con Barreiro pasó eso: la Operación Nova Carthago, en 2016, a propósito de una recalificación urbanística de terrenos próximos al Mar Menor, trató de investigarla por la catarata de delitos que acompañan denuncias de este tipo: fraude, prevaricación, malversación de caudales públicos, falsificación de documento mercantil y cohecho. Una vez más, la presunción de inocencia brilló por su ausencia en una opinión pública que no necesita de casi nada para incendiarse. La exalcaldesa, de momento, que pagase la pena del telediario. ¿Y si, como ha pasado tantas veces, los jueces acaban proclamándola inocente? ¿Le concederán un minuto de gloria reparadora los severos examinadores sin toga que manejan la información y construyen una opinión pública superficial y antojadiza?

Por supuesto que no. Con una gacetilla van que arden estos reos arrastrados por la ola de populismo que nos invade. La causa fue archivada, sí, pero algo habría. Ya sabemos cómo está la Justicia. Y que agradezca esta señora que no le hemos hecho un escrache.

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Pilar Barreiro superó este primer episodio desagradable, como algunos enfermos superan un primer ataque de una peligrosa enfermedad, pero había otra operación en marcha, la llamada Operación Púnica, con su consiguiente añadido de “fraude, cohecho, prevaricación continuada, etcétera”. Otra vez la presunción de inocencia (que consiste exactamente en eso, en asumir que uno es inocente mientras no haya pruebas en su contra y se demuestre lo contrario) por los suelos.

La Operación Púnica ha dado mucho juego. Un avispado intermediario de prestigios y famas ofrecía a los políticos un lavado de imagen, con su añadido de propaganda, por un módico estipendio a cargo del sufrido contribuyente. Según sus acusadores, la senadora Pilar Barreiro habría caído en las garras del guerrero púnico que se dedicaba a la publicidad en las redes. Ella lo negó, claro. Pero por el dificultoso camino de defensa de su inocencia se encontró con un obstáculo imprevisto: Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, que hizo de la dimisión de la senadora un casus belli, ya que estamos en la recurrente repetición metafórica de las guerras púnicas. O se iba, o no habría presupuestos, y sería Mariano Rajoy el que tendría que marcharse antes de tiempo. Y de la presunción de inocencia, ¿qué? Lo de siempre, por supuesto. Ni está ni se la espera. A pesar de que figura en la Constitución (articulo 24.2) como un derecho fundamental.

La senadora volvió al grupo popular entre aplausos

Pilar Barreiro no dejó el Senado, pero sí el grupo popular para acomodarse, como una apestada, en el mixto. Siete meses. Hasta que la juez Ana Ferrer ha dictaminado que “no hay sospechas de corrupción contra la investigada” y ella ha vuelto al grupo popular entre los aplausos de sus compañeros y el abrazo de Pablo Casado.

Desde los tiempos lejanos de Demetrio Madrid, un político socialista que fue víctima de una presión semejante, han sido muchos los casos en los que los medios de comunicación han seguido la siniestra recomendación que aseguran que Pancho Villa hacía a sus fogosos soldados: “Primero fusilen y después verigüen“. El ‘verigüen’ es fundamental en materia de información, la esencia de este oficio humilde que consiste en contar lo que pasa. Pero compaginando la defensa de la verdad con la imprescindible presunción de inocencia.

Imagen de portada: La senadora del PP y exalcaldesa de Cartagena Pilar Barreiro, a su llegada a la sede del Tribunal Supremo, donde declaró en calidad de investigada en el caso Púnica | Agencia EFE

 

Escrito por

Periodista. Expresidente-director general de la Agencia EFE.

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