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El relator, Pedro Sánchez y sus días de asuntos propios

La última cesión de Sánchez al independentismo es la figura de un mediador, con el envoltorio de relator, para que suene más convincente en los oídos separatistas. Algo que ha levantado ampollas en su propio partido y en la oposición.

El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra ha dictado sentencia en el caso del actual secretario general del PSOE y presidente del Gobierno. Guerra ha sido oportuno en su aparición y eficaz hasta el tuétano en el diagnóstico. Guerra discute el origen, la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa. Para él, la moción de censura fue engañosa. Se hizo para convocar elecciones. Cree que esa es la crítica adecuada. Desde luego, resulta demoledora por venir de uno de los ”mayores del PSOE”, con experiencia de un poder absoluto.

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No hay que cuestionar la legalidad o la legitimidad, porque ambas están fuera de dudas. Quien las tenga, que escuche a Guerra explicar el engaño. Lejos de quedarse quieto, y en nombre del viejo PSOE, el todopoderoso número dos de los Gobiernos de Felipe González ha construido un discurso sólido y eficaz en el que cabe desde la defensa de la democracia del 78, construida sin mediación alguna con la otra mitad de España en aquel crítico momento, hasta el rigor impecable de dejar claro que hay una izquierda española que distingue sin matices entre la víctima, José Antonio Ortega Lara, y el verdugo, Arnaldo OtegiSi Guerra tuviera el mando, la dirigente socialista que se fotografió con el dirigente condenado por pertenencia a ETA “tomando chiquitos”- Guerra dixit– estaría fuera de su vista política.

La presentación de su libro La España que yo creo ha resultado ser un acontecimiento político de primer nivel. Diputados de entonces y de ahora. De varios colores y diferentes matices, todos le aplaudieron. No solo la mordaz ironía sobre la autoría de su propio libro, en comparación a los hechos con varias manos, sino la defensa de la nación en peligro de extinción. Guerra cogió en volandas a Pedro Sánchez y lo dejó hecho un guiñapo. La casualidad quiso poner al veterano socialista delante de una actualidad que echa fuego tras la decisión del Gobierno socialista de resolver su viabilidad entregando al independentismo más alimento para el engorde. A cambio, Sánchez se garantiza seguir disfrutando de días de asuntos propios en un proyecto personal que busca mantener hasta el verano de 2020.

Sánchez ha entregado las palabras al independentismo: autodeterminación, conflicto y ahora mediador con el envoltorio de relator para que suene más convincente en los oídos separatistas. La figura del relator en el universo de la ONU se emplea para investigaciones de casos en los que se han vulnerado los derechos humanos. Los independentistas no quieren un notario que levante acta, sino alguien especial que dirija las deliberaciones y encauce las mismas para que el relato sea el adecuado para la causa. El rédito, en este envite, será para Quim Torra y el PDeCat, que compiten con Esquerra Republicana a la hora de presentarse ante el independentismo en general como vanguardia de los avances.

La figura del relator es tan ambigua como confusa

Guerra alerta de un peligro que Sánchez desprecia. Se está solemnizando un diálogo que en sí mismo es un fin. Dentro de unos días coincidirá el comienzo del juicio a los procesados por rebelión y la votación de las enmiendas a la totalidad del presupuesto, que para Sánchez es una prórroga en el currículum personal. La hora de comparecencia de la vicepresidenta, Carmen Calvo, en Moncloa para poner almíbar a sus conversaciones con Barcelona -con el número dos de la Generalitat, Pere Aragonés, y la consejera Elsa Artadi habla a diario dándoles la razón- fue un ejercicio de lo que Guerra llama psicoanálisis, en vez de política. Desde Moncloa puso al lenguaje en el diván para extraer del interior los significados más propicios y convenientes.

De hecho, Calvo trató de defender la figura del relator, no como el investigador del cumplimiento de los derechos humanos, sino como algo difuso y por definir. La mayoría del tiempo la pasó explicando lo que no es. La figura del relator es tan ambigua como confusa. Sin duda, forma parte de lo que se pretende. Lo único que importa es salir de pie de la semana que viene. Una vez que se tramiten los presupuestos, la siguiente estación no llegará hasta junio, cuando se voten definitivamente las cuentas. Entonces se tratará de seis o diez meses más, pero para los asuntos propios de Sánchez cuanto más, mejor para el futuro personal.

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La división del PP en tres porciones es un regalo para Sánchez. Mientras el PSOE estalla por dentro -lo hará después de las municipales y autonómicas-, Sánchez vive al día hasta el punto de obviar que hay un PSOE que no se va a tragar la figura del relator con los independentistas.

Al otro lado, roto el bloque constitucionalista debido a que el PSC dirige las operaciones en el PSOE, Pablo Casado ha tenido que salir corriendo para que VOX no le cogiera la delantera y pusiera antes la bandera en la Plaza de Colón. Desde la lógica del PP, no tenía otra alternativa, o sutura por ese lado o le será imposible volver la mirada al centro, pero la política y las instituciones demandan una moción de censura que visualice la alternativa y la utilidad de la opción del centro derecha para gestionar la crisis política y tal vez económica que nos espera en la siguiente década. Sánchez trata de recuperar el eje izquierda-derecha sumando con ERC y lo que quede tras el escabeche entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. El juego es a corto plazo. Ni siquiera es para mañana. El hoy es un triunfo. Vivimos días de asuntos propios, los de Sánchez.

Imagen de portada: El presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, junto a la vicepresidenta, Carmen Calvo, en el Congreso de los Diputados | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Director y presentador de 'Buenos días Madrid' en Onda Madrid.

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