Diario de análisis, reflexión y valores    

 

Inmigración ilegal, un drama cuya solución es perseguir a las mafias, no avivar la xenofobia

Los inmigrantes llegados a España en patera han aumentado un 130% en 2017. Un negocio muy rentable para las mafias, que cobran por salir del país de origen y no tienen que garantizar que lleguen con vida a la costa. La solución no pasa por fomentar la xenofobia, sino por perseguir a los que trafican con el drama de muchos seres humanos.

“Patera a la vista” empieza a ser la expresión más habitual de la guardia costera española en nuestras costas mediterráneas. En los primeros quince días de agosto, han llegado cerca de 800 inmigrantes ilegales en patera, incluso a playas de difícil acceso por la lejanía con las costas del Norte de África, en Granada, Murcia o Alicante. El buen tiempo ha facilitado a las pateras navegar… pero no parece que vaya a ser un tema coyuntural. La razón es simple: las mafias de tráfico de seres humanos están cambiando sus rutas. Italia, destino habitual de la inmigración que llega por mar, está dejando de ser empleada como puerto de destino y los inmigrantes son desviados a España. Los que llegan (y los que intentan llegar y nunca lo consiguen) ya no salen de Turquía o de Libia. Estos países están cerrando sus costas. Ahora se embarcan desde Argelia, Túnez y Marruecos, generalmente.

Si en verano veíamos asaltos masivos a las vallas de Ceuta y Melilla, ahora son las pateras el principal medio de entrada en España (al margen, por supuesto, de todas las entradas que se producen de forma legal por aeropuertos, como Barajas, con visado de turista de 3 meses, pero cuyo billete de vuelta nunca se emplea, quedando así los supuestos “turistas” en situación irregular en nuestro país).

Según datos del Ministerio del Interior, el número de inmigrantes indocumentados que entraron a España por mar y tierra en el primer semestre de 2017 asciende a 10.751, más del doble que en el mismo periodo de 2016. Solo en junio, 2.189 personas intentaron cruzar las aguas del Estrecho en 84 pateras. Como el propio ministro Juan Ignacio Zoido reconoció en junio, los inmigrantes llegados en patera han aumentado un 130% en 2017. Los subsaharianos ya no salen desde Libia, sino fundamentalmente desde Marruecos, ya que Mohammed VI está dejando de controlar sus costas (al encontrarse más centrado en las revueltas y protestas internas, como las del Rif del pasado verano), por lo que muchos jóvenes marroquíes están huyendo en patera de su país.

Un viaje solo de ida en patera

Las ONG denuncian que el precio del viaje oscila desde los 500 euros hasta los 3.000 euros, en el supuesto de que la embarcación tenga motor, a lo que se añade que incluso venden falsos chalecos salvavidas a precios desorbitados. Para las mafias se trata, por tanto, de un negocio muy, muy lucrativo, ya que no hay que garantizar llegar con vida a la costa, solo se cobra por salir… poco importa que lleguen muchas pateras vacías.

La Cruz Roja Española está desbordada y los Centros de Internamiento de Extranjeros también. No hay medios para atender a las personas que llegan y es muy duro el drama de devolverlos. La dimensión humana entra en conflicto con el interés nacional y no es fácil encontrar una salida al problema.

A estas escalofriantes cifras se suman los compromisos de los países de la Unión Europea con los refugiados sirios. Dos años después del inicio de la crisis, España ha acogido a un total de 1.487 migrantes de los 17.000 a los que se comprometió, por lo que la cuestión no está cerrada, sino sencillamente aplazada. En una situación similar se encuentran otros países vecinos, siendo fundamentalmente Alemania y Austria los que han asumido el peso de acoger a los refugiados sirios. El precio político está siendo alto: la ultraderecha xenófoba copa gran parte de su representación parlamentaria tras los últimos comicios generales en ambos países y el descontento popular con las políticas de inmigración es evidente.

La solución pasa por perseguir a los traficantes

¿Qué hacer ante este panorama? La solución no pasa por aumentar el odio al extranjero y fomentar la xenofobia, sino por perseguir a las personas que trafican con el drama de muchos seres humanos a los que se les promete un final feliz que, muchas veces, acaba ahogado en una tragedia en el mar. La Guardia Civil es un ejemplo, en este sentido, al combinar su labor humanitaria con su intenso trabajo en el campo de la persecución y detención de las redes que trafican con seres humanos.

Sin embargo, es necesario aumentar sus medios y profundizar la colaboración y cooperación entre las fuerzas y cuerpos de seguridad europeos y el Europol. El 16 de octubre se dio un paso importante en este sentido: el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, fue el anfitrión de la reunión del G6, en Sevilla, que reunía a los ministros del Interior de España, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y Polonia, junto con altos representantes de Marruecos y la Unión Europea. El tema a debatir eran las políticas en materia de lucha contra el crimen organizado, el terrorismo yihadista, la presión migratoria y el tráfico ilegal de seres humanos. Pese a la importancia de la reunión, la crisis catalana en la que vive inmersa España y la nube gris de los incendios gallegos han empañado la noticia. Esperemos, no obstante, que la cumbre dé como fruto una hoja de ruta clara que genere sinergias para abordar todos estos retos a los que se enfrenta la Unión.

Imagen de portada: Inmigrantes del Norte de África llegan en patera a las costas españolas | Agencia EFE.
Escrito por

Vicedecana de la Facultad de Derecho de la USP CEU y Profesora titular de Ciencia Política. Doctora en Estudios Europeos por CEU Cardenal Herrera, máster en Ayuda Internacional Humanitaria por la Universidad de Deusto y experta en sistemas políticos comparados y procesos electorales.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons