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El nuevo Gran Hermano. Los partidos políticos espiarán a los ciudadanos

Los partidos políticos quieren legalizar el Gran Hermano. Han votado a favor de espiar a los ciudadanos para conocer su ideología y captar votos. Si abrimos las puertas a nuestra intimidad en las redes, la libertad individual deja de ser un bien protegido. 

Mientras el estruendo de una sesión de control al Gobierno nos dejaba sordos y perplejos, los partidos políticos votaban a favor de espiar a los ciudadanos para saber a quién dirigirse para pedir el voto. Otro degradante espectáculo del hemiciclo se convirtió en una improvisada cortina de humo que ocultó la aprobación en el Senado de una ley que permite a las organizaciones políticas meterse en nuestras redes sociales para conocer opiniones o gustos y elaborar un perfil político de cada votante. Es decir, los partidos políticos se han adjudicado un derecho al rastreo que, en el caso de Facebook-Cambridge Analytica, terminó en escándalo mundial al descubrirse que las redes sociales se han convertido en inmensas bases de datos con los que comerciar.

Los votos del PSOE, PP, Ciudadanos y de los independentistas vascos y catalanes se unieron sin matices para legalizar el uso de esos datos y meter las narices en nuestras vidas. Van a husmear en las redes sociales sin pudor durante la campaña electoral. Algo que necesitaría del consentimiento del usuario, como sucede en las ofertas comerciales. Parece una broma, pero están legalizando el “Gran Hermano”. La ley habilita a los políticos a hacer un perfil ideológico de los ciudadanos. Es decir, que en Cataluña, por ejemplo, van a investigar quién es o quién no es un buen catalán, tal y como trazan la raya los independentistas. Con esos datos, enviarán la propaganda al usuario de las redes, que habrá perdido su intimidad de voto porque la información que proporcionamos en nuestros perfiles de las redes sociales también nos desnuda ante los expertos en marketing digital político. Como dice el texto de la ley, los partidos políticos recopilarán y usarán nuestros datos para enviarnos correos, mensajes o realizar llamadas de teléfono para contarnos su programa electoral.

Hemos abierto las puertas de nuestra intimidad

La información que proporcionamos a través de la red se ha convertido en un manjar que, por supuesto, es del gusto de los partidos políticos. Nos van a sesgar e identificar con la ayuda de un algoritmo que colocará a cada persona en un campo ideológico, sin pedir autorización para ello. Es evidente que la libertad individual deja de ser un bien protegido desde el momento en que nosotros abrimos las puertas. Hagamos autocrítica. No hemos querido ser conscientes del proceso en el que nos estábamos metiendo al compartir nuestra vida con tantas personas a la vez. Todo un pecado de ingenuidad que no tiene vuelta atrás. En un chat con 146 usuarios no hay intimidad que valga. Si no se sabe, es que se tiene un problema muy serio.

Facebook y la privacidad en redes . El caballo de batalla es el consentimiento de los usuarios

El ejemplo del portavoz del PP en el Senado, Ignacio Cosidó, es una muestra de lo que nos ocurre a todos cada día. Le damos con mucha facilidad al “me gusta” o a reenviar pensando que no pasa nada y resulta que estamos condenados entregando nuestra privacidad. Por esa puerta se cuelan los partidos políticos, que se visten de espías para cotillear y, a partir de ahí, saber a qué electores hay que dirigirse. En el fondo, se segmenta la sociedad y se recorta la libertad. No podemos echarnos las manos a la cabeza, cuando hemos contribuido a todo ello. Van a coger lo que nosotros hemos puesto a su disposición. El periodismo ha consistido siempre en la obtención de información relevante y de interés para el público. Y no solo eso, sino que una de las misiones de la prensa es el control del poder político. Pues bien, la ley de protección de datos le da la vuelta a esa práctica democrática y convierte a los políticos en hacedores de ficheros ideológicos, gracias a una información que en realidad no es de interés general, pero que sí tiene un aprovechamiento para el control individual del votante.

Si votar es como dar al “me gusta”, las reglas cambian

Las redes sociales se han convertido en un problema para los políticos, incapaces de superar la barrera que establecen entre ellos y los votantes. Lejos de tratar de recuperar el crédito de las instituciones y restablecer los principios inspiradores y básicos de la democracia liberal, optan por meterse en un terreno peligroso donde se ve al electorado como una multitud amorfa y adormecida que tiene metida la cabeza en una pantalla. La nueva normativa acepta que la única manera de dirigirse al votante es invadiendo su intimidad para ponerlo en una fila donde darle la papeleta correcta. Si los políticos aceptan que votar es como darle al “me gusta”, estarán cambiando las reglas del sistema democrático. La representación no es la elección del concursante que sale o entra de la casa. La soberanía nacional no es una tribu a la que conducir por los senderos escarpados. No puede valer todo.

Si los partidos políticos hacen de espías en las redes sociales es que la crisis de la democracia es más grave de lo que parece. Todo esto nos lleva al modelo Trump. Basta un tuit con un mensaje emocional y efímero para obtener un “me gusta” y, ante la urna, el voto. Si se prescinde de las ideas o del debate de las mismas, se entierra un sistema político basado en la reflexión y la deliberación. Por mucho que los ciudadanos nos empeñemos en no hacerlo, los políticos tienen la obligación de mantener a salvo las instituciones democráticas del sistema plebiscitario de las redes sociales. La ley aprobada en el Congreso pone a esas redes como centro de sus operaciones para la captación de votos. Tal vez es lo que quieren o lo único que saben hacer, porque el método clásico es mucho más difícil. Lo fácil es confiscar la privacidad para tener el control de los sentimientos. Ya tienen su derecho al rastreo de nuestra vida. Se lo han adjudicado por ley. Esperemos que algún juez o tribunal detenga esta confiscación de la intimidad.

Ilustración de portada: Pablo Casado
Escrito por

Periodista. Director y presentador de 'Buenos días Madrid' en Onda Madrid.

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