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Ortega Lara, la fe como arma frente al fanatismo que empaña el cristal

Fe y templanza han sido las armas con las que Ortega Lara ha respondido a los radicales que lo acosaron al grito de “facha” y “vuelve al zulo”. Los fanáticos, cuya crueldad no tiene límites, deberían preguntarse quiénes son los verdaderos fascistas.

Vergonzoso. Solo así puede calificarse el linchamiento contra José Antonio Ortega Lara. El pasado 14 de noviembre, un grupo de radicales irrumpió en un acto que VOX, el partido político en el que el exfuncionario de prisiones milita, celebraba en Murcia.

Los exaltados dedicaron a los participantes lindezas como “fascistas, estáis en nuestra lista”, “facha, pardillo, tu boca en un bordillo”, “sin piernas y sin brazos, fascistas a pedazos” o “va a arder el autobús”. Pero el golpe más duro fue el que asestaron a la víctima de ETA, a quien gritaron: “Ortega Lara, vuelve al zulo”.

Pocos sufrimientos pueden ser comparables con el cautiverio que padeció el exfuncionario, el más largo de la historia de la banda asesina. Los terroristas lo retuvieron durante 532 días, entre 1996 y 1997, en un cubículo oscuro y húmedo, de 3 metros de largo por 2,5 de ancho y 1,8 m de altura. Más de 17 meses en un espacio poco mayor que un ataúd. Durante su secuestro, perdió 23 kilos. Estaba al límite de sus fuerzas cuando fue rescatado: desnutrido, desorientado, con la mirada perdida… Es una tortura que nadie en su sano juicio puede desear a otra persona.

¿Quiénes son los fascistas?

Los violentos, que siempre actúan en manada, han acusado a Ortega Lara de “fascista”. Sin duda, ignoran qué significa este vocablo. Ellos, que presumen de tolerancia, son los que desprecian a quien no comparte sus ideas y sus creencias. A la vista de un comportamiento tan falto de sensibilidad, empatía y humanidad, ¿quiénes creen ustedes que son los fascistas?

Ante el bochornoso espectáculo, Ortega Lara reaccionó con la misma generosidad que exhibió tras su secuestro. “Solo cuando he perdonado he vuelto a vivir”, dijo en su momento. Una lección de fe y serenidad propia de quien, gracias a una indiscutible inteligencia emocional, ha logrado soportar e incluso sobreponerse a una experiencia traumática.

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El comportamiento ejemplar del exfuncionario es la cara de una moneda cuya cruz es el fanatismo, uno de los peores males de la humanidad. Esta lacra ciega al que la padece. Empaña el cristal y no permite ver más allá.

Según los expertos, el pensamiento fanático presenta distorsiones cognitivas -errores al procesar la información- que son propias de enfermedades mentales. Como explica el filósofo y escritor José Sanmartín Esplugues, entre las personas que hacen uso de la violencia para conseguir sus fines es común dividir el mundo entre nosotros y ellos. Esa dicotomía hace más fácil pasar de ser fanático de una causa a serlo de otra que cruzar de la acera del fanatismo a la de la tolerancia.

La gente de bien vencerá en el “alma a alma”

Decía Alejandro Dumas: “El bien es lento porque va cuesta arriba. El mal es rápido porque va cuesta abajo”. Una batalla que se puede ganar, aunque las armas sean desiguales. Fe, perdón y templanza frente a odio, violencia e insultos. Los fanáticos vencerán en el cuerpo a cuerpo, pero la gente de bien se llevará la victoria en el “alma a alma”.

En vez de afirmar, parafraseando a Plauto, que “el hombre es un lobo para el hombre”, sería preferible pensar que los violentos no actúan de este modo por crueldad, sino por inconsciencia. Así lo expresó Jesucristo, con suma elegancia, en referencia a los que le darían muerte: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas, 23-24). Se puede decir más alto, pero no más claro.

Víctimas de sí mismos

Ortega Lara es una víctima del terrorismo. Los violentos son víctimas de sí mismos. Cuando estos radicales consulten el significado de la palabra ‘fascista’ -falta les hace-, que busquen también quién fue George Bernard Shaw, autor de frases como esta: “La osadía de los necios es ilimitada y su capacidad para arrastrar a las masas, insuperable”.

Que los fanáticos desempañen el cristal y traten de observar su propia imagen. Seguro que no son capaces de aguantar la mirada.

Imagen de portada: José Antonio Ortega Lara, en compañía de su esposa Domitila, llegando a su domicilio después de haber sido liberado por la Guardia Civil tras 532 días de cautiverio | Agencia EFE
Escrito por

Licenciada en Derecho y diplomada en Ciencias Empresariales. Redactora de El Debate de Hoy.

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