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Nueva Constitución de Cuba y comunismo . El mismo perro aunque con un collar más vistoso

La nueva Constitución de Cuba alivia un poco el dogal con que sujeta a la población, aunque la dirigencia sigue desconfiando de la libertad y la democracia. Reconoce la propiedad privada, se abre a la inversión extrajera y modera la persecución del colectivo LGTBI.

A la fuerza ahorcan, de modo que la bancarrota de hecho del régimen castrista y, sobre todo, los más de once millones de cubanos, necesitaban una bocanada de aire. La dirigencia de La Habana, ahora bajo la batuta del presidente Miguel Díaz-Canel, aunque estrechamente supervisado por Raúl Castro, ha concedido un alivio en forma de nueva Constitución de Cuba que, como todos los movimientos del régimen, pretende presentarse como un cambio decisivo en la marcha de la revolución.

La bien engrasada propaganda castrista reconoce, no obstante, el fin de la utopía que, de acuerdo con el artículo 5 de la aún vigente Constitución de 1976, decretaba el inexorable “avance hacia la sociedad comunista”. Esa expresión se troca en la nueva ley fundamental por la de que “el socialismo es la política del Estado”.

En ninguno de los 11 títulos, 24 capítulos, 16 secciones y 224 artículos que consta la nueva Constitución de Cuba se reconocen otros partidos más que el Partido Comunista, que seguirá siendo la “fuerza dirigente superior de la sociedad”. Las libertades de prensa, sindicales y de asociación política, o sea, las normales en cualquier democracia que se precie, seguirán proscritas.

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Homero Acosta, secretario del Consejo de Estado, explicó en un discurso televisado el alcance de las reformas, aprobadas por los 605 diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular, y que habrán de ser ratificadas en referéndum, un tipo de consulta que abominaba el fallecido Fidel Castro, que siempre bromeaba con los interlocutores que le instaban a saber directamente, mediante tal instrumento consultivo, lo que quería el pueblo. “El problema de convocar un referéndum –decía- es que lo puedes perder”.

La nueva Constitución de Cuba reconoce otras formas de propiedad

Según Acosta, hay dos grandes reformas en el texto de la nueva Constitución de Cuba: la primera, el reconocimiento de que hay “otras formas de propiedad, como la cooperativa, la mixta y la privada”. Todo un avance, sin duda, si se tiene en cuenta que el documento de 1976 solo reconocía la propiedad estatal y la cooperativa agropecuaria, si bien Raúl Castro ya había legalizado desde 2006 el denominado “cuentapropismo”, es decir, el trabajo autónomo en sectores como el transporte, la hostelería y el turismo, eso sí, sometido a muchas restricciones y a fuertes gravámenes fiscales y de contratación laboral.

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Esta apertura hacia el reconocimiento de la propiedad privada tiene también una derivada: el llamamiento a la inversión extranjera, a la que califica como “una necesidad y un elemento importante del desarrollo”. Detrás de tan ambigua alusión es evidente que está la urgencia imperiosa de obtener divisas que palien la durísima crisis económica que asola Cuba, acentuada a raíz también del resquebrajamiento de la economía de Venezuela.

Se atempera la persecución del colectivo LGTBI

La otra gran reforma que existe en la nueva Constitución de Cuba es el cambio de la definición legal de matrimonio –unión de hombre y mujer en la anterior ley fundamental-, que pasa a designarse ahora como “la unión entre dos personas”. Según Homero Acosta, el nuevo texto constitucional “no dice que se trate del matrimonio igualitario, solo rompe con esa barrera, de modo que en el futuro se podría incorporar”. Abre, pues, la puerta a que en el futuro puedan unirse legalmente lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTBI), lo que ocurrirá en cuanto, tras la aprobación de la nueva Carta Magna cubana, se modifiquen los Códigos Penal, Civil y de Familia.

Aunque la homofobia sigue aún instalada en la idiosincrasia del régimen, se ha atemperado notablemente la persecución que estos colectivos sufrieron en el pasado, especialmente en los dos primeros decenios de la revolución, cuando miles de cubanos, de ellos cientos de homosexuales, fueron internados en campos de trabajos forzados y sometidos a “reeducación” conforme a la moral revolucionaria.

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Se atribuye el impulso de este cambio legal a Mariela Castro, hija de Raúl, aunque también hay voces que señalan que el régimen quiere reconciliarse con un colectivo que mueve mucho dinero, hasta el punto de que hay varios proyectos para la puesta en marcha de hoteles exclusivos para gays, que puedan gozar sin molestias de los grandes atractivos turísticos de Cuba, a cambio de allegar sus divisas a la isla.

A pocos meses de que cumpla sesenta años, el régimen cubano alivia un poco el dogal con que sujeta a su población. Es apenas un agujero en el cinturón que le aprieta, porque la vieja dirigencia sigue desconfiando de la libertad y la democracia.

Imagen de portada: El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, durante el debate del Proyecto de Constitución de la República en la Asamblea Nacional | Flickr/Cubadebate
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Periodista. Cofundador de Euronews y fundador y primer director del Canal 24 Horas de TVE.

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