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Moción de censura a Rajoy . Iglesias utiliza el Parlamento como una prolongación del mitin

Pablo Iglesias piensa que el poder legislativo se puede trasladar a la calle y que los diputados pueden ser reemplazados por manifestantes. Utiliza el Parlamento como una prolongación del mitin y de ahí surge la idea de una moción de censura.

Pero, ¿qué oposición tenemos? Ahora que parece que se equilibra un poco el dislate que llevó a Pedro Sánchez a su primera tumba política, aquel ‘no, no y no’ que ahora podría quedar reemplazado por una ‘oposición crítica y constructiva’ a Mariano Rajoy, si es que el reelegido secretario general capaz fuera de ello, nuevas ocurrencias llenan de lodo el secarral político español. Y es que de Podemos ya ni hablo: nunca, desde aquel mal paso de Hernández Mancha tratando de derribar a Felipe González en 1987, he visto dislate semejante a esa moción de censura contra –teóricamente—Rajoy. El audaz, pero poco reflexivo, Pablo Iglesias pretende apoyarse en ella para convertirse en el sustituto de Sánchez al frente de la oposición de izquierdas al Gobierno de centro-derecha. Vano intento.

No logrará ni siquiera que todos en la amalgama podemita secunden su iniciativa, porque lío al respecto ya hay entre los socios del partido morado, empezando por la valenciana Compromís, que no ve que ahora sea el momento de dar este paso. Y no faltan voces en el propio Podemos que aconsejan que ahora lo urgente, como decía Pío Cabanillas, es esperar; quizá ignoran tales voceros que la paciencia es virtud de sabios y cualidad que no adorna al impetuoso Pablo Iglesias (Turrión). Por no lograr, no conseguirá ni que Rajoy, si cabe todavía más tranquilo ahora que ya ha logrado mayoría absoluta en el Congreso para aprobar sus Presupuestos, le responda personalmente en el lance parlamentario: lo hará el pugnaz portavoz ‘popular’, Rafael Hernando, con lo que el espectáculo parece garantizado.

‘There is no business like show business’

O sea: ‘the show goes on’. Y ya decían en Hollywood, que no es sede parlamentaria precisamente, que ‘there is no business like show business’. Es el negocio inmediato más rentable, pero siempre ruinoso a largo plazo. Por si no nos bastase, en el panorama internacional, con Trump y su circo permanente, ahí tenemos, en el plano casero, a Pablo Iglesias devaluando el sistema parlamentario y tratando, por otro lado, de convertir el referéndum secesionista en una ‘movilización cívica’ (lo dicho: poco reflexivo) y a ‘su’ moción, de triunfo imposible, en un panfleto de propaganda de su propia persona.

Hemos vuelto, pero con datos empeorados, sobre todo en lo referente a la ‘cuestión catalana’, a la situación lamentable de enero de 2016: un Podemos gallito pidiendo vicepresidencias, ministerios, RTVE y servicios secretos, tras entrevistarse con el jefe del Estado; un PSOE sin rumbo determinado, ni siquiera ahora tras la victoria interna de Sánchez; un Ciudadanos que no da el paso de ofrecerse como socio de gobierno-en-el-Gobierno… y, ya que estamos, un Gobierno que vuelve a hallarse, pese a la luz verde a los Presupuestos, casi en funciones, o funcionando muy poco. Aunque, en 2019, un Rajoy harto quizá vuelva a tocar la campana electoral. Para ganar, claro. Pero de aquí a entonces van a pasar muchas cosas. Y casi nadie puede adivinar qué cosas.

La plurinacionalidad de Sánchez como reclamo para la ultraizquierda

Lo que desde luego no va a pasar es que Pablo Iglesias gane esa moción de censura o, al menos, que la pierda con dignidad. A falta de algo mejor, el entretenimiento político, una vez que los Presupuestos están asegurados gracias al disputado voto del diputado Quevedo, se centra ahora en esa próxima –martes y trece— moción de censura de Podemos contra Mariano Rajoy. Con Pablo Iglesias de candidato a la Presidencia del Gobierno del Reino de España, que es algo que parece que ni el molt honorable president de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont, ve posible ni conveniente; así que el grupo catalán en el Congreso también votará en contra de las pretensiones de Iglesias o se abstendrá, y lo mismo harán el PNV y los socialistas, si es que estos últimos consiguen poner de acuerdo a los integrantes de su grupo, que hoy por hoy es un gallinero, y decidirse por el ‘no’ o, lo más probable, por la abstención.

Así que la moción va a quedar en una frustración algo penosa, con el secretario general de Podemos y candidato a pisar la moqueta de Moncloa auxiliado apenas –quizá—por los votos no tan disputados de los señores Rufián, Tardá y los integrantes de Bildu. Para ese viaje no hacían falta alforjas ni manifestaciones en la Puerta del Sol, la verdad. Otro descalabro político para el ‘ocurrente’ líder morado. Que, en el fondo, ofrece a Pedro Sánchez la baza de responder de manera moderada y sensata, aunque ya no tenga escaño (podría decidirse a dar una conferencia de prensa de una vez desde Ferraz o desde donde fuere); la moción, que pretendía relegar al PSOE, va a enaltecer al PSOE. Salvo que Sánchez vuelva a equivocarse, claro está.

A ganar la calle, ya que se pierde en las Cortes

Me preocupa poco, obviamente, que el señor Iglesias no logre salir investido presidente del Gobierno de nuestro país y tampoco me inquieta demasiado, lo confieso, que Podemos no logre desplazar de La Moncloa al Ejecutivo que encabeza Rajoy, cuya trayectoria, por otra parte, tiene aspectos criticables. Lo que sí me preocupa son las voces que escucho en círculos podemitas afirmando que la moción, que no se ganará en el Parlamento, sí se ha ganado ya ‘en la calle’. Como si las seis mil –o diez mil, si usted quiere, aunque la policía municipal no concedía tanta aglomeración—personas que acompañaron a Iglesias en su mitin en la Puerta del Sol el pasado sábado 27 de mayo fuesen las llamadas a decidir el futuro de la nación, más que sus legítimos representantes elegidos en urnas democráticas.

Hacer el ridículo en un rifirrafe contra quien sustituya a Rajoy en el atril lo aleja del pretendido ‘sorpasso’, por muy cuarteado que haya salido el PSOE de sus elecciones internas

Temo que el señor Iglesias tiene poco actualizadas sus famosas lecturas gramscianas y piensa que el poder legislativo se puede trasladar a la calle y que los parlamentarios pueden ser reemplazados por manifestantes. Entonces, utiliza el Parlamento como una prolongación del mitin y de ahí surge la idea de una moción de censura que, ya digo, será circense y en la que no parece haber calculado que va a salir vapuleado y dialécticamente vencido, por mucho que denuncie desde el atril los variados casos de corrupción que atenacen –que atenazan—al PP.

Y ese vapuleo se va a reflejar, me parece, en su pugna con el PSOE por hacerse con la hegemonía de la oposición de izquierda. Hacer el ridículo en un rifirrafe contra quien sustituya a Rajoy en el atril lo aleja del pretendido ‘sorpasso’, por muy cuarteado que haya salido el PSOE de sus elecciones internas. No creo que, a estas alturas, el Podemos surgido de Vistalegre 2 sea capaz de ocupar el hueco regeneracionista y renovador que cinco millones de personas pensaron que podría cubrir. Ni me parece capacitado para ofrecer soluciones a los muchos problemas que tiene planteados España, comenzando por el independentismo de una parte de los catalanes. Y ya se ve que ni Puigdemont, ni menos aún el flamante secretario y ex secretario general del PSOE, confían en la ‘alternativa Iglesias’. Ni siquiera ellos. Quo vadis, Paulo? me/le pregunto. Y Paulo, como es habitual, no contesta: está demasiado ocupado con el ‘show business’. Acabará dando volatines.

Imagen de portada: Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, durante un acto de su partido.
Escrito por

Periodista. Presidente del foro Educa 2020. Ha publicado más de treinta libros y da clases de comunicación en distintas universidades.

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