Diario de análisis, reflexión y valores
 

Esa moción de censura que va, por ejemplo, contra mí (y todos los periodistas críticos)

Los políticos emergentes son aún más ambiciosos y descarados que los emergidos, que ya es decir. Hay que rescatar una forma de hacer periodismo frente a quienes se permiten ejercer la peor forma de atacar la libertad de expresión: dar la espalda a quienes pretenden obtener la información. 

Perdone que hable, por ejemplo, de quien suscribe, es decir, de mí. Hoy me parece necesario. Creo que, hablando esta vez en primera persona, que es acusación que se nos hace a los periodistas veteranos, lo hago esta vez en representación de algo, tal vez de alguien: de cientos, quién sabe si miles, de colegas que llevan muchos años tratando de ejercer correctamente su profesión y, de pronto, ahora se encuentran con las fuentes cortadas. Mi caso, por ejemplo. Llevo más de cuarenta años desarrollando lo mejor que he podido este para mí apasionante sacerdocio de informar. Y sí, allí estaba yo en aquellas Cortes constituyentes ‘de facto’ de junio de 1977, cuatro décadas ya, viendo a Pasionaria y a Alberti presidiendo la mesa de edad. Y sí, por allí andaba cuando construyeron la UCD o legalizaron el Partido Comunista, en el que entonces uno acababa de dejar de militar, porque era lo único que había contra el franquismo, o así pensaba yo entonces.

He hecho campañas con Suárez, con Fraga y su Alianza Popular, con Felipe González, con Santiago Carrillo, con Anguita, con Tierno Galván, con los de la ORT, que eran prochinos de los de entonces, y con la Liga Revolucionaria, que era trotskista. He tratado con Aznar como presidente: antipático, pero más o menos accesible. Y con Zapatero, sobre quien pude escribir multitud de anécdotas en un libro autobiográfico que se llamó De Franco a Podemos. Y con Rajoy, distante, pero que sabía que no le quedaba otro remedio que tratar con los no muy apreciados por él periodistas. Sostuve un largo monólogo –por parte suya, claro— hasta con Fidel Castro. Ejercía uno su oficio de mirón y de escucha. Con todos. Y entonces llegó, precisamente, Podemos, y mandaron parar. Se acabó. Ni una migaja de información para gente como yo, que, por lo visto, debía representar una suerte de casta periodística. Todo amago de acercamiento informativo a las gentes de Pablo Iglesias quedaba frustrado en los meandros de los gabinetes de prensa.

“Estoy deseando hablar contigo”, me dijo un día Iglesias, en un encuentro por los pasillos del Congreso. “Pues cuando quieras; yo también quisiera hablar contigo”, le dije. Y hasta hoy: no parece que, en realidad, tuviese tantos deseos de conversar conmigo. No, no he sido siempre clemente en mis opiniones hacia el líder morado, que, en mi opinión, ha cometido una enormidad de equivocaciones, entre ellas ofrecerse hace año y medio, así, sin más, como vicepresidente, director de los servicios secretos, de RTVE, ministro de Defensa y qué sé yo cuántas cosas añadidas. O, como las últimas mociones de censura, contra la presidenta madrileña Cifuentes y, ahora, contra Rajoy. O eso, que la cosa va contra Rajoy, dice el secretario general de Podemos: yo creo que, más bien, esa moción acabará fortaleciendo al inquilino de La Moncloa, suponiendo, claro, que el presidente no siga empecinado en sus silencios kilométricos y en sus patinazos con la comunicación. Y mira que hay motivos de reproche contra Rajoy…

Podemos y su moción de censura

Sí, la del martes 13 de junio supone más bien una moción contra el PSOE de Pedro Sánchez –otro maestro en discriminaciones periodísticas, por cierto-, para ver si Podemos se puede quedar con el liderazgo de la oposición al Partido Popular, gracias a la tozudez del nuevo/viejo secretario general socialista. Pero pienso yo que es también, y acaso no en segundo término, una moción de censura contra nosotros, los periodistas que ejercemos de críticos en todas las direcciones y que, por cierto, creo que somos la mayoría, digan lo que digan en Twitter: no les gusta que pensemos que ‘noticia es todo aquello que alguien no quiere que se publique’. Ni les gustan los medios privados, ni El País, ni las teles públicas, a las que acusan, no sé si con algo de razón, de mediatizar la información, ni les gustan El Mundo, ni el ABC, ni tantos digitales, creo que este entre ellos. Bueno, en realidad, largos años de brujulear entre los políticos me han convencido de que no les gustamos a ninguno de ellos, se sitúen en la derecha o en la izquierda. O en el centro, aunque con Suárez, los periodistas, como algunos con Pedro Sánchez, jugasen al mus. Pero todos se tragan el sapo, saben que somos un mal necesario. Podemos, no. Podemos, simplemente, nos evita.

Me siento incurso en esa moción de censura, que no va solamente contra un político que gobierna, sino contra una manera de entender la política, la información, la sociedad

Por eso digo que me siento incurso en esa moción de censura, que no va solamente contra un político que gobierna, sino contra una manera de entender la política, la información, la sociedad. Yo sé que apañado iría si Podemos gobernase; sería el momento de concretar la jubilación como un escape a tiempo y estoy seguro de que ellos no lo lamentarían nada. Buf, menudo alivio para los morados que toda una generación de periodistas, que tanto hemos visto, sufrido y gozado esta profesión, que no se sientan en los suelos con Pablo ni le ríen las gracias –ni a él, ni a ningún otro-, desapareciese del mapa informativo. Somos gentes que se indignan ante la degradación patente de la política que supuso el desarrollo de la moción contra Cifuentes –en la que la propia presidenta quedó a la altura del betún: menuda dialéctica-. Somos abuelos Cebolleta/testigos de cargo, que insisten en que aquellos tiempos, no tan lejanos, conocieron políticos de mucha mayor talla y que a los emergentes lo único que les hace diferentes es que son aún más ambiciosos y descarados que los emergidos, que ya es decir.

Pablo Iglesias utiliza el Parlamento como prolongación del mitin

Ya digo: perdone por hablar de mí mismo, que reconozco que es vicio aparente de periodista que tanto ha visto. Pero ya ve que no hablo solamente de mí mismo. Ni de mis estrictamente coetáneos, que, como yo, conocieron la transformación de un país hacia la democracia hace cuarenta años y ahora reclamamos una especie de segunda transición. No: hay colegas, muchos y mucho más jóvenes, que me consta que piensan lo mismo que aquí expongo. Hablo de que hay que rescatar una forma de hacer periodismo frente a quienes se permiten ejercer la peor forma de atacar la libertad de expresión: dar la espalda a quienes pretenden obtener la información. Yo creo que esta moción de Podemos, cocinada, sin la menor transparencia, entre el grupo de amigotes/as, es un disparo directo contra esa libertad de expresión por la que tanto hemos querido luchar. Y a uno solamente le queda este grito, en este rincón: a mí, así, no me representan.

Imagen de portada: El secretario de Podemos, Pablo Iglesias, en el Congreso de los Diputados. | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Presidente del foro Educa 2020. Ha publicado más de treinta libros y da clases de comunicación en distintas universidades.

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