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Europa agrede los derechos de los migrantes . Olvida su identidad y sus valores esenciales

La política, la cultura y los medios europeos parecen confabulados para alejar a los migrantes. La agresión a los derechos humanos se torna en contra de los ciudadanos fieles a los valores esenciales del continente. Es como si la UE sufriese una enfermedad autoinmune.

La nueva crisis migratoria genera dudas acerca de nuestra fidelidad a la identidad europea. La agresión a los derechos humanos de los migrantes se vuelve en contra de aquellos europeos que se han mantenido fieles a los valores del continente.

Pese a esa inercia sistémica que vive Europa, en la que la política, la cultura y los medios parecen confabulados para no ver o alejar a los inmigrantes, sigue habiendo personas obstinadas que no quieren ser cómplices y mirar hacia otro lado. Martin Luther King decía: “No me preocupan los gritos de los violentos, de los corruptos y de los deshonestos, de los que no tienen ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”. La banalidad del mal como motor del holocausto.

Esas personas tercas no se atienen a razones. Sacrifican su zona de confort. Quizás es porque no están muertos. Quizás porque si no hiciesen nada tendrían pesadillas. Quizás porque sus ideales siguen teniendo que ver con los que pusieron Europa en pie, más allá del mercado único, del Tratado de Schengen y del Reglamento de Dublín. Quizás porque no se creen que el derecho a la vida sea menos importante que la normativa fronteriza.

El poder no puede permitir ese tipo de insubordinaciones. Podrían resultar contagiosas. Por eso hay que combatirlas. Eso sí, respetando la ley. Son ciudadanos con pasaporte europeo. No es tan fácil ningunearlos.

Historias para una epopeya posmoderna con héroe incluido

Recientemente, tenemos el caso de la tripulación del buque insignia de Proactiva Open Arms, que previsiblemente será acusada en Italia de desobediencia, con penas de entre 4 y 7 años de cárcel. El barco sigue confiscado en Sicilia. Se puede ver lo que sucedió visionando el vídeo colgado en la web de La Reppublica. Los socorristas llevaban cámaras GoPro en los cascos. La patrullera libia amenaza con abrir fuego sobre las zódiacs de la ONG si no se les hace entrega de los ocupantes que acaban de ser salvados en aguas internacionales, a 72 millas de la costa. Más allá de cualquier consideración ideológica o geoestratégica, ¿cómo argumentar la negación del auxilio debido? Y más en un salvamento marítimo. Y más a una barcaza atiborrada de personas. Y más a mujeres y niños. Y, más todavía, si la alternativa era entregarlos a una milicia armada de un país plagado de cárceles y de campos de concentración, que lo menos tiene tres gobiernos distintos, y al que las autoridades españolas no recomiendan viajar bajo ningún concepto, por su más que conocida peligrosidad.

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Otro caso, quizás no tan sonado en España, ha sido el publicado el 18 de marzo en el Corriere della Sera. Una guía alpina francesa del grupo Refuge Solidaire recogió en el paso alpino de Monginevro, a 1.900 m. de altitud, a una mujer embarazada de 8 meses que se encontraba muy mal, junto a su familia, formada por su marido y dos hijos, de 2 y 4 años. Estaban intentando pasar a Francia, sí. La voluntaria decidió llevarla al hospital más cercano, en Francia, sí. Pocos kilómetros más adelante, la Policía francesa les dio el alto y la activista fue acusada de tráfico de personas y puede ser condenada a 5 años de prisión, pese a que a la inmigrante estaba de parto y dio a luz ese mismo día. De nuevo había que escoger entre la vida y la ley y hubo quien se atrevió a afirmar la vida.

Sigamos con el elenco. Recientemente, han recogido el premio Mundo Negro a la Fraternidad el sacerdote católico Mussie Zerai, con residencia entre Roma y un pueblo suizo, y la activista española Helena Maleno, residente en Tánger. El primero, nominado al Premio Nobel de la Paz en 2015 y fundador de la agencia internacional Habeshia de cooperación con el inmigrante. La segunda, cofundadora de la ONG Caminando Fronteras. El primero afronta una causa en Sicilia por tráfico de personas. La segunda espera la decisión de un juez en Marruecos a causa de una investigación por tráfico de personas realizada por la Fiscalía española que se desestimó en España. Ambos cometieron los mismos errores: dar su número de teléfono a personas que intentaban cruzar a Europa por el Mediterráneo; y avisar a Salvamento Marítimo, facilitando la posición de los botes a la deriva cargados de vidas humanas.

También está José Palazón, de la ONG Prodein, en Melilla, que sigue protagonizando rifirrafes con las administraciones estatal y de la ciudad autónoma, en su intento constante de dar publicidad al trato inhumano que reciben los inmigrantes, especialmente los niños. O los tres bomberos sevillanos de la Proem-Aid, que serán juzgados en Grecia por tráfico de personas en grado de tentativa, con penas de hasta 10 años de prisión, por el hecho de desempeñar labores de rescate de personas en la isla de Lesbos. Todas y cada una de estas historias da para una epopeya posmoderna con héroe incluido. Aunque, como dice Pietro Bartolo: “Una sociedad que llama héroes a los que meramente cumplen con su deber es una sociedad enferma”.

No se debe confundir legalidad con justicia

El mencionado sacerdote eritreo Mussie Zerai lo formula del siguiente modo en la última página de su libro Padre Mosè: “La Persona no debe custodiar la ley, sino que debe dudar de ella constantemente, confrontándola con la justicia. Mi vocación de cristiano no consiste en ser custodio del orden constituido. No se debe confundir la justicia con la legalidad. (…) La justicia empuja a mejorar, no conserva: fermenta, no aprisiona. Porque no todo aquello que es legal es justo. Sed abogados y promotores de la justicia, no custodios de una legalidad hecha de muros, de alambres de espinos o de una legalidad que criminaliza al diferente, que lo priva de su dignidad de Persona”. No sé decirlo más claro.

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Solo añadiría una observación: la agresión a los derechos humanos de los migrantes (y la indiferencia ante ella) por parte de los europeos se está tornando en contra de aquellos ciudadanos europeos que se han mantenido fieles a los valores esenciales de nuestro continente. Es como si la UE estuviese sufriendo una enfermedad autoinmune: queriendo preservarse y defenderse de factores externos, se agrede a sí misma con extrema virulencia. Sin apenas darnos cuenta, entre goles de Cristiano Ronaldo y de Messi, nos convertimos en nuestros peores enemigos.

Escrito por

Periodista especializado en cine, televisión, literatura y cultura pop en general. También es escritor y profesor universitario.

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