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Rajoy rompe el cerco . El Gobierno avanza, pero hay quienes ya dan por amortizado al PP

Una vez encauzados los Presupuestos Generales del Estado para 2017, la legislatura se mete en otras embocadas, como ha quedado patente en la moción de censura debatida en el Congreso a propuesta de Podemos.

La participación de Mariano Rajoy desde el primer momento de ese debate es la prueba de la existencia de un cerco que el presidente ha empezado a romper empleando sus habilidades parlamentarias como nadie. El presidente se mueve por encima de la media desde la tribuna de oradores y su salida a la pista del circo organizado por el dúo Iglesias-Montero demuestra su voluntad de responder para tener la iniciativa, a pesar de la minoría. Rajoy contó las piedras que le tiran al Partido Popular, asumiendo como propio todo lo que le viene cayendo desde los tribunales, fiscalías o policías judiciales, con el añadido de las filtraciones que destrozan lo que económicamente consigue poner en pie cada mañana el Gobierno en minoría.

El PP está rodeado y Rajoy es consciente. Por eso, la moción de Iglesias ha sido para el jefe del Gobierno un ejercicio de legítima defensa. Por experiencia, sabe Rajoy que, una vez que el Gobierno ha encauzado las cuentas públicas y el crecimiento económico se dispara, el PP es prescindible. Arreglado el problema, ya se les puede quitar. Cuando el PP intentó transformar la ley del aborto para proteger al no nacido, siguiendo la doctrina del Tribunal Constitucional y el sentido común, se encendieron todas las alarmas. Los votos prestados desde el PSOE, más de un millón, hicieron mella en el Gobierno, que interiorizó la idea de que solo se había votado al PP para arreglar la situación económica. El tiempo ha demostrado que así ha sido.

La ley de Zapatero sigue intacta y otras cuestiones que la izquierda tiene en propiedad, como la educación, se mantienen como cuando el PP llegó al poder en 2011. La defensa de la unidad constitucional, además de la gestión económica, es el hecho diferencial con el resto de partidos, especialmente el PSOE. La moción de censura de Podemos es otra expresión más de que para la izquierda de todos los tonos, para la derecha políticamente correcta también, el tiempo del PP se ha terminado y por eso conviene mantener la tensión como en la segunda legislatura de Aznar. Entonces, la catástrofe del Prestige y la guerra de Iraq fueron las herramientas para acorralar a un Gobierno que acabaría perdiendo las elecciones tres días después de la matanza de los trenes, el 11 de marzo de 2004. El PP cayó, rodeado de una gran presión en la calle y en la opinión publicada. Ahora es la corrupción, y especialmente su percepción, la que tiene al PP cercado contra las tablas, a pesar de haber conseguido pactar entre siete partidos los Presupuestos de 2017. La economía empieza a crear empleo como antes de la crisis inmobiliaria y financiera de 2007 y es la baza del Gobierno, junto a la estabilidad institucional y la defensa de la Constitución, que pretende ser derogada en Cataluña.

Esa moción de censura que va, por ejemplo, contra mí

La creación de una comisión de investigación de todos contra el PP ha encendido las alarmas en el Gobierno, junto con la citación como testigo del presidente en el juicio de la Gürtel. Cada uno de los tres promotores, PSOE, Podemos y Ciudadanos, tiene objetivos bien diferenciados. Los dos primeros se disputan el espacio de la izquierda, tras la victoria clara y nítida de Pedro Sánchez. Y va a ir a más hasta complicar del todo el camino del PP, que trabaja ya en los Presupuestos de 2018. Rajoy tiene bloqueado cualquier intento de censura con la mitad de la cámara, con la que negocia las cuentas del año que viene. De él depende la convocatoria de nuevas elecciones. Sánchez va a pelear con Podemos por el espacio y recuperar, al menos, dos millones de votos que empiezan a asomar en las encuestas. Respecto a Ciudadanos, la pelea es otra, porque el trasvase de votos es directo desde el Partido Popular. Meter al PP en una causa general puede tener sus riesgos, más que nada porque los de Rivera son implacables con el PP, a diferencia de cómo se comportan con el PSOE en Andalucía. Y ese trato diferencial empieza a ser objeto de crítica. Ciudadanos no se opuso a llamar al expresidente Aznar a declarar a esa comisión. Rivera quiso aclarar después que solo era el período de Rajoy el que se iba a examinar. El matiz llegaba horas antes de clausurar un foro organizado por el Instituto que dirige el exlíder del PP. Ciudadanos se deslumbra con las encuestas todavía lejanas del calor de las urnas.

Sabe Rajoy que, una vez que el Gobierno ha encauzado las cuentas públicas y el crecimiento económico se dispara, el PP es prescindible. Arreglado el problema, ya se les puede quitar

Rajoy maneja otra vez el tiempo, acosado por la percepción de corrupción. El Gobierno avanza a pesar de todo, incluido el varapalo del Constitucional aprobando por unanimidad la sentencia del magistrado Andrés Ollero que tumba la amnistía fiscal de 2012. La veda se ha abierto. La consigna es que ya se puede echar al PP una vez que ha arreglado la cuenta. Rajoy sabe de política más que ninguno de los presentes en el actual panorama político. Por eso se arrimó en la moción de censura, para romper el cerco desmontando a Podemos. La apuesta es por una legislatura lo más completa posible para que escampe y, después, ya se verá. Es decir, como siempre.

Imagen de portada: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante una de sus intervenciones en el Congreso de los Diputados| www.congreso.es
Escrito por

Periodista. Presentador de La Linterna de COPE.

Ultimo comentario
  • Estimado Colmenarejo. Siempre es bueno escucharle y leerle, “por si acaso”.
    No obstante, no comparto lo que dice respecto a los votos que pudo no perder Rajoy por mantener la lay Pro aborto de Zapatero.
    Con cada decición política se ganan y se pierden votos. Si no se tienen principios sólidos que orienten la agenda política se pierden votos. Pero incluso en el caso de que se actue en contra de los principios del propio partido y solo se piense en clave electoral, la decisión de incumplir la promesa de acabar con el ‘derecho a vivir’ que es la Ley del aborto de Zapatero tiene consecuencias. No sé si ganó muchos votos por mantener la esencia de esa ley, pero estoy seguro de que perdió muchos más.

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