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Las manifestaciones en favor de la unidad de España ganan la batalla a la manipulación

El intento de golpe de Estado del Govern catalán del 1 de Octubre ha provocado que España vuelva a recuperar y alzar la voz en Cataluña. Lo confirma el amplísimo y masivo número de españoles que se manifestaron durante el pasado fin de semana, en Madrid y Barcelona, en favor de la unidad de España. Por su parte, en las mareas blancas se encuentra escondido un intento de manipulación de la sociedad civil.

La sociedad civil vibra en España. El sábado 7 de octubre y el domingo 8 de octubre hemos asistido a dos tipos de manifestaciones masivas: de un lado, las que piden la unidad de España, exhibiendo los colores patrios; de otro, las que se ha repetido en algunos lugares del país que, bajo una inocente bandera blanca, reclaman el diálogo (parlem)organizadas por la plataforma “Hablemos”.

En Madrid, el sábado 7 de octubre se vivió una masiva concentración en la Plaza Colón, convocada por la Fundación Denaes (en defensa de la Nación española), a la que asistieron cerca de más de 50.000 personas, según los datos de la Delegación del Gobierno, y en la que se oyeron vivas al Rey, a la Policía y la Guardia Civil, y proclamas de “Puigdemont a prisión”. Tras la manifestación, muchos ciudadanos partían rumbo a Barcelona, donde se preparaba la concentración del domingo. Catalanes y españoles, juntos con un mismo objetivo, se han coordinado para que la afluencia sea masiva: los billetes a Barcelona se agotaron rápido y muchos catalanes ofrecieron cobijo en sus casas, a través de portales de internet y Whatsapp, para alojar a quienes acudían en su apoyo desde otros puntos de la geografía nacional. Tras esta manifestación está la asociación Sociedad Civil Catalana (SCC), que hizo un llamamiento a “todos los ciudadanos de Cataluña y del resto de España”, así como a partidos políticos y entidades cívicas para que “defiendan los valores constitucionales”, el domingo 8 de octubre a las 12 horas, en la plaza Urquinaona de Barcelona. La consigna de este lado es clara: unidad, respeto a la Constitución y las leyes y nada de negociaciones con los golpistas. El Partido Popular y Ciudadanos se han sumado a la manifestación. El PSOE de Pedro Sánchez, tibio, titubeante… (o quizás oportunista, que es peor), ha pedido a sus simpatizantes que vayan, pero no se ha sumado formalmente. ¡Qué diferencia con otros líderes sociales, como Felipe González, José Bono, Guillermo Fernández Vara, Ramón Jaúregui o Alfonso Guerra, quienes han reprobado la actuación de la Generalitat catalana abiertamente! manifestaciones

La manifestación del domingo en Barcelona fue algo más que un éxito clamoroso de convocatoria, atendiendo al volumen de asistentes, fue el renacer de una mayoría silenciosa en Cataluña: la de los catalanes que se sienten españoles y que, por primera vez, lo han dicho sin miedo en la calle. Para ellos no hay opciones ni alternativas. La única opción es España, España y más España, porque la única bandera estelada posible es la de la Unión Europea, como dijo Josep Borrell en el manifiesto, tras finalizar la marcha.

En contraste con la postura anterior de defender la unidad de España y no ceder al chantaje, el sábado se vieron, tanto en Cataluña como fuera de ella, unas mareas blancas que pedían diálogo y negociación ante muchos ayuntamientos. Estos ciudadanos no enarbolaban banderas (ni las patrias, ni las esteladas de los separatistas catalanes), como exigía la convocatoria, sino manos y caras blancas, simulando la inocencia del color, un color blanco, empleado en las ropas de los asistentes, las banderas, los globos y las pancartas. La plataforma “Hablemos” da la razón así a aquellos catalanes que dicen sentirse oprimidos en España, porque entra en el juego de la cesión y la negociación. Estas mareas blancas me traen a la memoria el cuento de “Las siete cabritillas y el lobo”. Recordarán ustedes la trama: mamá cabritilla se va al mercado y les dice a sus criaturas que no abran la puerta a nadie hasta que ella vuelva, pero el lobo consigue engañarlas, aclarando su voz con claras de huevo y pintándose de blanco la patita. Pues bien, tras las mareas blancas hay un claro intento de manipulación, ya que, no enarbolando banderas, los convocantes maquillan el panorama político y hacen ver como algo positivo y constructivo la negociación con el lobo (Puigdemont, la CUP y Ómnium Cultural). Pero ese lobo terminó comiéndose a todas las cabritillas que le abrieron la puerta, excepto a la más pequeña, que se escondió a tiempo. manifestaciones

¿Qué son estas mareas blancas? Bajo la inocente apariencia de las manifestaciones blancas, hay un claro intento de manipulación de la sociedad civil. Simpatizantes de Podemos, de Manuela Carmena o de Ada Colau forman parte de esta plataforma, que vende en positivo la aceptación de un golpe de Estado.

Los juegos de palabras empleados por los populismos (nacionalistas o podemitas) no son casualidad. Las palabras esconden un poder inusitado: decir “golpe de Estado” no es lo mismo que llamarlo “procès”. Decir “hablemos” no es lo mismo que decir “cedamos a la presión”. Con palabras mágicas y bonitas convierten en aceptable lo que no lo es y buena parte de la sociedad civil cae en la trampa y se suma a la blanca e inocente concentración.

Manifestaciones que buscan un diálogo innecesario

Quienes defienden el diálogo se olvidan de que el 23-F nadie negoció con Tejero, al igual que no se negocia con dictadores. En Cataluña hay una dictadura nacionalista, un sistema de gobierno que ya no vela por el bien público (que es su única función), sino que aspira a controlar la vida privada de los ciudadanos, sus modos de pensar, de actuar y su forma de expresarse, con el único y exclusivo objetivo de proclamar la República Democrática de Catalunya. Cuando no hay libertad de expresión, cuando da miedo hablar en una lengua distinta al catalán o decir que uno es español, no hay democracia. En democracia las personas no tienen miedo a opinar de forma diferente. En las dictaduras, sí. Los ciudadanos que han salido a las calles a pedir que “parlem”, que hablemos, en Sevilla o en Santiago de Compostela, por ejemplo, lo han hecho porque viven en democracia, bajo un sistema político que les da garantías, derechos y libertades. En Cataluña, hace una semana, muy pocas personas se atrevían a salir a la calle con una pulsera o una camiseta con los colores de la bandera de España (algo que, por cierto, sigue sucediendo a día de hoy en el País Vasco… porque allí el miedo persiste, aunque no haya violencia como antaño).

Que no pinten de blanco lo que no es. Que no fuercen a un diálogo donde no hay motivo. Que no nos lleven al engaño… porque España es y seguirá siendo un espacio de libertad. ¿Lo será la nueva Cataluña independiente de Puigdemont? Lo dudo.

Solo tenemos una cosa que agradecer a Puigdemont: haber dado voz a España en Cataluña. La manifestación de Barcelona del 8 de octubre de 2017 y el discurso del Rey marcarán un antes y un después en la historia de España.

Imagen de portada: Estación de metro de Plaza de Catalunya, en Barcelona, durante la jornada de la manifestación en favor de la unidad de España y la defensa de la Constitución | Societat Civil Catalana
Escrito por

Profesora titular de Ciencia Política en USP CEU, doctora en Estudios Europeos por CEU Cardenal Herrera, máster en Ayuda Internacional Humanitaria por la Universidad de Deusto y experta en sistemas políticos comparados y procesos electorales.

Ultimo comentario
  • Pues sí, Ainhoa, coincido en que al final vamos a tener que agradecer al molt miserable “Pico del Monte” el haber despertado el españolismo que desde hace tantos años se viene apartando de los colegios y de la sociedad como si de una mala epidemia se tratara.
    En mi artículo del pasado jueves, trato el mismo tema desde ese punto de vista, pero comento las intervenciones de los que citas -que yo llamo”PROFETAS DEL PASADO”- desde otro muy diferente, ya que,, a mi juicio -aunque no estorban sus comentarios-, parece que se olvidaron de que en sus manos estuvo durante casi cuarenta años haber evitado que la situación llegara al límite que estamos viendo estos últimos días, que algunos alimentaron, consintieron o las dos cosas.

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