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La guerra sucia de los mails de Sánchez dopa la carrera electoral

El escándalo de los mails de Sánchez para actuar contra el PP es el culmen de un uso insolente e irresponsable de las instituciones por parte del presidente, que solo busca prolongar su Gobierno a base de decretos leyes y gastos a mansalva.  

No son “Los papeles del Pentágono” ni las cintas que llevaron a la destitución del presidente Richard Nixon. Pero si hemos dado categoría histórica a un whatsapp dirigido por el expresidente Mariano Rajoy al extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas (“Luis, sé fuerte”, una especie de jaculatoria para chicos de bachillerato), hemos de convenir que el descubrimiento de los correos electrónicos enviados por los fontaneros de Pedro Sánchez a diversos funcionarios en petición de iniciativas para ser usadas por el Partido Socialista contra el PP constituye un auténtico escándalo.

Cierto es que Sánchez ha acostumbrado a su parroquia (y, por extensión, a todo el país) a considerarlo, sobre todo, un consumado practicante de la divisa maquiavélica por excelencia -el fin justifica los medios- en defensa de la conquista y conservación del poder.

Pero su pretensión de prolongar el Gobierno hasta el último minuto, burlar al Parlamento (que está disuelto) a base de decretos leyes y utilizar sin freno todas las ventajas que da el poder, ha superado todas las marcas. José Luis Rodríguez Zapatero era un becario en Moncloa al lado de Pedro Sánchez. Los mails de Sánchez son un escándalo que altera la carrera electoral.

La osadía de Sánchez y el decreto ley como abuso de poder

Toda realidad ignorada prepara su venganza, escribió Ortega y Gasset, nuestro filósofo siempre de guardia, en su “Epílogo para Ingleses” de La rebelión de las masas. La conocida cita del gran maestro (que dijo también que a los españoles nos pasa que no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa) la ha utilizado Pablo Casado, el hombre que aspira a destronar a Sánchez, en un reciente desayuno del Nueva Economía Forum, en el que ha arengado a sus huestes, que llenaron el Palace del entusiasmo esperanzado que precede a la confección de las listas, con un enérgico decálogo electoral, pero sin dejar de subrayar lo que se le viene encima al PP si gana las elecciones.

Se le viene encima la realidad que quiere ocultar ahora un Sánchez más desencadenado que el Dyango de Tarantino: el hecho de que no hay presupuestos, y se tira sin reparo del gasto demagógico; que las elecciones están ya ahí, y la Junta Electoral tiene que velar por que el Gobierno no haga trampa; y que eso de que cada viernes  (“¡viernes sociales”! clamó Casado, para denunciar que hemos pasado de un Gobierno caciquil a un Gobierno de prácticas mafiosas) vaya a convertirse en una fiesta (“estén atentos ese día”, advirtió una de las ministras a los periodistas) a pesar de que se percibe una cierta ralentización económica y la tendencia del paro se ha quebrado sin que los expertos se pongan de acuerdo en el porqué. Aunque algunos apuntan a la subida del salario mínimo como una de las causas.

Dopaje electoral 

Los mails de Sánchez: ellos pueden ser incluidos en el apartado de prácticas nada ejemplares por parte de un Gobierno que, en lógica democrática, ahora tendría que estar despachando los asuntos corrientes (que se pague a los funcionarios, que circulen los trenes y los coches, que los jueces actúen, que no haya colas excesivas en los dispensarios médicos, que la gente se sienta feliz al volver tranquilamente a casa una vez cerrada la jornada laboral), en vez de buscar cómo impedir que las elecciones sean impecablemente pulcras.

Y eso es lo que se ha buscado con los mails de Sánchez, que, como ha titulado el periódico El Mundo, autor de esta investigación, “rinde las instituciones a su servicio”, pues el Ministerio de Asuntos Exteriores dio instrucciones a funcionarios “para que redactaran argumentarios para uso del grupo parlamentario socialista”. El periódico recuerda que nunca en 40 años de democracia se habían utilizado las instituciones con tanta insolencia e irresponsabilidad.

El precio del poder . Sánchez compromete el déficit para solventar sus deudas políticas

Los mails de Sánchez son también los correos enviados desde La Moncloa por la directora adjunta del Gabinete de la Presidencia (ese que dirige el ya famoso Iván Redondo, especialista en marketing político que, al parecer, es una de las personas más cercanas al, en estos momentos, presidente en funciones), pidiendo a los directores de Gabinete de todos los ministerios “argumentos de ataque frente a otros partidos, sobre todo el PP”.

Como todo se acaba sabiendo, y no queda más remedio que hablar tapándose la boca con la mano, como hacen los entrenadores de fútbol cuando quieren decirle a un delantero a punto de salir que tire a puerta, El Mundo ha tenido acceso a ese correo.

Ante una campaña en la que hay dopaje electoral (metáfora deportiva utilizada por Ana Pastor y Pablo Casado), la Junta Electoral dirá la última palabra. Aunque todavía quedan el CIS de José Félix Tezanos y la RTVE de Rosa María Mateo haciendo lo que pueden, que es mucho.

Pero sí que podemos decir que algunos españoles, desmintiendo a Ortega, empezamos a saber las cosas que nos pasan. Al menos, en periodo electoral.

Imagen de portada: El secretario general del PSOE ,Pedro Sánchez, durante la última campaña electoral | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Expresidente-director general de la Agencia EFE.

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  • Nos espera una buena…-desinformación, rumores interesados, silencios cómplices. Hay que actuar con responsabilidad, buen criterio y compaginar corazón con cabeza.

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