Diario de análisis, reflexión y valores   

 

Madrid Central. Carmena y su audaz medida del cierre a los coches

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, sigue con su proyecto Madrid Central para luchar contra la contaminación. Pero, ¿a qué precio? Coches fuera, plazas de aparcamiento limitadas y multas de hasta 90€ para todo aquel que se atreva a atravesar el muro.

No hace falta leer al visionario y deslumbrante Yuval Noah Harari, quien enseña que el cambio es lo único constante, para concluir que vivimos un momento de trascendentales mutaciones. No cabe duda de que la vorágine del avance científico tratará de poner freno a la capacidad de destrucción del hombre, pero hay que intentar ayudar a los sabios: combatir la contaminación constituye hoy un mandamiento de cumplimiento obligatorio.

Las grandes ciudades avanzan, aunque sea en patinete, en esa dirección. Y Madrid, la capital de España, gobernada, con el apoyo del PSOE, por un conglomerado de antisistemas que se cobijan bajo la autoridad moral de Manuela Carmena, una abuela con pedigrí izquierdista que presume de no pertenecer a Podemos, se ha apuntado a la jugada. La ecología manda. Coches particulares, fuera. Y los no particulares, con cuentagotas. Madrid Central es el proyecto estrella del final de la legislatura. Un experimento que afecta a 470 hectáreas: la llamada “almendra central” de la capital. La almendra: un producto muy adecuado para las fiestas de la Navidad.

El problema del tráfico es un asunto que todas las ciudades padecen en mayor o menor medida y tratan de resolver a su manera. En tiempos del franquismo, cuando los alcaldes eran elegidos a dedo, Madrid tenía menos atascos de circulación que ahora, como es lógico, pero ya los ediles hacían pinitos en lo que podríamos llamar “modelo Carmena”, esto es, copiar lo que se hacía fuera. Es famosa la anécdota protagonizada por uno de ellos que, después de viajar a Nueva York para aprender de las experiencias municipales de la Gran Manzana, inició su informe sobre lo visto y digno de ser imitado, entre la expectación de sus compañeros concejales, con una frase memorable: “Hay que desengañarse, Nueva York es una gran ciudad”.

Madrid también lo era, y había empezado a serlo desde que Felipe II sacó la corte de Valladolid, en el siglo XVI. Desde entonces ha ido tratando de acomodar su crecimiento, a veces desordenado y fruto de una especulación salvaje, a las necesidades de la población. Tiene un metro razonablemente eficiente y una red de autobuses que no desmerece en comparación con las europeas. Pero hay dos problemas difíciles de resolver, y más aún si la obsesión ecológica, con restricciones de tráfico para luchar contra la contaminación, se impone a todo: la circulación por el Madrid Central (donde entran a diario alrededor de 300.000 personas) y la dificultad de aparcar el vehículo si, superando las trabas impuestas a esa entrada en función de circunstancias especiales (residentes, sus invitados, personas de movilidad reducida), se consigue derribar el muro. En el Madrid Central solo hay 9.363 plazas de aparcamiento.

Así estrecha Manuela Carmena el cerco al coche privado en Madrid: precios y recorridos

La metáfora del Muro de Berlín

El muro. Pero qué dice usted. Estamos hablando de Madrid Central, no del Muro de Berlín. Hombre, es una metáfora. La ha utilizado el alcalde de Alcorcón, que debe ser muy nerudiano. No hay muro como tal, pero sí hay unas líneas rojas que no se pueden traspasar si no quieres que te multen con 90 euros… a partir de marzo. Porque como todo este quilombo, como dicen los argentinos, es fruto de la improvisación, al equipo de la alcaldesa, que se ha encontrado con varios recursos en contra de la medida y con la protesta de la oposición y de cerca de un centenar de colectivos profesionales y vecinales, le ha parecido conveniente aplazar la recaudación mientras la gente se va haciendo a la idea. “Hay que acostumbrarse”, ha dicho la alcaldesa. Y su mano derecha en este negociado, la delegada de movilidad y medio ambiente, Inés Sabanés, ha dejado para la posteridad esta afirmación digna, es verdad, del auténtico, ahora derribado, Muro de Berlín: “Es un momento histórico por lo que supone para la salud de la ciudadanía”.

Carmena espera confiada en que las elecciones de mayo (a las que se presenta por exigencias del guion, encabezando una lista que aún no se sabe quién la formará) aprueben esta audaz medida y pueda seguir en la alcaldía. “Si estamos un poquito en silencio, hasta se pueden oír algunos pájaros. Esto puede ser el principio de lo que puede llegar a ser Madrid, una ciudad de verdad, con más vida y menos humos”.

No solo algunos pájaros. Ella escucha ya los gallos de la aurora, como pedía Antonio Machado.

Escrito por

Periodista. Expresidente-director general de la Agencia EFE.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons