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Macron contra la natalidad. Los hijos son un don frente al egoísmo social

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha afirmado que la alta natalidad en África se debe a la ignorancia. Nada más lejos de la realidad. Los hijos son un bien capaz de forjar el futuro y revigorizar el tejido de una sociedad enferma de individualismo.

Emmanuel Macron hizo un breve discurso en una gala benéfica. Hablando de África, afirmó que la razón de que las mujeres de ese continente tuviesen tantos hijos era la ignorancia.

Está previsto que en África haya 2.500 millones de habitantes en el año 2050. Eso asusta, especialmente si lo que quieres es seguir viviendo en un bienestar hecho de holguras, como el Occidente posilustrado. Algo que, si queremos conseguir sin reducir el hiperconsumo, la hiperproducción y sus derivadas, solo se hace posible eliminando competidores mediante el darwinismo social.

La cultural neoliberal es enemiga de las familias extensas. Más allá de los anticonceptivos, el aborto y la incorporación de la mujer al mercado laboral, es el individualismo recalcitrante el que convierte la familia numerosa en una rara avis. Criar una gran prole se hace infinitamente arduo si vivimos entregados al albur del éxito, la competitividad y la selección natural. La familia numerosa en un entorno urbanita experimenta ipso facto el moralismo individualista. Sabe que estorba. Es sistemáticamente invitada a la culpabilidad por las formas, por no saber estar, por invadir el espacio, por molestar.

Frente a esta inhumanidad programada, el Papa dijo lo siguiente en Santa Marta sobre el niño enfermo –algo que creemos perfectamente aplicable a las familias numerosas de hoy en día-: “Es como cualquier necesitado de la tierra, como un anciano que necesita asistencia, como tantas personas pobres que tienen dificultades para vivir: él, ella, que se presenta como un problema, es en realidad un don de Dios que puede sacarme del egoísmo y hacerme crecer en el amor. La vida vulnerable nos indica la salida, el camino para salvarnos de una existencia replegada sobre sí misma y descubrir la alegría del amor”.

Macron y el nuevo metarrelato capitalista

El que necesita ayuda para cuidar de sus hijos siempre polariza el corazón del otro. Su simple precariedad –garantizada por el entorno agreste-, sin decirlo, está clamando al cielo, está pidiendo ayuda, implora ser acogida por lo que es, no por lo que hace o es capaz de hacer. De este modo tan sencillo, el mendigo pone en crisis los valores pragmáticos y hedonistas que tantas veces suscribimos tácitamente. Este nuevo metarrelato capitalista es el que pone a funcionar la eficientísima máquina de la normalización de las conductas. Algo que acaba traducido en culpa y descarte en la carne de los más desfavorecidos y de los supuestos infractores de la normalidad.

La bronca de Macron a un adolescente trata de corregir a una juventud impertinente

El pensamiento único nos hace depositar nuestras esperanzas en el espejismo del dominio de la situación y de la seguridad, como antídoto al miedo provocado por la incertidumbre y el riesgo. Un buen ejemplo de esto lo encontramos explicitado en el documental La teoría sueca del amor (2015), donde se nos muestra el resultado de unas políticas públicas orientadas a minimizar el contacto con el otro, el pringue social.

Criticar todo esto, sin embargo, sería utópico si no hubiese una alternativa real a la soledad prometeica, fruto tanto del estado escandinavo socialdemócrata como del neoliberalismo sin fronteras. Tal alternativa es la que nos la señala el Papa en la Gaudete et Exsultate cuando habla de: “La comunidad que preserva los pequeños detalles del amor, donde los miembros se cuidan unos a otros y constituyen un espacio abierto y evangelizador, es lugar de la presencia del Resucitado que la va santificando según el proyecto del Padre.”

Por todo esto, no le podemos dar la razón al Sr. Macron. Nuestros hijos y los de las africanas -caso de ser demasiados- no nos hacen ignorantes. Son un bien capaz de regalarnos un futuro y de ayudarnos a revigorizar el tejido social de nuestra sociedad, cada vez más enferma de soledad. Son –siempre- una oportunidad para dejar atrás la pequeñez de la propia medida y el egoísmo, para abrirnos a una visión del mundo y de la vida como un don.

Imagen de portada: Emmanuel Macrón, presidente de la República Francesa | Flickr/Présidence de la République France
Escrito por

Periodista, escritor y profesor en la Universitat Abat Oliba CEU.

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