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La nueva lucha de clases de un socialismo agotado

El socialismo ha dejado de tener sentido. Por eso, vuelve a tirar de su amuleto, la lucha de clases, e inventa enfrentamientos de los que sacar provecho: hombre y mujer, pensionistas y trabajadores, propietarios y desahuciados, católicos y no católicos…

Siglo y medio después, la capacidad de evolución del socialismo sigue demostrando su inexistencia. La lucha de clases fue su cuna en brazos de Karl Marx. Hoy, tras haberse implantado muchos más derechos sociales de los que nunca habría imaginado el socialismo a mediados del siglo XIX, los líderes de este planteamiento siguen explotando la lucha de clases, pero ahora sobre otros colectivos y situaciones.

El enfrentamiento entre hombre y mujer, entre pensionistas y trabajadores, entre propietarios y desahuciados, entre católicos y no católicos, o incluso entre conductores de diésel y usuarios de transporte público, o hasta entre el taxi y el Cabify. Cualquiera de estos enfrentamientos provocados le vale a los líderes y activistas del socialismo para identificar un supuesto colectivo discriminado y volver a abanderar una impostada lucha de clases como principio inspirador de su programa de teórica defensa de los oprimidos.

El simplismo de Marx

La lucha de clases es, posiblemente, el mayor ejercicio de simplismo jamás observado en el intento de interpretar la historia de la especie humana. Un simplismo que Karl Marx logró que se implantase y que viajase hasta nuestros días.

El Manifiesto comunista la impulsó afirmando que todo cambio histórico era siempre el resultado de una lucha continua entre clases sociales opresoras (altas) y oprimidas (bajas). La tesis se completó asegurando que las raíces de este conflicto eran de naturaleza económica.

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Todo tenía sentido para el socialismo original gracias a esta tesis. Las luchas entre amos y esclavos, entre señores feudales y siervos, entre empresarios y empleados. Y no solo tenía explicación, sino que esa lucha era incluso beneficiosa, porque eran los conflictos entre dichas clases los que permitían los cambios revolucionarios.

Siglo y medio después de la teorización sobre la lucha de clases, el socialismo ha vuelto a tirar de su amuleto particular en pleno agotamiento ideológico. Pero, eso sí, readaptado a una época en la que los viejos proletarios explotados se han convertido mayoritariamente en clase media, con vacaciones, sindicación, descanso semanal, cobertura social, derecho a prestaciones por desempleo, pensión por jubilación, etc.

Porque lo cierto es que la quiebra del discurso del socialismo es el resultado de su triunfo. Del logro de todo lo que pedía en aquella época e, incluso, de haberlo superado con creces. Del agotamiento de su objeto social, por decirlo de otra forma.

El socialismo ha reinventado la lucha de clases

Pero quienes viven de este movimiento profesionalmente no han asumido ese agotamiento de su pelea, porque supondría admitir que su partido ha dejado de tener sentido: que ha reducido tanto su ámbito de reivindicación realista que ha tenido que pasar a inventarse enfrentamientos de los que sacar provecho.

Y, fruto de ello, el socialismo ha reinventado su lucha de clases. Pero ahora aplicada, por ejemplo, a provocar el enfrentamiento por medio de las leyes de género entre los hombres y las mujeres. Por eso quieren convertir al hombre en el opresor generalizado -no individual, sino colectivo-: porque inventado el delincuente colectivo, surge otro colectivo al que ideologizar. Y la rentabilidad del voto está en la captación de colectivos, no de individuos.

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Por eso enfrentan a los propietarios con los desahuciados, como si la culpa de un impago fuese de quien sí paga. Porque, de ese modo, ellos pueden venderse como los defensores del supuesto colectivo oprimido.

Por eso convierten en potencial asesino al conductor de un diésel por sus emisiones. Por eso promueven los enfrentamientos entre el taxi y los VTC. Por eso generan el choque laicista entre católicos y no -llegando incluso a obviar las ablaciones o lapidaciones con tal de enfocar la crítica en el catolicismo-. Por eso resucitan el guerracivilismo. Porque los enemigos contra los que cargar son necesarios en sus nuevas luchas de clases.

Porque solo del enfrentamiento nacen los apóstoles de las soluciones simplistas y populistas.

Imagen de portada: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante un mitin en el Palacio de Congresos de Cádiz | Agencia EFE
Escrito por

Periodista.

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