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Peter Berger, Liu Xiaobo, Leopoldo López y las dictaduras comunistas de China y Venezuela

El caso del recientemente fallecido premio Nobel Liu Xiaobo, encarcelado debido a su enfrentamiento con el régimen comunista de China, recuerda al del líder opositor de la dictadura venezolana, Leopoldo López. La situación político-económica de ambos países pone en relieve, aunque de forma antitética, el diagnóstico que realizó Peter Berger en La revolución capitalista sobre la compatibilidad entre mercado y dictadura.

Hace dos semanas, falleció Peter Berger, notable sociólogo austriaco coautor de uno de los libros más influyentes que se han escrito tras la Segunda Guerra Mundial, La construcción social de la realidad (1966). Berger, que ejerció en la Universidad de Boston desde que acabó la guerra, fue autor de otro libro menos conocido titulado en español La revolución capitalista (1990). Lo asocia mi memoria al fallecimiento de Liu Xiaobo, premio Nobel de la Paz, líder de los intelectuales que se oponen desde dentro al actual régimen chino por su continua vulneración de los Derechos Humanos, y al arresto domiciliario de Leopoldo López, principal líder de la oposición al régimen sedicentemente democrático de Maduro. Explicaré la relación.

El liderazgo pacifista de Liu Xiaobo fue reconocido desde la revolución de Tiananmén. Se encontraba entonces en Nueva York y, al conocer lo que estaba ocurriendo en la famosa plaza pekinesa, tomó un avión para añadirse a la manifestación en aquellas inolvidables jornadas de 1989, cuando la desarmada población universitaria se enfrentó a los tanques comunistas. La autoría de la carta 08, aprovechando el sexagésimo aniversario de la Declaración de Derechos Humanos, para solicitar un Estado democrático en el que fueran posibles la disidencia política y la libertad de opinión, le valió el encarcelamiento hasta su muerte por incitar “a la subversión del poder del Estado”. Es el motivo aducido por el régimen de Maduro para mantener encarcelado al opositor Leopoldo López. Como Xiaobo, López forma parte de los “golpistas” cuyo disentimiento democrático es calificado como traición por los añorantes del ensueño comunista.

Puede parecer rara esta asociación de personalidades tan ajenas y distantes como Berger, Xiaobo y López. La lejanía hace más significativa la relación. Gracias a haberse adaptado a un sistema de mercado, China ha prosperado a pasos agigantados hasta convertirse en la segunda potencia mundial. Tras fallecer Mao en 1976, hubo que desmantelar una “revolución cultural” que sometía la economía china a la disciplina totalitaria de la planificación comunista. Ocurría al tiempo que comenzaba a mostrarse la impotencia del régimen soviético para mantener el comunismo. Fertilidad prematuramente agotada de jardines simultáneamente agostados por un sistema productivo impotente para producir los frutos prometidos.

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El acelerado desarrollo de China ha sido posible al prescindir del materialismo económico para adoptar el mercado. China es ahora un Estado de partido único en que una clase dirigente permite prosperar a inversores capitalistas mientras no interfieran en la dictadura política. Que la clase dominante se proclame comunista para justificar su dictadura es irrelevante cuando se ha vaciado de contenido al comunismo para dar paso a un capitalismo fiscalizado. Prueba del nueve de que no hay otro acceso a una sociedad sin clases que el reparto colectivo de la pobreza. El régimen admite el enriquecimiento privado para fomentar la productividad, mientras los beneficiarios, cada vez más numerosos, no se inmiscuyan en la dominación del partido.

El chavismo en Venezuela

El proceso iniciado por el chavismo en Venezuela es inverso al chino. La corrupción precedente fue el motivo aducido por el chavismo para nacionalizar progresivamente la actividad productiva. A base de prometer un reparto equitativo de la riqueza, el chavismo fue eliminando la industria privada y nacionalizando la economía. Decir “nacionalización” es un modo eufemístico de no decir “control por el poder político de turno”. La demagogia sustituyó a la iniciativa hasta agotar a uno de los países más ricos del planeta en fuentes de energía y paralizar su actividad. La subvención pública improductiva sustituyó a la productividad empresarial. A medida que el proceso hacía aguas, arrojando a la pobreza a cada vez más amplias capas de población, las instituciones democráticas fueron invadidas por el intervencionismo gubernamental. Resulta ahora patente a la clase dominante que solo puede mantener el control de la calle monopolizando el poder, originariamente electoral, para impedir que la frustración colectiva acabe democráticamente con su dominio dictatorial. El Liu Xiaobo de este proceso se llama Leopoldo López. Como Xiaobo, ha salido de la cárcel para pasar a arresto domiciliario. Había que evitar el escándalo, que no han podido evitar los chinos, de que su posible fallecimiento se aparejara al encierro carcelario.

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He aquí la relación con el recién fenecido escritor austriaco: la compatibilidad entre el mercado, la propiedad y el capitalismo fue el tema de La revolución capitalista, el libro que publicó Berger en 1990, tras el derribo del muro de Berlín. Berger mostró que la libertad de transacciones del mercado era una condición necesaria para la producción de riqueza en democracia, pero también que la libertad económica podía coexistir con regímenes autoritarios y con tradiciones culturales diferentes de las democracias occidentales. La libertad del mercado, garantizada por un orden que reconoce la propiedad privada, es una condición sine qua non, pero la democracia exige subir, además, los peldaños de la revocación pacífica del poder, de la libertad religiosa y de opinión, de la disidencia política y del reconocimiento efectivo de los derechos humanos. El ascenso de China a segunda gran potencia y el descenso de Venezuela, donde solo aumenta el índice de percepción de corrupción, confirman las previsiones de Berger. Como institución para fomentar la productividad, la economía basada en el mercado carece de alternativa. El mercado es condición necesaria, pero no suficiente para la democracia.

La muerte de Liu Xiaobo pone en evidencia el déficit democrático de la dictadura china en aspectos fundamentales como el respeto institucional de los Derechos Humanos, la revocabilidad del poder, la licitud de la disidencia y la seguridad jurídica. La actual negativa a excarcelar a su viuda deja patente ante el mundo el rictus de crueldad en el rostro dictatorial de la potencia china.

El desmantelamiento del mercado en Venezuela muestra que es el paso primero para reemplazar la democracia por la dictadura. El tratamiento de Maduro a Leopoldo López deja patente la antitética similitud de los procesos chino y venezolano. Por resistirse López al proceso golpista gubernamental, es tratado como si él fuera el golpista.

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De la enseñanza de Berger se desprende que la sociedad de mercado es el único sistema compatible con la democracia, la libertad de acción, la productividad. Los procesos de cambio no pueden controlarse. A menos que se produzca una tajante involución, siempre cabe la posibilidad, como ocurrió en España y en Chile, de que la dictadura se abra a la democracia como consecuencia del ascenso de una nueva clase media cada vez más numerosa. En Venezuela se asiste al proceso contrario. Como cada día es más evidente que no es posible conciliar la planificación política de la economía con la prosperidad, la clase dominante se enroca en el control del poder, recurriendo a la violencia institucional y material para impedir dar cuentas de su fracaso.

Liu Xiaobo y Leopoldo López son símbolos que la libertad exhibe para hacer patente el diagnóstico que en 1990 hizo Berger sobre la compatibilidad entre mercado y dictadura. Cabe esperar que en Venezuela se quiebre el trágico proceso de desmantelamiento de su capacidad económica y que López esté allí para verlo. Sobre la viuda de Liu Xiaobo, solo cabe esperar que el gobierno comunista ceda a la presión internacional para evitar el sonrojo de mostrar al mundo que el único método de sofocar los deseos de libertad del pueblo chino consiste en alimentar el obituario de los asesinados por la dictadura.

Imagen de portada: Activistas pro-derechos humanos participan en una vigilia con velas encendidas para pedir la liberación de Liu Xiaobo, en 2010 | Agencia EFE
Escrito por

Periodista y escritor. Profesor emérito de la USP CEU.

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