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El Gobierno desprecia la vida y no derogará la ley mordaza que tanto criticó

Sánchez no parece dispuesto a derogar la ley mordaza para eliminar las devoluciones en caliente, a pesar de haberse comprometido a hacerlo en cuanto pisara Moncloa. Su política de inmigración muestra un desprecio por la vida, la dignidad y los derechos.

Si por algo se ha estigmatizado al anterior Gobierno del PP, además de por la lacra de la corrupción, es por su ley mordaza. Contra ella han alzado todas sus reivindicaciones de libertad e igualdad los aquelarres de la izquierda.

Cuando Pedro Sánchez todavía poblaba la oposición y pasaba su tiempo afilando el cuchillo, a la espera de su definitivo asalto al poder, solía repetir, cual mantra indubitable, aquello de que apenas el PSOE tocase La Moncloa iba a derogar el tótem de la ley mordaza, como quien derriba y decapita la estatua de Franco.

Tras la moción de censura, el carrusel de medidas socialistas se desencadenó. Pablo Iglesias y sus huestes digitales apoyaron con firmeza las nuevas medidas. Los titulares y las redes sociales hicieron los coros. La nueva lógica pública de la posverdad se puso de largo.

España se ha guerracivilizado más

El Aquarius fue aceptado en el puerto de Valencia y recibido con luces y taquígrafos. Se preparó la exhumación de los restos mortales de Franco. Se acercaron los presos del proceso catalán. Se jugó al tetris con el estamento judicial, a fin de poder negociar los presupuestos con los nacionalismos periféricos. Se desencadenó una nueva cultura política: la de los gestos. Y con ella se guerracivilizó un poco más nuestra querida España.

Devoluciones en caliente. El Gobierno pasa la patata a los jueces

Sin embargo, tras todo ese ruido, quedaba pendiente aquel viejo mantra de la derogación de la ley mordaza. En el dedo de Pedro Sánchez, sin embargo, el anillo de poder ya iniciaba su influjo. Las cosas dejaban de estar tan claras como cuando se criticaba al Gobierno, desde la oposición. Europa vigilaba, exigiendo rendimiento y resultados.

El verano llenó las costas de pateras. Hubo un par de saltos masivos en las siempre dramáticas vallas. La retórica de la seguridad se volvió a apoderar de la esfera mediática. El “problema” de la inmigración se debía combatir por todos los medios. Nada más importaba. Los bárbaros estaban intentando derribar las puertas del Imperio.

Vuelven las criticadas devoluciones en caliente

España volvió a practicar la disuasión fronteriza y las devoluciones en caliente, de las que tanto se había abominado cuando no se tocaba poder. Una nueva Europa, nacionalista y populista, abogaba por convertir a Marruecos en otra Turquía. Por eso se regó de euros la monarquía Alauí, para que sus fuerzas policiales protagonizaran, como han hecho, una ofensiva radical contra los subsaharianos. Se llevan al Sur, para alejarlos del Mediterráneo, donde no constituyan amenaza para el estilo de vida europeo.

Una España despoblada puede acoger a más inmigrantes . Faltan voluntad política y moral

Hace unas semanas estuve en Tánger, visitando al obispo Santiago Agrelo. Tenía a más de treinta subsaharianos albergados en el recinto de la catedral, donde las fuerzas de seguridad marroquíes no entran a detenerlos, aunque no los puede cobijar más que en el atrio, ya que dejarlos pernoctar entre cuatro paredes podría suponer problemas con el consulado español. Le dan a aquella gente de comer como pueden. La situación es dramática, especialmente con el frío y la lluvia que acaban de llegar. La intemperie invernal en el norte de África se parece bastante a la de Madrid. Los vientos atlánticos no tienen piedad.

El desprecio por la vida, la dignidad y los derechos

En una de las conversaciones que tuve con monseñor Agrelo, me dijo, sin ápice de duda, que la política de inmigración del Gobierno Sánchez era exactamente igual a la de Mariano Rajoy. El mismo desprecio por la vida, por la dignidad y por los derechos de todos los hermanos africanos, me dijo.

Los titulares de esta semana confirman esa misma versión que el obispo me había dado a pie de frontera. Parece que el Gobierno ya no está tan decidido a derogar el fetiche de la ley mordaza. Ahora basta con enmendarla levemente, sin eliminar la posibilidad de las devoluciones en caliente, por ejemplo.

Pero ya nadie se acuerda de las antiguas promesas. La gente prefiere olvidar la incertidumbre y el vértigo al que nos aboca. Ya no importa la verdad, sino ese mejunje hecho de miedo y simulacro que algunos llaman posverdad. La realidad se atenúa en una fábula en la que las mentiras y las contradicciones se convierten en “hechos alternativos”. Lo cual hace que todo lo explicado anteriormente sea compatible con que los socialistas mejoren en las encuestas.

Imagen de portada: Llegada al puerto de Motril de inmigrantes de origen subsahariano rescatados por Salvamento Marítimo | AgenciaEFE
Escrito por

Periodista, escritor y profesor en la Universitat Abat Oliba CEU.

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