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El lenguaje políticamente correcto amenaza al Congreso de los Diputados y de las Diputadas

La coalición valenciana Compromís ha planteado una proposición no de ley para que la denominación del Congreso pierda la coletilla “de los Diputados”, por considerarla sexista. La moda del lenguaje políticamente correcto crea situaciones artificiales que generan dificultades sintácticas, de concordancia y hasta de comprensión. La verdadera paridad no reside en la forma, sino en el fondo.

Estimadas amigas y estimados amigos:lenguaje políticamente correcto

Cuando Corea del Norte amenaza a todo el planeta con su nutrida colección de artefactos nucleares, no habíamos reparado en que el verdadero peligro que nos acecha es el lenguaje. A poco que reflexionemos, a nadie se le escapa que nuestro idioma es un arma excluyente y opresiva que genera violencia y nos condena a una comunicación injusta. Si al final va a resultar que tenemos el enemigo en casa…

A esta sesuda conclusión ha llegado Compromís, que ha planteado una proposición no de ley para “integrar el lenguaje inclusivo en los trabajos del Congreso”. Por lo visto, no consideran adecuado que el nombre de este órgano constitucional porte la coletilla “de los Diputados”. ¿En qué lugar quedan las diputadas? Inconcebible.

La coalición valenciana no se muestra a favor del desdoblamiento “Congreso de los Diputados y de las Diputadas”. Y ello por una cuestión de economía lingüística, que hay que ahorrar. En su lugar, sugiere utilizar términos neutros, como “persona”, que es inofensivo y arropa a todos… y a todas.

¿Seguro? Pues yo no lo veo tan claro. No digo que la intención no sea buena, pero a ver si ahora que tenemos contentas a las diputadas se nos enfadan los diputados. No olvidemos que ellos pueden reivindicar que no son personas, sino personos

En cualquier caso, PP y Ciudadanos argumentan que es la Mesa y no la Comisión de Igualdad la que tiene que tomar una medida tan trascendental para nuestro futuro, por lo que se ha pospuesto la decisión. Y, dado que un paso en falso podría tener consecuencias terribles, quieren resolver el dilema con argumentos de peso, por lo que se ha encargado un informe jurídico para principios de 2018: año nuevo, lenguaje nuevo.

Como España no tiene problemas más graves y lo que nos sobra es el dinero, qué mejor que invertir el (costosísimo) tiempo de sus señorías y señoríos en discutir sobre el olor de las nubes.

Dos modas: reformar la Constitución y el lenguaje políticamente correcto

Podríamos tomar esta propuesta como una anécdota jocosa si no fuera porque la iniciativa de Compromís plantea de fondo un tema muy serio: modificar la Constitución para acoger la nueva denominación del Congreso.

Parece que reclamar la reforma de la Carta Magna por el primer pretexto descabellado que nos venga a la cabeza ‘es tendencia’, como dicen los esnobs. El momento tan delicado que vivimos, con la bravata independentista sobre nuestras espaldas, no parece el más idóneo para planteamientos extemporáneos. Seamos serios. La tan cacarareada reforma constitucional, si al final se lleva a término, tendrá que responder a motivos más juiciosos.

Y es que a este tipo de disparates conduce la moda del llamado “lenguaje políticamente correcto”, sustentado sobre razones puramente extralingüísticas, como la ideología de género o un feminismo mal entendido. La Academia de la Lengua estima que estos desdoblamientos son artificiosos e innecesarios. Aclara la RAE que “en los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto. La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad”.

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El afán de desdoblar a diestro y siniestro todas las palabras y todos los palabros en su forma masculina y femenina viene de lejos y ha tenido en el PSOE su principal apoyo. Carmen Romero, ex primera dama del presidente Felipe González, fue toda una visionaria cuando, en su etapa de diputada por Cádiz, arengó a las masas al grito de “jóvenes y jóvenas.

Su testigo fue recogido por Bibiana Aído cuando ostentaba la cartera de Igualdad en uno de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, que ya sabemos que siempre se rodeó de las mejores cabezas pensantes patrias. La ilustre política, que nos dejó muy buenos momentos, se dirigió a una comisión parlamentaria con el bello vocativo “miembros y miembras.

Esta machacona costumbre, de la que Pedro Sánchez es un apasionado fan, supone una inútil pérdida de tiempo y de energía. Además, esas repeticiones hasta el infinito generan dificultades sintácticas, de concordancia y hasta de comprensión.

El fascinante mundo de los epicenos

A aquellos partidarios y partidarias del lenguaje políticamente correcto a los que gusta tanto atentar contra nuestro idioma hay que aclararles que, en español, el género masculino engloba también el femenino. Asimismo, no está de más darles a conocer un concepto del que quizá nunca han oído hablar: el apasionante universo de los “epicenos”.

Esta es la definición que el Diccionario de la RAE ofrece del término “epiceno”: ‘Dicho de un nombre animado: Que, con un solo género gramatical, puede designar seres de uno y otro sexo’. A este grupo pertenecen vocablos como “persona”, “figura”, “criatura”, así como los sustantivos que designan muchas profesiones: “periodista”, “electricista”, “taxista”… ¿Se ofenden ustedes, caballeros, porque no se les considera periodistos, electricistos o taxistos?

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Así pues, identificar género y sexo es un craso error. Aunque la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres exige un lenguaje inclusivo y no sexista, parece que no nos damos cuenta de que la verdadera paridad no reside en la forma, sino en el fondo. Que lavar la cara al continente no da más lustre al contenido.

Todo ello sin olvidar que resulta ingenuo, y hasta utópico, confiar en que un cambio del lenguaje va a transformar la sociedad. Lo único que vamos a conseguir es contaminar nuestro idioma, perder la paciencia… y terminar viendo todo doble.

Imagen de portada: Detalle de la fachada del Congreso de los Diputados, que se suma a la moda del lenguaje políticamente correcto. | Pablo Casado
Escrito por

Licenciada en Derecho y diplomada en Ciencias Empresariales. Redactora de El Debate de Hoy.

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