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Que algo cambie para que nada cambie . La nueva/vieja filosofía política de Cuba

El activista de la oposición política cubana Hamell Santiago Hernández murió en la prisión del Combinado del Este de La Habana, por haberse mostrado abiertamente contra el régimen castrista. Que alguien muera torturado o desatendido en una cárcel en Cuba no es noticia.

Que alguien sea detenido por defender los derechos humanos tampoco. Pero que todo esto pase en una Cuba, cuya reciente apertura se aplaude a nivel internacional, sí debería ser noticia. Y, sin embargo, paradójicamente, no lo es. La razón es muy sencilla: lo que supuestamente cambia es la economía (como en China o Vietnam, cuyas economías se abrieron paulatinamente al capitalismo); lo que permanece es el régimen y sus burocracias.

Cuba sufre. Ha sufrido con Castro y sigue sufriendo tras su muerte. Los cubanos viven en una situación de miseria. Las cartillas de racionamiento permanecen. Los cubanos tienen problemas para alimentarse y también para obtener agua potable. El suministro de electricidad es precario y la famosa sanidad cubana no tiene medicamentos con los que atender a los pacientes.

La noticia de la muerte del opositor Hamell Santiago Maz Hernández es una prueba más de que el mundo vive de espaldas a muchas dictaduras, por un lado y, por otro, de que Cuba permanece bajo un estricto sistema político comunista

La economía se rige por un sistema dual: quien tiene dólares o euros puede cambiarlos por pesos convertibles (previo pago de un impuesto o gabela de un 13%, aproximadamente) con los que puede comprar productos. Quien no los tiene, tendrá que buscarlos, ya que, de lo contrario, tendrá los “cuc” que recibe por su salario, lo que implica percibir unos 20 euros al mes, es decir, el precio de un paquete de pañales. ¿Cómo conseguir entonces esos dólares o euros? Si no se tiene familia en el extranjero, la única forma, en muchas ocasiones, es acosar al turista extranjero. ¡Qué remedio queda! No hay cifras oficiales de lo que supone la entrada de dólares o euros en el país, pero este dinero es oxígeno puro para el régimen castrista.

Las reformas económicas aplicadas por Raúl Castro no funcionan. Es cierto que los cubanos pueden entrar ahora en los hoteles a tomar un refresco, pueden comprar un móvil o pueden obtener licencias para ejercer como autónomos diversas profesiones. Pero sus ingresos, legales, no les permiten pagar los impuestos, por lo que los cubanos siguen viviendo de la economía sumergida, o mejor dicho, siguen sobreviviendo al margen de la legalidad.

Cuba sufre. Ha sufrido con Castro y sigue sufriendo tras su muerte. Los cubanos viven en una situación de miseria. Las cartillas de racionamiento permanecen

Son escasas las inversiones extranjeras, es también pobre la producción agrícola y de alimentos, resulta ineficiente la empresa azucarera, a lo que se añade que ya no se recibe el petróleo gratis de Venezuela (que el gran amigo de Fidel, Hugo Chávez, regalaba magnánimamente) y el uso de dos monedas lastra la economía.

Montar una empresa en Cuba es complicado: entre sobornos, trámites y comisiones, se pierde tiempo y dinero. Igualmente, el régimen cubano no ofrece garantías jurídicas a los inversores. No se reconoce el derecho a la propiedad privada (aunque tímidamente se pueda arrendar, comprar o vender, en ciertas condiciones), tampoco hay un sistema tributario claro, las estructuras no funcionan, no hay crédito suficiente y prima el monopolio estatal de la producción. ¿Quién invierte así, no sabiendo que sucederá con el negocio, con las instalaciones en las que se ubica o incluso con el propio inversor?

La noticia de la muerte del opositor Hamell Santiago Maz Hernández es una prueba más de que el mundo vive de espaldas a muchas dictaduras, por un lado y, por otro, de que Cuba permanece bajo un estricto sistema político comunista

El gobierno, por tanto, en lo económico, no tiene voluntad de cambiar el sistema, sino solo de maquillarlo. ¿Y en lo político? En lo político, las reformas son nulas: la oposición no tiene espacio. Nunca lo tuvo… y tendrá que esperar para tenerlo. Pese a lo cual, movimientos como las Damas de Blanco, la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, el Movimiento Cristiano de Liberación (y su proyecto Varela), la Unión Patriótica de Cuba o bloggeros como Yoani Sánchez han aportado un poco de luz a la oscuridad en la que vive sumida Cuba.

La noticia de la muerte del opositor Hamell Santiago Maz Hernández y la pasmosa falta de notoriedad en los medios internacionales del suceso, es una prueba más de que el mundo vive de espaldas a muchas dictaduras, por un lado y, por otro, de que Cuba permanece bajo un estricto sistema político comunista (cuyo carácter es, además, irrevocable desde la reforma constitucional de 2002).

El poder político no plantea reforma alguna

La petrificación del sistema político, social y económico no ha evitado que, desde que Raúl Castro asumiera la presidencia de Cuba, en 2008, se hayan empezado a llevar a cabo una serie de políticas “reformistas”, como la apertura de la embajada norteamericana en Cuba o el inicio de las relaciones con Estados Unidos, pero las medidas adoptadas no abordan lo sustancial: la necesaria evolución del régimen, por una vía pacífica, en el marco de una transición democrática.

En este sentido, la revista católica “Palabra Nueva” (la publicación oficial del arzobispado de La Habana) le recordaba a Raúl Castro, en 2014, que, cuando algunos líderes del PCUS (el antiguo Partido Comunista de la Unión Soviética) se planteaban, en los años ochenta, “la necesidad de reformar la política económica y modernizar al país, se encontraron con el mismo dilema, pues los cambios económicos implicaban cambios políticos”.

Por desgracia, las noticias que nos llegan desde Cuba no apuntan precisamente a que los líderes cubanos estén planteándose una futura reforma interna del sistema que suponga cambios políticos, sino que se busca que algo cambie, para que nada cambie.

Foto de portada: Un recluso permanece en la puerta de su celda, en la prisión Combinado del Este, en La Habana (Cuba). Agencia EFE.
Escrito por

Vicedecana de la Facultad de Derecho de la USP CEU y Profesora titular de Ciencia Política. Doctora en Estudios Europeos por CEU Cardenal Herrera, máster en Ayuda Internacional Humanitaria por la Universidad de Deusto y experta en sistemas políticos comparados y procesos electorales.

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