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Juncker revela que todos llaman a la puerta de la UE para la firma de acuerdos comerciales

Durante su visita a Madrid, Jean-Claude Juncker defendió el multilateralismo y el comercio libre frente al proteccionismo de Donald Trump. El presidente de la Comisión Europea alertó sobre el nacionalismo, una tendencia que alimenta al populismo. 

Venía de Pekín y de Tokio, tras firmar el mayor acuerdo comercial de la historia de Europa, que representa un tercio del PIB Mundial. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, hacía escala en Madrid, camino de Washington, para intentar convencer a la Administración Trump de lo efímera que es la seducción de un unilateralismo temerario. “De buena gana me quedaba en Madrid”, dijo, al admitir que “siempre había creído, ingenuamente, que Estados Unidos y Europa eran hermanos”.

El presidente de la Comisión lograría en la Casa Blanca aplazar, siquiera por 120 días, el desastre de la guerra comercial con Estados Unidos. En noviembre, ya veremos, pero al menos el Diktat de Trump habrá de esperar tres meses.

Juncker impartía una lección conmemorativa en la Fundación Carlos de Amberes, presentado previamente por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y arropados ambos por ocho ministros y numerosos cargos y exdirigentes de las instituciones europeas.

Trump provoca el proteccionismo y la guerra fría comercial entre Estados Unidos y Europa

Tras firmar el acuerdo comercial con Japón, estar ya en proceso de ratificación el firmado con Canadá, relanzado el de Mercosur y en proceso de gestación el de Nueva Zelanda, Juncker reveló que “todos llaman a las puertas de la UE, convencidos de que la bondad del multilateralismo y el comercio libre nos preservarán de las amenazas del proteccionismo y de la guerra comercial mundial” [desencadenada por Trump].

Juncker elogió a España

No escatimó elogios hacia España, que, a pesar de haberse incorporado con un enorme retraso como Estado miembro de la Unión Europea, “se comportó desde el primer día como un verdadero miembro fundador, mientras que los seis Estados que la iniciaron [Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo] no siempre honran aquella distinción”.

Para el presidente del Ejecutivo Europeo, cuando se trata de lo esencial, España es uno de los países que hacen avanzar Europa, sea en el doloroso tema de la inmigración, en la profundización de la Unión Económica y Monetaria o en la defensa de un comercio abierto, cuestiones todas ellas que dividen actualmente a Europa y que la enfrentan a las nuevas presiones de los Estados Unidos de Donald Trump.

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Pero, lejos del pesimismo que permea a toda la Unión desde que el Reino Unido anunciara su salida, Juncker se esforzó en resaltar lo mucho conseguido y en marcha, pese a que “los europeos tienen el defecto de no disfrutar de sus propios éxitos”. Reivindicó que desde las últimas elecciones europeas se hayan creado diez millones de puestos de trabajo; se haya corregido un déficit presupuestario, que ha pasado del 6,1% de media al 0,7%, mientras que la deuda pública también se ha reducido considerablemente, y que, con una población activa de 238 millones de trabajadores, Europa haya batido su propio récord histórico de personas con empleo.

La dispersión solo conduce a la debilidad

Juncker abogó por un reforzamiento de la construcción europea en un momento en que son también “muchos los que nos quieren mal o anhelan destruirnos”, de modo que solo la unidad europea puede salvarnos de la debilidad y la irrelevancia que provoca la dispersión.

Europa es el continente más pequeño. La UE tiene apenas 5,5 millones de kilómetros cuadrados, cuando solo Rusia tiene 17,5 millones. A principios del siglo XX, Europa representaba el 20% de la humanidad; hoy es el 6% y, a finales de este siglo, tan solo será el 3%. Dentro de unos años, ni un solo miembro de la UE actual representará más del 1% de la población total. Tampoco habrá ni un solo miembro de la UE que lo sea a la vez del G-7, el grupo de las economías más desarrolladas del planeta.

Para desarrollar la fuerza de la Unión, se lanzó en 2014 el plan de inversiones conocido como Plan Juncker (“lo bautizaron así para que hubiera un responsable al que machacar, porque muchos pensaban que sería un fracaso”, ironizó). Ese Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas era de 315.000 millones de euros, ampliados después a 500.000 millones y ahora a 650.000 millones en las nuevas perspectivas económicas.

El infierno de los nacionalismos y el cuestionamiento de los valores

Con su intervención, Jean-Claude Juncker clausuraba también el XXX Seminario sobre Europa, que organiza anualmente la Asociación de Periodistas Europeos. En esta edición destacaron los debates sobre la vuelta al infierno de los nacionalismos y el alto precio que habrá que pagar por el cuestionamiento de los valores de la UE.

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Juncker convino en que el retorno de los nacionalismos es una tendencia peligrosa que alimenta a los populismos de todo signo. “Y los populismos, combinados con los nacionalismos, llevan a la ceguera y conducen a la guerra. Es así, siempre ha sido así y siempre será así. Y el noble deber, la ardiente obligación de Europa es enfrentarse a lo que no puede ser un proceso histórico duradero”.

Imagen de portada: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), junto al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker | La Moncloa
Escrito por

Periodista. Cofundador de Euronews y fundador y primer director del Canal 24 Horas de TVE.

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