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Juan Carlos, el asesor de Felipe . Un ejemplo de lealtad a España y compromiso democrático

La celebración de la última Pascua Militar sirvió para que de manera pública el Rey Felipe VI agradeciera a su padre, Juan Carlos I, su ejercicio de “lealtad a España y compromiso con la democracia”. Coincidiendo con su 80º aniversario, los monarcas eméritos tendrán mayor presencia pública durante este año 2018.

La abdicación no es ninguna anomalía en la tradición monárquica española. Abdicó Carlos V y se retiró a Yuste. Luego, ya con los Borbones, Felipe V, Carlos IV, Isabel II y Alfonso XIII. Y eso sin contar a Amadeo de Saboya. Por eso, la decisión de Juan Carlos I no solo no supuso ninguna novedad, sino que constató algo ya frecuente entre nuestros últimos soberanos.

Por otro lado, y aunque aquellas abdicaciones no suponían habitualmente un enfrentamiento con los sucesores, también era habitual que los dimisionarios abandonaran la Corte para evitar sombras y camarillas. Esa costumbre también sucedía en el resto de las monarquías europeas, hasta que los reyes dejaron de ser absolutos. Pero los tiempos –y no digamos nada las monarquías- no tienen nada que ver con lo que fueron en el pasado.

Sirvan estas primeras líneas para advertir de que el hecho de que don Juan Carlos haya seguido utilizando el título de Rey, el tratamiento de Majestad y viviendo en el Palacio de La Zarzuela tampoco es ninguna anomalía institucional. Sobre todo teniendo en cuenta que la norma sobre títulos y tratamientos que rige en la Casa del Rey es un disparate del que ya nos ocuparemos en otro momento. Lo de Rey padre o Reina madre ha quedado así suprimido y, por qué no decirlo, recuerda a otros tiempos y otras cortes. Tampoco el latiguillo de ‘eméritos’ ha hecho fortuna en el protocolo ‘zarzuelero’ pues, hasta el día de hoy, siguen figurando en las convocatorias que se envían a la prensa como “S.M. el Rey don Juan Carlos”, para distinguirlo de “Su Majestad el Rey” que, obviamente, es Felipe VI.

Las cuestiones de intendencia, que nunca son menores, tampoco han creado grandes problemas entre los últimos jefes del Estado. Juan Carlos I cedió el despacho a su hijo, así como el salón de audiencias. Y, con el tiempo, abrió un despacho más discreto en el Palacio Real, alejado de los controles de la Casa del Rey. Doña Sofía sigue ocupando sus habitaciones, vecinas a las de su hermana Irene de Grecia. Ahí han cambiado aún menos las cosas. Pero los meses pasan y la vida también. Y este 2018 don Juan Carlos acaba de cumplir 80 años y doña Sofía lo hará el 2 de noviembre. En 2017, a pesar de los achaques de salud del primero, han coincidido en 15 actos protocolarios, al margen de las reuniones y celebraciones familiares. No han sido muchos, pero tampoco pocos, aunque no hayan conseguido callar la ‘chismorrología’ sobre su relación. Es importante señalar que la presencia en determinados actos y eventos es decisión exclusiva de Felipe VI, motivo por el que a don Juan Carlos le ha correspondido representar a la Corona en las tomas de posesión de los presidentes iberoamericanos. Más mediática –aunque también más desconocida- ha sido la presencia de don Juan Carlos en otro tipo de eventos. En los últimos meses, lo hemos visto cenando en restaurantes de lujo con diferentes amigos o en alguna corrida de toros. No es mucho, la verdad. Pero la agenda de Zarzuela tampoco le ofrece otros retos. Bueno sería que eso cambiara.

La Transición no habría sido posible sin el Rey Juan Carlos, que no hizo lo que Franco quería

Pero, al margen de estas ‘apariciones’, don Juan Carlos hace otras cosas. Actividades que tienen mucho que ver con lo que se espera de un padre hacia su hijo: aconsejarle.

La abdicación de don Juan Carlos se produjo cuando, a pesar de sus esfuerzos, no consiguió cambiar la mala imagen que un viaje desafortunado –con accidente incluido- y un yerno en los tribunales habían provocado. Por eso, no es que hubiera que meter al anterior Rey en cuarentena, pero en los primeros meses de reinado, si alguien tenía que brillar, esos eran don Felipe y doña Letizia. Y así fue.

El mejor servicio de don Juan Carlos a su hijo

La crisis catalana ha sido otra cosa. Como cuenta Tarradellas en sus Memorias, se sintió muy sorprendido al regresar a España con la primera entrevista que mantuvo con don Juan Carlos. Le llamó la atención el conocimiento que tenía de personas concretas y de las actividades que la Generalitat había llevado a cabo durante sus largos años de exilio. Desde entonces, el anterior monarca mantuvo un trato directo con casi todos los líderes políticos y empresarios catalanes, tanto en sus viajes habituales como en sus despachos y audiencias en La Zarzuela. Ese conocimiento de la realidad catalana no lo podía desaprovechar Felipe VI y, por eso, uno de los mejores y más constantes asesores que ha tenido el Rey durante toda esta crisis ha sido precisamente su padre. Con él contrastó el tono que debía dar a su famosa intervención del 3 de octubre. Aquellos seis minutos de firme discurso, acompañado de gestos y maneras contundentes, y sin concesiones al diálogo, tuvieron el conocimiento de Moncloa, pero fueron elaborados por el equipo de la Casa con el asesoramiento de su padre.

Es este trabajo de asesoramiento –oculto, como tantas otras cosas- el mejor servicio que no solo un padre puede prestar a su hijo, sino un anterior soberano puede prestar a España y a los españoles.

Imagen de portada: Saludo del Rey Felipe VI a su padre, el Rey emérito, Juan Carlos I, durante la celebración de la Pascual Militar | Agencia EFE
Escrito por

Profesor de Periodismo Especializado en la USP CEU. Director de la revista "Ars". Contertulio en el programa "La Linterna" de la Cadena Cope.

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