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Irlanda del Norte frente al ‘brexit’. Existe el temor a que se reabran viejas heridas

El brexit está generando importantes problemas internos en el Reino Unido. Regiones como Irlanda del Norte no quieren perder los privilegios de pertenecer al bloque comunitario. Belfast teme que, si sale de la Unión, vuelva la inestabilidad política y social. 

La salida del Reino Unido de la Unión Europea, el ya conocido brexit, supone un nuevo quebradero de cabeza en Irlanda del Norte. Tras dos décadas de paz y tranquilidad, gracias al Acuerdo de Viernes Santo de 1998, reaparece el fantasma de la preferencia por ser ingleses o irlandeses.

Irlanda, como parte de la Unión Europea, seguirá disfrutando de las ventajas de un espacio de cooperación política y económica común. El Reino Unido sufrirá su salida, especialmente en el plano económico y social. E Irlanda del Norte queda en tierra de nadie. Formalmente debería ser arrastrada al brexit como el conjunto de regiones que conforman el Reino Unido (Inglaterra, Gales, Escocia o la Isla de Man), pero la Unión Europea y Dublín no tienen esto tan claro.

Europa mantiene la iniciativa negociadora del “brexit” gracias a su unidad frente a la ruptura

Desde 1998, Irlanda del Norte se ha convertido en un espacio de paz y prosperidad. Las tasas de desempleo han bajado, como consecuencia del aumento de las inversiones y de la llegada de los turistas. Donde antes había muros que separaban a la comunidad católica de la protestante, ahora hay turistas disparando sus cámaras fotográficas para traer un recuerdo del pasado. Belfast teme que esta prosperidad se acabe por el brexit. Los miedos del pasado, los recelos entre ambas comunidades y el declive económico podrían volver.

Católicos y protestantes conviven hoy mejor, aunque siguen separados. Más del 90% de los niños estudia en escuelas propias de cada comunidad, siendo poco habituales los colegios de integración. La sociedad norirlandesa está cambiando, pero muy lentamente, lo que implica que el tema del brexit no es un asunto baladí. En Westminster lo saben, pero la decisión se tomó por una ridícula mayoría en el referéndum celebrado, y ya no hay marcha atrás, salvo que se celebrara una nueva consulta (algo improbable a corto plazo).

La sombra de la “unificación”

El futuro de Irlanda del Norte es, en este sentido, incierto. El Reino Unido parece estar demasiado ocupado negociando las condiciones del brexit con la Unión Europea y da la sensación de que presta poca atención a la cuestión norirlandesa. Ello sería un grave, gravísimo, error. La paz se construye tras esfuerzos generacionales. En estos veinte años la situación ha mejorado, pero la sociedad sigue dividida: los norirlandeses no conviven en los mismos barrios, católicos y protestantes, se respetan pero no se mezclan. Aprovechando esta coyuntura, el Gobierno irlandés ha reavivado el debate sobre una hipotética reunificación. La doble nacionalidad irlandesa y británica y la cooperación transfronteriza fueron parte esencial de la cicatrización de las heridas. Unas heridas que el brexit vuelve a abrir, al reaparecer la palabra “unificación” en la agenda política y la agenda de los ciudadanos. El tiempo dirá cómo se resuelve la cuestión.

Imagen de portada: Palacio de Stormont, sede de la Asamblea de Irlanda del Norte.
Escrito por

Vicedecana de la Facultad de Derecho de la USP CEU y Profesora titular de Ciencia Política. Doctora en Estudios Europeos por CEU Cardenal Herrera, máster en Ayuda Internacional Humanitaria por la Universidad de Deusto y experta en sistemas políticos comparados y procesos electorales.

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